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Deuda de Sangre-Capítulo 4

Lo que una persona normal no esperaría al llegar hecho mierda a su piso es encontrarse con la puerta forzada y un total desconocido esperando su llegada…He dicho una persona normal. Pero yo no me definiría como tal.

-¿Quién cojones eres tú?-le pregunto al hombre sentado en la silla de mi despacho, mientras acerco lentamente mi mano al bolsillo, en busca de la pistola-garfio.

-Me han llamado por muchos nombres: “monstruo”, “asesino”, “criminal”-comenta el hombre del traje negro mientras se acaricia la perilla. Pero tu puedes llamarme por mi verdadero nombre: Fujimoto. Tras ponunciar estas palabras, da un trago del whisky que se había agenciado de mi nevera.

-Me suena ese nombre…

-Claro que te suena. ¡Deberías recordar el nombre del hombre al que condenaste a muerte!-en ese preciso instante, lanza el vaso de whisky vacío contra la pared.

-¡Yo no he matado a nadie!

-Los dos sabemos que eso no es cierto…Jim. No me sorprende que sepa mi verdadero nombre; después de todo, ha sido capaz de encontrar mi piso: un puñetero antro, perdido de la mano de Dios y en medio de este estercolero de ciudad. Sea quien sea este tipo, está claro que tiene recursos. Y mucho tiempo libre…

-James Jenkins Wilson- se levanta de mi silla. Era tan obvio: mujer que muere atropellada por un conductor borracho, hijo asesinado en ajuste de cuentas, dos expedientes por comportamiento brutal con detenidos y expulsado del cuerpo de policía por desobedecer órdenes directas del “honrado” comisario.

-Veo que me tienes estudiado, ¿Debería sentirme acosado? Esa obsesión que tienes conmigo no sé yo si es muy sana.

-Y luego está eso: tu humor. Un humor ácido y sarcástico. ¿Qué es? ¿Un mecanismo de defensa? ¿Lo haces para compensar que no tienes poderes? ¿Solo eres un colgado enmascarado?-veo que saca un estuche y lo pone encima de la mesa. Es una katana; comprueba el filo de la hoja mientras habla conmigo. Me atrevería a decir que es una “Hattori Hanzo”, pero las espadas nunca fueron  mi fuerte.

-Bien tipo siniestro, ¿Has terminado con el interrogatorio? -le señalo mi mesa. Solo quiero tumbarme sobre mi mesa de escritorio y beber hasta perder el conocimiento. El japonés con traje de ejecutivo me ignora. Se queda de espaldas y contempla las vistas desde mi despacho, con las manos hacia atrás. Justo cuando pensaba hablar, el muy mamón abre la boca:

-Veo que la pelea con Voltium te ha dejado molido-¡¿Cómo coño lo sabe?! Espera un segundo; será cabrón…

-¿Has sido tú?

-Correcto-se da la vuelta y vuelve a hablarme cara a cara. También soy el responsable de lo del chico telépata, por si ibas a preguntarlo-guarda la espada en su funda, con una velocidad pasmosa y sin hacer ni un  jodido ruido. Siento que se está conteniendo; espera a algo. ¿Quizás a que lo ataque? ¿Tendrá ese sentido del honor? Da igual; lo importante de este cabrón es que no se anda con tonterías: se cuela en mi casa, me saca cosas del pasado, intenta matarme (2 veces) y encima tiene los santos cojones de decírmelo. Parece un tipo peligroso, pero yo también lo soy. Ya se me ha agotado la poca paciencia que me quedaba esta noche: saco el garfio y le apunto, directamente.

-¿Por qué mandastes a esos dos zumbados a por mí? ¿Y por qué me acusas de haber matado a alguien?

-Todo a su debido tiempo, amigo mío-dice entre risas. Y yo si fuera tú, vigilaría más mi alrededor. ¡”IMA”!

Chasquea los dedos y dice “AHORA” en japonés. Pero a qué se refiere con mi…Mierda, algo golpea mi mano y me hace soltar la pistola-garfio. Me agacho para cogerla, pero alguien me golpea por la espalda. Me dan tal hostia que caigo al suelo y pierdo el conocimiento durante unos segundos. Cuando despierto y alzo la vista, el tal Fujimoto está sentado encima de la mesa de mi despacho, con los brazos cruzados y una actitud expectante. A su alrededor, veo algo que en un principio me cuesta creer: ninjas. Ninjas uniformados de negro, con sus katanas, shurikens y todo. Este trabajo es cada día más extraño…

-¿Ninjas? ¿En serio? ¡No me jodas!

-No te preocupes, no te “joderán” hasta que yo lo ordene. Te presento al Clan de la Serpiente Alada. Yo soy su lider,  “Kobra Katana”. Pero insisto en que me llames por mi nombre real: Katsu Fujimoto.

En ese instante caigo por qué me suena su apellido: “Fujimoto”…

-Tú tuviste el placer de conocer a mi hermano, Kenji. ¿Me equivoco?-ante su pregunta, prefiero guardar silencio. No quiero recordar lo que le pasó.

-¡Responde!- me grita uno de los ninjas mientras me patea agresivamente. Al verme rodeado de katanas, nunchakus y demás parafernalia japonesa, me veo obligado a  contestar.

-Sí, Kenji Fujimoto. Alias “Viper”. Un ladrón de arte y joyas. Luchamos en un par de ocasiones…

-Supongo que estarás al tanto de lo que le ocurrió hace un año-se agacha y pide una cadena a uno de sus hombres. La echa alrededor de mi cuello, lentamente (¡Qué fría está, joder!) . Me mira a los ojos directamente y comienza a tirar de la cadena. Poco a poco, siento cómo me asfixio.

-¡Responde!-me ordena otro ninja mientras repite la misma acción que su “gracioso” compañero.

Ante el estrangulamiento, el aluvión de patadas que me cae encima y los cortes que me hacen con sus armas por todo el cuerpo, no tengo más remedio que confesar (finalmente).

-¡Vale joder, vale!- Fujimoto, inmediatamente, ve la verdad en mis ojos y suelta la cadena. Los secuaces hacen caso omiso a su jefe y dejan de vapulearme.

-Hace un año, atrapé a Viper en un museo de arte. Pero esta vez, era muy distinto de las otras ocasiones en las que habíamos chocado-me fijo en la mirada de Katsu. Parece estar en trance, con cierta suspensión de la incredulidad respecto a lo que voy a decir a continuación…  Esta vez, había asesinado a dos guardias jurados. Era raro, su modus operandi siempre había indicado que era un ladrón de “guante blanco”. En aquel momento, no entendía aquello. Pero el propio Kenji me contó la verdad.

Se había endeudado con unos mafiosos y tenía que pagarles. Los gángsters le dieron un arma: un revólver. Él pensaba que nunca usaría algo así, porque entraría a robar cuando el museo estuviese vacío. Se equivocó. Dos seguratas. Estaba muy nervioso, no solían pillarle en medio del robo, y menos dos personas normal y corrientes. Sacó el arma con la idea de asustarlos, le tembló el pulso y ante el miedo a que le dispararan, él lo hizo primero…Lo arresté y lo entregué a los chicos de azul. En el juicio, el jurado popular estaba totalmente dividido: una mitad pedía 25 años entre rejas; la otra parte quería la silla eléctrica. Hubo un voto que desequilibró la balanza: el mío. Por aquel entonces, todavía no me habían echado oficialmente del cuerpo (oh no, para eso quedaban todavía dos semanas). Opté porque cumpliera la condena en prisión; no me vi capaz de ejecutarlo sabiendo la amarga y oscura verdad que nadie más jamás conocería… Sin embargo, no llegó a cumplir ni dos años. Un día, en las duchas de la propia cárcel, 3 sicarios que cumplían condena y que trabajaban para sus acreedores se le acercaron. Lo acuchillaron allí mismo, hasta un total de 27 veces… Y así fue cómo murió: asesinado por unas deudas de juego.

-¡NO! ¡Tú lo asesinaste!-veo la ira llameante en los ojos de Katsu Fujimoto.

-No, yo no…

-¡Fuiste el responsable indirecto!- desenfunda su Hattori Hanzo y acerca la punta a mi cuello. Vuelvo a mirarle a los ojos: estaba vez noto frustración y sufrimiento.

-¡Yo no sabía que lo matarían en prisión! Precisamente, llevo cargando con su muerte todo este tiempo…

-¡Podías haberlo dejado marchar!-la punta se clava ligeramente en mi cuello. Poco a poco, noto más la punzada. ¿Y esa mierda porque no se la contaste a la policía?

-¿¡Crees que hubieran creído a un tipo con antifaz?! ¡¿A un justiciero?! Era mi palabra contra la de medio jurado y toda la audiencia-Katsu deja de presionar con la punta de la espada (pero me ha dejado la marca de la hoja).

-Las excusas no implican inocencia. Tú lo mataste con aquella condena. Ya me encargué de aquellos salvajes, en cuanto tuve la oportunidad. Lo único que queda de aquel incidente eres tú, Jim.

-Yo nunca había matado a nadie, ni en mi carrera como policía ni cuando decidí empezar con esta locura. Aquello me marcó hasta tal punto que a veces sueño con ello…Me sincero con él por una razón muy sencilla: al mirarlo, me he visto a mí mismo. Sé perfectamente por lo que está pasando este tipo. Cuando mi mujer murió, esa mezcla de rabia, confusión y venganza también se reflejaba en mis ojos. Cuando ocurrió lo de mi hijo, sucedió exactamente lo mismo. En el fondo, solo somos dos pobres diablos que buscamos llenar el vacío que ha quedado en nuestras vidas. Yo, con la búsqueda de justicia y adrenalina. Él, directamente, busca venganza. Ambos nos tomamos la justicia por nuestra propia mano. En el fondo, no somos tan distintos. Pero eso él nunca lo sabrá…Continúo hablando, porque parece haberse calmado (al menos, de momento):

-Solo me arrepiento de dos muertes desde que comencé con todo esto: una es la de tu hermano, de la cual puedes culparme si así lo deseas. Y de la otra, yo mismo puedo decir que soy el responsable directo.

-¿Quién?

-Ya lo sabes: tu chico telépata. Hace ya una semana. Pero no termino de explicarme cómo le disparé, pensaba que me había desecho de todas mis armas desde lo de… De repente, la  descontrolada y maliciosa risa de Katsu interrumpe mi confesión en voz alta. Sus hombres tratan de seguirle la gracia.

-¿De qué te ríes?

-Me temo que tienes un grave problema de observación. El chico telépata está vivo. Por cierto, se llama George. El bueno de George…Anda, sal Georgie-uno de los ninjas se pone justo delante de mí, se agacha y se quita la máscara: IMPOSIBLE. ¡Es él!

-Pero cómo cojones…

-Un pequeño truquito mental-el tal George me guiña el ojo. Es lo que tenemos los telépatas.

-Pero yo disparé a alguien…Lo sé, porque recuerdo tirar el arma descargada al río.

-Sí, correcto-dice el chaval con una perturbadora sonrisa-“Mamá y papá”. “Sus cabezas reventaron  como melones”

-¿CÓMO?-no me jodas. Imbécil, imbécil, imbécil…Te lavaron el cerebro, gilipollas. Cómo no pude verlo venir…Han estado jugando contigo todo este tiempo, capullo.

-Efectivamente-comenta Fujimoto mientras enfunda su katana. Tú destruiste a mi hermano, al condenarlo en aquel agujero. Él ya había deshonrado a nuestro clan cuando decidió abandonarnos para buscar fortuna. Pero eso no quita que fuera familia- se da la vuelta y vuelve a contemplar la noche lluviosa desde la ventana de mi despacho. Verás, Jimmy. Creo que esto lo entenderás mejor que nadie: la sangre es la sangre. Y una deuda de sangre, solo se salda de un modo…

-¡Con más sangre!- le interrumpe George. Fujimoto se gira hacia el telépata y lo mira fíjamente. Su repentina intervención no tiene pinta de haberle gustado.

-Gracias por tu aportación, amigo mío. Pero tu molesto comentario me ha recordado una cosa: ¿Para qué te necesitamos  ya? Has cumplido con tu cometido, como todo buena herramienta-veo que Fujimoto se agacha disimuladamente y coge algo del suelo, pero no sé exactamente el qué.

-¡Ni se te ocurra! ¡¿Crees que no llevo rato pensándolo?! ¡¿Crees que no llevo rato comprobando  tus pensamientos?! Sé perfectamente que vas a dar la orden a tus chicos. La orden de que me maten. No importa, no me hacéis falta ninguna-lo cierto es que, con todo lo tarado y psicótico que está este chaval, en el fondo me da pena.

-¡¿Que no te hacemos falta?!-Fujimoto está fuera de sí. ¿Quién acudió a mí y al clan para que le solucionáramos su “problemita familiar”? ¡¿Quién te acogió como a un hijo, niñato desagradecido?!

-Ja, dices que tú me has usado, pero creo que ha sido al revés. Soy más poderoso que todos vosotros, capullos en pijama. Cuando yo quiera, puedo ordenaros que os matéis entre vosotros. Es más… Fujimoto se acerca cada vez más a él.

-¿De verdad vas a poner en peligro mi operación de expansión de negocios, y lo que es más importante, MI JODIDA VENGANZA por una estúpida rabieta de adolescente?

-Claro que sí. Es más, lo voy a hacer. Estoy harto de que se me menosprecie. ¡Tú da la orden a tus chicos, que yo les mando que se hagan el ara-kiri ahora mismo!-los ojos de loco de Georgie son como puñales que atraviesan el alma.

-Eres tremendamente listo, George-masculla el japonés mientras se ajusta su corbata negra. Pero, has pasado por alto un detalle…

-¿Cuál?

-¿Has pensado que mis pensamientos pueden mentir, chico listo?

-¿Espera, qué…?-No termina la frase: el garfio de mi pistola sale despedido y atraviesa su cabeza. Ese cabrón traicionero de Katsu…

-Hablabas demasiado, chico-disipa el humo que sale del cañón con un soplo y desengancha el cable que sale de la pistola. Bueno, ¿Qué se siente al haber matado a una familia de tres, Jim?-ahora vuelve a mirarme a mí, mientras sus hombres recolocan el cadáver del joven Georgie. Esto es lo último. Ya no puedo contenerme más: me ha hecho cargar con algo horrible todo este tiempo. Creía que había matado a ese chico. Y ahora descubro que no, pero que igualmente, me utilizaron para matar a sus padres. Cojonudo, Jim: manipulado y acusado de asesinato…

-HIJO DE PUTA. ASESINO. MENTIROSO DE MIERDA-prácticamente, me falta escupir fuego por la boca. Mis comentarios parecen no gustarle a sus muchachos. ¿Qué cómo lo se? La somanta de palos que recibo a continuación quizás sea un pequeño indicativo…Fujimoto alza su mano izquierda, cubierta por un guante negro y ordena que paren con un gesto severo.

-Tranquilo Jimmy, esta cadena de muertes no te pesará por mucho más tiempo. Tarde o temprano, la policía te atrapará. Al fin y al cabo, eres responsable de TRES asesinatos. Cuatro, si contamos al pobre Kenji-se agacha y me agarra la cara con su gélida mano de cuero negro. Y  en el caso de que esos lerdos con placa y pistola no te atrapen, descuida…Aprieta cada vez más, como si desprendiera todo el odio que tiene dentro.

-…Porque, la próxima vez, no pienso mandar a un montón de colgados con poderes a por ti. La próxima vez, seré yo mismo quien tendrá el honor de arrancarte la cabeza y colgarla en mi pared-me arrea una hostia con toda la mano abierta (quizás, de todos los palos que me han llovido esta noche, este es el que más me ha dolido.)

-Maese, debemos marcharnos, se oyen las sirenas de la policía-comenta uno de sus lacayos mientras se arrodilla ante él.

-Oh cierto, casi se me olvidaba, tienes una cita con el destino. El mismo que tuvo mi hermano-se levanta y hace un gesto a sus hombres, que lanzan bombas de humo y se desvanecen como éste.

-Si sobrevives a esto y no te atrapan, te daré caza como el sucio perro que eres. Sabrás cuando llegará el momento. Ya puedo ver los titulares: “Ex-policía sociópata encarcelado por homicidio múltiple”- Fujimoto lanza una bomba de humo y desaparece, pero su siniestra risa sigue presente en el ambiente durante unos cuantos segundos más.

Por un instante, el silencio vaga por mi piso cual espíritu errante, igual que mis pensamientos. Ahora sé que no maté a George, pero sí que disparé a sus padres. No fue obra mía realmente: pasaron mi cerebro por la batidora. Pero, ¿El control mental es realmente una excusa? Consciente o no, YO apreté el gatillo. Y tengo que acarrear con eso hasta sus últimas consecuencias. ¿Quizás la verdadera culpable de todo sea mi loca cruzada personal? ¿Lydia y Tim querrían esto para mí? Quizás debería entregarme una vez que acabe esto. Pero antes debo frenar a Fujimoto. ¿Quién me dice a mí que esos ninjas no se instalarán aquí (en esta ciudad) una vez me eliminen de la ecuación? Tengo que acabar con el Clan de la Serpiente Alada, son demasiado peligrosos. Una vez los detenga, frenaré al mayor de todos los peligros: yo mismo. Pero, dejemos el jodido futuro. Ahora tengo que salir de aquí…

Mierda, ya oigo las sirenas de la pasma. Joder, levántate Jim. ¡Levántate, maldita sea!

No puedo. Las piernas; me las han dejado para el arrastre. Están llenas de cortes y cardenales. ¿Qué coño haces ahora, tío listo? A mi cerebro machacado por años de alcoholismo solo se le ocurre una opción…Cojo el teléfono móvil, con la pantalla reventada y un  3 % de batería, y llamo a mi única esperanza.

-¿Jillian? Soy yo Jim, necesito que me hagas un pequeño favor…

 

 

 

 

 

 

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