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Lo que quise ser

Llámalo inspiración si quieres, pero hace tiempo que solo necesito mirar la luna para que mi mano se vuelva frenética contra el papel. Hoy, además, a la luna le acompaña tu recuerdo. Lo que sería infinitamente más fácil de llevar si mi camiseta no tuviera aún tu olor impregnado. Lavarla sería lo más inteligente, pero me reconforta saber que, en algún momento, tu brazo abrigó mi hombro haciéndome infinita por un instante. Por ello, en lugar de gastar su tela, he decidido etiquetarla como mi nueva prenda favorita.

Y es que, para más inri, mis manos han vuelto a acostarse manchadas de grafito de nuestro dibujo bajo la almohada.

Resulta que, pese a todo (el tiempo, las mareas, las lunas, el viento…), me encuentro reciclando este corazón de vidrio. Me he cortado pegando los pedazos por no haber tenido el valor de cortarme poniéndome en mi sitio.

Lo que me lleva a plantear lo realmente estúpido que es el ser humano, empeñado en perderse aun ignorando las señales de prohibido el paso, o esa tan peculiar (quizá cuando te saques el carnet te acuerdes de esto) que indica los callejones sin salida. Estas en realidad se inventaron en un fallido intento de salir de esa espiral donde el efecto de nuestras acciones siempre nos vuelve a encontrar para recordarnos la condena. No me cabe duda de cuál es la mía, y, aunque me pese, sé que las leyendas versarán sobre tus labios sin importar más lengua que la tuya.

Hace mucho que te cuelas en mis sueños. Más aún del tiempo que pueda recordar. Lo cierto es, que ni en mis mejores noches, llegué a imaginar realmente lo que sería vivirla juntos. Mi desgracia es que ahora lo sé, y me gusta tanto dormir contigo que cuando no lo hago sueño con despertar a tu lado.

Sin embargo, y aunque me ahogue en mi misma, no dejaré de recordar que tu brazo fue mi mejor almohada, que tus promesas nunca tienen fecha de caducidad, y que, incluso a tu temprana edad, siempre te vi como el mejor padre del mundo.

Llámame loca, absurda, mimada o consentida. Pero llámame. Contémplame siempre como tu posibilidad más certera. No quiero fingir que somos lo que no somos, ni prometerte que algún día volveremos a serlo, solo quiero ser agua por si cae la breva de que deseas beberme aunque sea breve.

Quise ser mucho. Demasiado. Quise ser un grupo de amigas concentradas en una sola mujer: la de tus sueños. Pero nadie abarca tanto, y en cierta parte, incluso lo entiendo.

Las frases que se encuentran en cursiva pertenecen al libro de David Martínez Álvarez (Rayden), titulado Terminamos y otros poemas sin terminar.

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