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Sevilla. / María del Mar Agüera
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Si te volviera a conocer

Si te volviera a conocer, probablemente volvería a hacer auto-stop en el hueco de tu clavícula hasta que me convirtiera en desierto y tuviera que hacer turismo por cada recoveco de tu piel hasta perder el conocimiento por hambre y por sed. Volvería a levantar un muro de Berlín hecho de rosas resecas con las que matar el tiempo, los meses de sequía de lágrimas de mariposa, en el que te encerraría hasta verte de nuevo.

Si te volviera a conocer, volvería a dejarte escapar solo para ver si vuelves cabizbajo, con la cara llena de ojeras y los zapatos salpicados de ramas partidas del sendero más sucio y bello del condado. Volvería a llenarte la cabeza de pájaros para verte volar fuerte y gris, como la tormenta de arena más imprevisible que podía escocerme los ojos pero que, aún así, no puedes dejar de mirar porque hipnotiza más que el brillo de una estrella.

Probablemente volvería a mentirme si te volviera a conocer, volvería a llenarme de palabras sin sentido que no me atrevería a leerte, no vaya a ser que vaya yo muy en serio; no vayas tú a no quererme bien. Volvería a quemarme con tu frío invierno, a combatir en primera fila desnuda con esos guerreros que te quitan el sueño, a rasparme las rodillas cayendo por ti. Volvería a querer volver a tus marismas, a atrapar tus quejidos sin que rozasen el suelo aunque me partiesen como ninguno, a correr descalzos entre puñales.

Qué sabrán los hoyuelos de las mejillas de ese chico de lo que puede llegar a morder una sonrisa en el alma inquieta de un poeta. No tienen ni idea esos lunares asimétricos de lo que es caerse pieza a pieza por el precipicio que se abre desde su nuca hasta sus caderas. De veras, pueden contarle mis fantasmas que no hay mayor insomnio que el soñar de día con que caiga el minutero y raje un portal para llegar puntual a tocar sus muslos cuando amanece. Si te volviera a conocer no podría yo olvidar cómo en el momento en el cual parpadeas provocas esa magia que genera mareas en mis manos y aprieta un nudo tan retorcido en la garganta que atrévanse, marineros, a desatar.

Si te volviera a conocer, volvería a dibujar el sonido de tus lágrimas arremolinándose en la orilla del mar y refugiándose en una caracola. Volvería a inventar las canciones de amor más tristes del mundo para no cantárselas jamás a nadie. Las enroscaría en un trozo de tela y las cosería a los bordes de mi cama para no volver a mirar esos huecos que se marcan en tu cara cuando ríes, sin tener miedo. Suspiraría mirando hacia otro lado mientras arranco margaritas de un jardín que ha comenzado a florecer, de esas en las que solo ponen “no me quiere”.

Porque dime, ¿si me volvieras a conocer, volverías? Y cómo lo iba a saber si esta es una de esas veces en las que me he llenado de palabras sin sentido que no me atrevería a leerte. Que no te leeré. Que no leerás. No vaya a ser que sea yo la que llore, y no haya nadie que dibuje, invente, suspire, ni que me convierta en poesía.

Foto: María del Mar Agüera

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