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Un viernes como otro cualquiera (Parte 1)

Viernes por la noche. Todos los niñatos se van de fiesta, desesperados por aparearse como babuinos en celo. En este tipo de noches, la policía anda más pendiente de los capullos ebrios que cogen el coche que de cualquier otra cosa. Esta noche he detenido a dos carteristas y he disparado a un violador en la entrepierna, como en Robocop. De momento, está siendo una noche tranquila…

Sin embargo, no termino de olvidar lo del crío telépata de la pasada noche. Sigo planteándome cómo podía haberlo solucionado sin tener que usar la violencia, pero ni una puñetera idea me viene a la mente. Lo único que ha conseguido darme tanta reflexión son quebraderos de cabeza. Sigo bebiendo cada vez que pestañeo y encima, gracias a aquel incidente, he vuelto a fumar. Cojonudo…

Por suerte para mí, esta noche tengo un entretenimiento de primera categoría en los muelles: una venta de armas. Por lo visto, El Herrero va a cerrar su mayor trato hasta fecha. ¿Mi único problema? No sé ni qué va a vender ni en qué parte exacta del muelle. También me gustaría saber quién es su comprador. Por suerte, sé de alguien que lo sabe. Por saberlo, ese capullo lo sabe todo…

Johnny “La Rata” Malone. Un matón menor. Antes solía trabajar como ayudante para numerosos supervillanos. El tío llevaba hasta un disfraz de rata gigante (de ahí su mote). La verdad es que daba gusto zurrar a aquel tipejo, el muy mamón sabía encajar los golpes. Curiosamente, decidió colgar las mallas y montó su propio tinglado. Usa de tapadera un local  llamado “La Ratonera”(sí, el tío no es demasiado original). Es gracioso: acabó trabajando para tantos supervillanos que, pese a haber cortado lazos, aún recuerda el modus operandi de muchos de ellos. Por eso la policía aún permite su negocio: es su soplón particular.  De cualquier negocio sucio (ya sea entre mafias o psicópatas en leotardos) La Rata está al tanto. Por el precio adecuado, te pone al día del mundillo criminal de la ciudad. Pero yo no pienso pagarle un duro…

Llego a La Ratonera. El hortera y brillante cartel de neón me deja ciego por unos segundos. El recibimiento es el habitual: el gorila de la puerta me pregunta que quién coño soy y que qué hago allí. Me callo. El tío se pone nervioso y saca el arma (le debe intimidar un tío con gabardina y antifaz). Ante la amenaza, me agacho y finjo que me estoy atando los cordones. En ese momento, le doy un buen golpe en “el centro de gravedad” y acabo teniéndolo de rodillas y gritando.Un buen puñetazo en la cara y sus insufribles quejas paran en seco. Manda pelotas; siempre que vengo a este antro me pasa lo mismo. Y además, siempre da la casualidad de que hay un nuevo segurata. Espero que, al menos, La Rata tenga un buen seguro médico para estos tipos.

Entro en el local. He de reconocer (una vez dentro) que entiendo el éxito del puñetero lugar: hay mesas de billar, dardos, una bodega enorme y que salta a la vista, buen ambiente…Joder, si está sonando hasta Phil Collins. Concretamente, “Another Day in Paradise”. En mis tiempos mozos, hubiera sido el primer palurdo en desperdiciar los fines de semana aquí. Entre tanto veinteañero juerguista y cachondo y cincuentones tirados por la barra, localizo a La Rata al fondo de la sala. Está en la gran mesa, sentado entre dos pobres chicas a las que trata de meterles mano. Qué asco me dan los babosos…

Conforme trato de acercarme, dos guardaespaldas trajeados me paran.

-Eh, eh, eh…Sin pase VIP no puedes estar aquí- dice uno mientras me pone la mano en el hombro y me cachea.

-Capullo, la fiesta de carnaval fue hace un mes. Quítate eso ahora si quieres seguir aquí dentro-me comenta el otro en un tono jocoso.

-Ah, sí…El pase VIP…Espera, espera…Creo que lo tengo justo…¡Aquí!-le meto tal puñetazo al guardaespaldas fisgón que sus gafas de sol saltan por los aires. El chistoso reacciona y trata de dispararme. Yo cojo a su compañero atontado y lo uso como escudo. Después de 5 disparos fallidos, que ahuyentan a la clientela y solo impactan en madera y botellas de cristal, una sexta bala atraviesa el pie de su camarada. Mientras este se retuerce de dolor en el suelo y el otro trata de recargar, yo cojo el arma del herido, le quito el cargador y grito:

-¡Creo que esto te hace falta, mamón!-justo entonces lanzo el cargador, que impacta en la enorme frente del matón chistoso. Eso me da el tiempo suficiente como para aproximarme a él, desarmarlo, golpearle en el estómago y lanzarlo por encima de la barra.

Veo a las dos chicas huir despavoridas, con los tacones en la mano. La Rata intenta escabullirse entre todo el follón, pero a mí no se me escapa nada…Cuando intenta huir por la puerta del servicio, desenfundo mi Walther y disparo justo al lado de la puerta. Consigo captar su atención, y con las manos levantadas, se da la vuelta y me recibe:

-Oh vaya, ¿ A qué debo este “placer”, señor justiciero?- pregunta en un tono de voz monótono y condescendiente.

-Ya sabes por qué vengo, Rata. Lo de siempre-le respondo mientras le indico que se siente justo enfrente mía.

-¿Información? Siento quitarte la ilusión, pero me he reformado- comenta con cierto orgullo mientras se ajusta la corbata y se acomoda en el sofá de cuero. Yo le apunto en todo momento: no me fío de las alimañas como él, y menos cuando fingen ser civilizadas.

– Venga ya, Malone. Corta el rollo. Hemos pasado demasiadas veces por esta mierda ya…

-No, te lo juro. Estoy limpio-por un momento, me paro a analizar su gran napia y observo que tiene una especie de polvo blanco alrededor del tabique.

-¿Y ese polvillo?

-Oh-comenta mientras saca un pañuelo de seda y se limpia la nariz- Estaba en la cocina, y emm, bueno…Me ha saltado harina en la cara mientras el cocinero preparaba el flan …

-Los flanes no llevan harina, Malone.

-Los de mi madre sí-mira a ambos lados, como si esperara a que alguien apareciera. Yo también lo hago, y ante mi segundo de distracción, él coge un cuchillo de la mesa. Por suerte (o más bien, por desgracia para él), a mi ojo no se le escapa nada. Lo agarro de la muñeca justo cuando tengo la punta del cuchillo rozando mi garganta.

-No, no, Rata. Una persona civilizada y reformada no intenta apuñalar a otra mientras no mira -le retuerzo la muñeca hasta que suplica y suelta el arma blanca. Comienza a lamentarse y a decir todos los tacos que se le ocurren. Con una velocidad pasmosa, cojo un tenedor y se lo clavo en la otra mano. Ahora sí que grita a pleno pulmón…

-¡Agh, cabrón! ¡Malnacido! Hijo de …

-Eh, no metamos a las madres en esto, Malone. Sólo quiero que me digas en qué parte de los muelles se reúne El Herrero con su comprador esta noche. La reacción de “La Rata” Malone no es la que esperaba: el puto colgado comienza a reír mientras tiene un cubierto atravesándole la jodida mano.

-¡Jajajaja! ¡Estás jodido, amigo mío! Jajajaja…

-¿Qué coño dices, Rata?-lo agarro de la corbata con tanta fuerza que podría estrangularlo fácilmente.

-Te la han jugado imbécil. El Herrero lleva muerto 2 meses. Lo mataron en prisión por unas deudas de juego.

-¿Y cómo coño es que no me he enterado?-empiezo a apretar la corbata.

-Porque la prisión donde lo mataron está perdida de la mano de Dios. Ni la puta prensa lo sabe todavía. Pensaba vender la exclusiva cuando empezara a flojear de pasta…

-¿Entonces lo de los muelles?

-Un bulo. Alguien le interesaba que estuvieras aquí esta noche. Alguien sabía que acudirías a mí-el sudor comienza a recorrer su frente.

-¿No tendrás tú nada que ver con esto, verdad Rata?

-Je-dice con un tono de voz temblorosa-No seas absurdo. Yo te valoro mucho. Tenemos una relación héroe-villano muy especial. ¿Te acuerdas aquella vez, cuándo era matón del Profesor Radium? Aún recuerdo cómo me lanzaste contra aquel escaparate…Jeje, estuve una semana en la UCI después de aquello…

-¡Déjate de traumas de mierda, Malone!-suelto la corbata, lo agarro del cuello de la camisa y le miro directamente a los ojos. Si has dicho lo de que alguien me quería aquí es porque sabes algo. Así que…¡Escúpelo!¡Dime lo que sepas!

-Dime tú si te sabes esta, encanto- se oye una voz femenina. Curiosamente, la música se oye más fuerte que antes (como si alguien hubiese conectado un amplificador a los altavoces). Se oye otra canción de Phil Collins: “Easy Lover”.

-“She is an easy loooover. She’ll take your heart but you won’t feel it”-la voz canta como los ángeles. Parece propia de una estrella del rock. Un destello de luz morado pasa ante mis ojos. No me da tiempo a reaccionar. El rayo impacta en mi pecho. La sensación es una auténtica jodienda: siento como si mil agujas me atravesaran a la vez, mientras un calambre recorre todo mi cuerpo. Caigo al suelo. Esto no va a matarme, soy duro de roer. Pero sí que siento que una o dos costillas se me han roto. La gabardina huele a quemado. Aún sigo algo atontado, pero voy a hacerme el inconsciente por dos motivos: primero, no conviene levantarse ahora (eso solo facilitaría que me rematasen). Segundo, necesito saber con quién estoy tratando.

-He hecho lo que me habéis pedido. Aquí lo tienes. El justiciero, con su antifaz, la gabardina y todo.

-Has hecho bien, Malone- escucho la voz de mujer.

-Bien, ahora respecto a mi pago…

-Joder, no me extraña que te llamen La Rata.

-Eh, sin descalificar. He cumplido mi parte del trato. Creo que me lo merezco.

-¿Sabes qué te mereces, cielo?

-No, dime.

-¡Esto!-oigo el mismo sonido de antes, el mismo del rayo morado. Algo me dice que esa ha sido la última vez que oiré la voz de La Rata…

Siento unos golpecitos en el suelo, como de taconeo. La voz femenina sigue cantando:

-”You’re the one who wants to hold her…Hold her and control her…”-siento como si arrastrara algo. Intuyo que es el cadáver chamuscado de La Rata, porque el olor a quemado que había antes en la sala ha desaparecido, misteriosamente.

Me arriesgo y me levanto. No hay nadie en la sala. Lo mejor será esconderse. No me da tiempo, vuelve la asesina. En pocos segundos, nos vemos cara a cara. Antes he dicho que cantaba como una estrella del rock. Curioso, porque su indumentaria no tendría nada que envidiarle a una: botas y guantes de cuero negro, maquillaje blanco por toda la cara, una  peluca violeta y pomposa…

-¿Qué coño haces de pie?

-La magia del kevlar-me tomo la chulería de encenderme un cigarro delante de sus narices. ¿Y tú, quién coño eres?

-Si quieres, te digo mi nombre artístico: Voltium.

-No me extraña el nombre cutre. Con esa indumentaria, pareces la hija bastarda de Kiss y El Cuervo…

-¡Qué gracioso eres!-pone la sonrisa más falsa imaginable mientras se quita el guante izquierdo. Su mano comienza a emitir rayos de color morado. La verdad es que la tía intimida…¡Espero que seas igual de cachondo cuando te lance una buena descarga y revientes por dentro!

-Supongo que te habrán contratado para ello-le digo mientras apuro el cigarro y preparo la pistola-garfio y la Walther.

-Supones bien. Y créeme, cuando acabe contigo, traerán una hurna para cenizas en lugar de una bolsa para cadáveres.

-Bla bla bla. Ese es el problema de los villanos de mierda como tú: habláis demasiado. Tenéis el ego por las nubes.

-¡Dios, no te soporto!

-Bailemos pues…

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