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Un viernes como otro cualquiera (Parte 2)

¿Qué coño estoy haciendo con mi vida? No, en serio, a veces me lo pregunto. Sobre todo cuando peleo contra colgados súper poderosos, como mi “amiga” la lanzarrayos. Quiere que la llame “Voltium”. Valiente nombre de mierda. Pero, ¿Y lo bien que me lo paso recordándoselo constantemente?

-Voltium…¿¡Y por qué no “Lady Relámpago”? Puestos a nombres cutres-comento mientras me parapeto tras la barra del bar.

Las chispas moradas que salen de sus dedos parecen inofensivas, pero en cuanto veo cómo impactan contra algo, trago saliva. La madera se carcome y un fuerte olor a quemado se percibe en el ambiente. La bodega de La Rata ha quedado reducida a cenizas, prácticamente. Hay trozos de cristal por todo el suelo (llevo más de un trozo pegado a las putas botas). Las luces de la pista de baile no paran de parpadear, de forma intermitente. Finalmente, varios de los focos explotan por la sobrecarga. Esto se ha convertido en el jodido infierno: nunca imaginaría que Satán vestiría una chupa de cuero negro y maquillaje barato. Los rayos salen despedidos  en todas las direcciones, como si fuesen láseres en uno de esos festivales cutres (que tanto gustan a los niñatos con pasta). Rezo porque esta colgada no acabe reventando la instalación de gas y nos mate a ambos por accidente.

-¡Me estás empezando a mosquear, cielo!-grita ella furiosa mientras más rayos emanan de sus manos.

-Es parte de mi encanto, guapa-mientras bromeo, compruebo el material del que dispongo. En el cinturón tengo 2 granadas de humo, el garfio y un par de balas para la pistola. Lo cierto es que me las he visto en peores situaciones…Pero, ahora mismo, no se me ocurre ningún puto escenario peor que este.

-¡Hazme un favor encanto! ¡Muérete de una vez como un niño bueno, para que yo pueda ir a cobrar mi cheque!-me asomo ligeramente por encima de la barra. Observo como sus ojos brillan en un intenso color violeta. Su poder es tan grande que los altavoces de La Ratonera revientan (adiós al bueno de Phil Collins). Esto empieza a ponerse feo: mis comentarios no hacen más que cabrearla, y no sé si eso es bueno precisamente. Mierda, creo que acaba de verme.

-¡Agh, ahí estás, puto cobarde!-esta vez, siento como si toda su ira saliera de su cuerpo. Otro destello viene directo a mi escondite. Me tiro, cuerpo a tierra, todo lo rápido que puedo. Los rayos agujerean la barra. Varios pedazos de madera y astillas sobrevuelan mi cabeza. La descarga alcanza los dedos de mi mano derecha. La sensación no llega a ser más que un mero calambre, porque aparto la mano rápidamente. Pero el problema está cuando miro el suelo y veo que los pedazos de madera han empezado a arder. Tengo que darme prisa y salir cagando leches de esta pesadilla.

-Bien. Si no quieres salir de ahí, voy a darte motivos-me amenaza en un tono jocoso. Siento el calor por encima de mi cabeza. Más astillas y ascuas aterrizan en mi sombrero. Vuelvo a asomarme, y esta vez, la barra entera está en llamas. Voy a tener que echarle un par. Cojo mi pañuelo  y con él me tapo la cara. Me ajusto el sombrero para que cubra mi cabeza todo lo posible. Tengo a la loca del rock  justo delante. Es hora de salir por patas.

-Ey, Miss Chispas, aquí me tienes-emerjo de entre las llamas y le doy una patada en la cara. Ella se desploma y aterriza sobre una de las pocas mesas que no han sido alcanzadas por el fuego, todavía. Tengo el escaparate de La Ratonera justo en frente: me da tiempo a salir a través de él. Pero, ¿Debería dejar a Voltium aquí? Puede que sea una psicópata, pero no tengo ganas de sentirme culpable de la muerte de otra persona. Y menos después de lo del chaval telépata…

-Buen golpe. A ver qué te parece este, capullo-su voz capta mi atención. Está aturdida, pero consciente. De su mano salen más chispas moradas. Mierda…

La descarga que recibo a continuación me hace salir despedido del bar. Atravieso el cristal. Por suerte, no me llevo ningún pedazo clavado en la cara. Aunque sí que noto el roce de ciertos trozos de vidrio. Acabo aterrizando en la acera de enfrente, donde hay una tienda de electrodomésticos. Mierda, otro golpe como ese y ya pueden escribir mi esquela. El kevlar está hecho polvo. Me lo quito y me levanto a duras penas. La gabardina está llena de cortes y agujeros de los rayos. No veo mi sombrero por ninguna parte (debe haber salido volando durante el aterrizaje). Por  suerte, el antifaz está intacto. Me quedan 2 balas. Pero está claro que, por mucho que le dispare, no voy a hacerle nada: desintegraría los disparos con un chasquido.

Hago lo único que se me ocurre en ese momento: disparo al escaparate de la tienda de electrodomésticos (adiós balas) y atravieso el cristal.

-¡Gracias, genio! Acabas de caer en la boca del lobo- oigo la voz de Voltium a lo lejos.  No sé que quiere decir con…Oh, mierda. Lleva razón: acabo entrar en un sitio que, para ella, es como una estación de energía ilimitada. Es como si llevara al puto Popeye a la fábrica de espinacas en lata. Un plan cojonudo Jim, sin duda. Me escondo entre las pantallas planas. Rezo para que no me vea, o para que todo vuele por los aires y esto acabe cuanto antes. He de reconocerlo: esta vez no tengo ningún plan.

-Escucha cielo, ya me estoy hartando de este  jueguecito del escondite-oigo cómo revienta una televisión con sus jodidos poderes. Cada paso que da hace que mi corazón se acelere un poco más; llega un punto en el que siento que me va a salir por la garganta.

Tiene gracia, al entrar había un enorme charco de agua (supongo que los de limpieza no han pasado la puta fregona en condiciones). Lo curioso es que ella lo ha rodeado, como si le tuviese miedo. Interesante…

-No tengo tiempo para esto. Entre mi pago y yo solo hay una cosa: tú-varios electrodomésticos se sobrecargan: los oigo pitar, “enloquecer”. No te lo tomes como nada personal, guapo. Son solo negocios-un tostador chamuscado llega hasta mis pies. Se está acercando. Tengo que rodear el lugar como sea.

-¡Bum, estás muerto cariño!-me ve tratando de dar el rodeo. Doy una voltereta en el suelo y escapo, justo cuando un rayo impacta contra una de las pantallas. Provoca una reacción en cadena. Pobre del desgraciado que tenga que limpiar y pagar por esto después…

-¡Ya basta! ¡Estate quieto, joder!-masculla entre berridos, desesperada. Uso el garfio y me subo al andamio justo encima de ella, sin que se dé cuenta.

Analizo su patrón de movimiento. No para de lanzar rayos con cada paso que da. Supongo que espera darme de pura chiripa, por intuición. No sigue una estrategia clara. Es curioso: ahora que me fijo, parece agotada. Físicamente está rebosante de poder y energía, pero anímicamente está alterada. Se nota porque la veo llevarse las manos a la cabeza varias veces, después de lanzar las descargas. Le dan como micro-jaquecas. ¿Quizás esté manejando demasiada energía? ¿Sus emociones se conectan directamente con sus poderes? Y lo del charco me parece, cuanto menos, un apunte curioso.

Sus comentarios gritones no están tan fuera de contexto como creía:  está claro que quiere ponerme nervioso. Una especie de guerra psicológica, para que tire la toalla. A mí a ese juego no me ganas, hermana…

-¡Eh, Joan Jett!-vocifero para llamar su atención. ¿Puedo hacerte una pregunta?-desde el andamio veo que mira hacia todas las direcciones, tratando de seguir el sonido de mi voz. Anda que no mirar hacia arriba, vaya luces…

-¡Sal de una jodida vez, maldito cobarde!

-Lo tomaré como un sí…¿Qué te hizo adoptar esas pintas? ¿Querías ser rockera y mami dijo que no?

-AGGGGH-sus ataques descargan (nunca mejor dicho) todo el odio acumulado. Prácticamente, se ha cargado ya la mitad del almacén.

-¿O quizás fue papi cuando no quiso comprarte aquel poni, con 8 años?

-¡¡¡No hables de ese cabrón, no sé si lo odio más a ti o a él!!!

-¿Ah, así que es eso, no? “¿Papá me compras un poni por mi cumple?”

-BASTA…

-“Lo siento cielo, no puede ser”.

-PARA…

-“Pues de mayor voy a hacerme súper mala. Ya lo verás. Voy a llevar maquillaje de vampiro y todo”.

-¡HE DICHO QUE PARES!- en ese último grito no solo he sentido rabia. Lo ha dicho con un tono tristón. Esto apesta a infancia traumática…

Desprende tanta energía morada que casi parece una bola de discoteca con patas. Será una locura, pero creo que es el momento perfecto para contraatacar. Lo del charco me ha dado una idea, pero primero necesito llamar su atención.

-¡Estoy aquí arriba!-grito mientras preparo la pistola-garfio para salir por patas. Ella alza la vista, y con un ensordecedor  y frustrado chillido, lanza otro dichoso rayo. Salto del andamio justo a tiempo, mientras veo cómo el  impacto de energía funde y atraviesa el metal (como un cuchillo con la mantequilla caliente). Escombros y trozos del andamio caen al suelo del almacén. Yo, mientras, estoy en el aire. Siento como si el tiempo se hubiese frenado, súbitamente. Estoy apretando el gatillo de la pistola y noto cómo el garfio sale despedido y se aferra a una columna. Es cuestión de unos segundos, pero a mí el momento se me está haciendo eterno. Salgo del trance cuando noto que la gabardina está en llamas. Efectivamente, uno de los rayos que Voltium ha lanzado al aire ha rozado la chaqueta (por suerte, solo ha quemado un trozo pequeño). Me columpio al otro lado de la sala. Ella me insulta y trata de seguirme el ritmo, a la par que más chispas vuelan por el aire.

No suelto la pistola de la mano: continúo balanceándome de un lado a otro del almacén. Lo que ella menos esperaría es lo que viene a continuación…Me dirijo, directamente, hacia donde está. Parece una locura, pero puede que funcione. Saco una de las granadas de humo de mi cinturón y la tiro justo encima suya.

-Muy gracioso, pero tus truquitos baratos no evitarán que te convierta en pollo a la brasa- dice ella, muy molesta y entre toses. Aprovechando que tengo (literalmente) una cortina de humo,  comienzo a distraerla con más comentarios mientras espero a que se cumpla lo planeado.

-Entonces, ¿A quién odias más: a papá o a mamá?-oye mi voz pero no sabe dónde estoy. Oigo su ira vocalizada, mientras un rayo morado sale despedido en dirección contraria a mí. Vamos…Joder, puto humo. Está tardando demasiado.

-¡No hables de mi familia! ¡No sabes una mierda sobre mí!

-¿Eso le decías al psicólogo infantil, cielo?-un rayo pasa por encima de mi cabeza. Mierda, el humo casi se disipa. Tiro de la anilla de la otra granada. La lanzo con todas mis fuerzas hacia el techo. Casi siento como si me arrancara el brazo en el esfuerzo. El humo alcanza la alarma anti-incendios. Oigo cómo el sistema de aspersores se activa. La humareda a nivel del suelo termina desapareciendo. Nos vemos cara a cara, de nuevo.

-Bien, dije que iba a dejar cenizas- comenta con una  escalofriante sonrisa, mientras su puño desprende un brillo magenta. Pero, después de cómo me has tocado las narices…La “lluvia” comienza a caer sobre nuestras cabezas. Justo lo que pensaba: el agua produce un cortocircuito en sus poderes. Se le apaga el puño.

-Veo que el agua no te sienta bien- comento mientras la miro directamente a sus ojos llenos de odio y confusión. Y no solo porque se te vaya el maquillaje de vampiro de la cara…

-Aaaaagh- se aproxima furiosa hacia mí. Perfecto, justo cómo quería. Cojo la pistola-garfio y le apunto a las piernas. La cuerda se envuelve a su alrededor como un pez que cae en una red de pescar. Aprieto el botón de “replegar” de la pistola y la lanzo por encima de otro andamio. La cuerda tira de ella y termina ascendiendo con las piernas atadas. Grita, pero esta vez, de miedo…Termina colgada como un trozo de carne en un matadero. Separo el cable de la pistola y lo enredo en torno a una columna cercana. Guardo la pistola-garfio en un bolsillo de la gabardina. Finalmente, me acerco a mi colgada (en más de un sentido) presa.

-Bien, guapa, antes de que se te corra el rímel…Dime, ¿Quién te contrató?

-Eso es secreto profesional, capullo-dice mientras trata de zafarse de sus ataduras, inútilmente. Bájame de aquí, me estoy empezando a marear.

-Claro, Volti. En cuanto me digas quién te envió a por mí.

-Piensa, puto genio. ¿No eres detective? Llevas ya un tiempo luchando contra el crimen…Digo yo que eso crea enemigos.

-¿Insinúas que alguien de mi pasado ha vuelto a por mí?

-Hasta ahí puede leer. Y ahora, desátame. Pedazo de cabrón.

-Aaaah, lo siento, no respondo por insultos.

-Serás hijo de…

-Bien, en vista de tu “encantadora” colaboración, me temo que me voy a largar. Buena suerte; tengo entendido que no hay cosa más incómoda que el pelo húmedo y encrespado.

-¡Mamón!

-Ya me contarás qué tal la cárcel-me doy la vuelta y le dedico un “bonito” gesto de despedida.

Lo siguiente que oigo son un montón de insultos y menciones a mi madre. Sus tacos se disipan al oír las sirenas de los chicos de uniforme. Me encantaría quedarme para contemplar sus caras cuando vean el bonito “regalo” que les he dejado. Creo que la próxima vez que me tope con Voltium será incluso más divertida que esta. Lo cierto es que me ha jodido a base de bien: tengo varias quemaduras leves y siento algún que otro hueso roto. Pero si algo me ha tocado los cojones de verdad ha sido perder el sombrero durante la pelea.

Llego al apartamento, ansioso por echarme whisky por encima de las heridas y luego beberme lo que sobre. Pero para mi sorpresa, la puerta ya está abierta. Qúe raro, juraría haber echado la llave…

Entro en mi piso. El mismo olor a tabaco y ambientador de pino barato. Nada extraño. Enciendo las luces y me encuentro cara a cara con un hombre asiático (parece japonés) sentado en la mesa de mi despacho, con un vaso de mi mejor whisky en la mano.

-Ah, disculpa mis modales. Espero que no te importe que me haya acomodado.

-¿Quién cojones eres tú?-esta noche mejora por momentos…

 

 

 

 

 

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