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Rosa.
Rosa.

Una flor distinta

Hola, ¿cómo estás?

¡Qué alegría volverte a ver! No aparecías por aquí desde hacía tanto… Creí que no volverías, ya casi no frecuentabas este lugar y cuando lo hacías siempre era brevemente.

Me deleitaré con tu presencia, pues no sé cuánto tiempo piensas quedarte. ¿Quién sabe si estás de paso o has echado ya el ancla?

Me pregunto si todavía hay esperanza en ti, mientras escribo estas líneas. Pero hay buenas noticias, hemos visto salir de tus poros rayos que iluminan todo en cuanto se posan. Qué emoción, aunque quizás demasiada alteración, una mezcla entre extraño enternecimiento y turbación.

Esa sensación, vibrante agitación, me inquieta, me aterra, estás más radiante que nunca, tengo miedo, tú sonríes, almas cobardes.

Yo sólo espero, que esta vez sea la definitiva, que la rosa no sea la misma roja de siempre, que sea eterna y resplandeciente. Que tú, espectro de la felicidad, dejes de ser eso, un fantasma errante que decide visitarme sólo durante pequeños instantes. Quiero que te materialices, que seas parte de mí y que no me abandones.

Que esta visita está durando más y ya no eres un huésped de esta habitación vacía, sino el dueño irrefutable y manifiesto de mi condición.

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