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Una proposición letal

Kamaitachi odiaba aquella situación. Él era un hombre de números, no estaba hecho para este tipo de cosas. Su jefe le había mandado encontrar a un cazarrecompensas lo suficientemente bueno como para localizar a la traidora de Eyla en menos de 48 horas y mandarla al otro barrio ¿Cómo iba a decirle que no a sus superiores? No había cosa más incómoda que aguantar una reprimenda de los peces gordos, y más cuando solo eres un mero contable (muy bueno en su trabajo, todo hay que decirlo). Él trataba siempre de distanciarse de los planes de dominación y los chanchullos de CRONOS, pero cuando le tocaba “meterse en el fango”, tenía que meterse de cabeza sin rechistar y salir diciendo “Muchas gracias señor, por este refrescante baño”.Bueno, en ese momento sí que había algo más incómodo incluso que una regañina de Cerbero: el calor. Nuevo Austin tenía el clima más seco de todas las ciudades  de Marte. Una vez llegó allí, quiso maldecir a Cerbero y a todo el alto mando de CRONOS. Entre el clima y el hecho de que él sudaba ante cualquier esfuerzo físico, por mínimo que fuese, llevaba la camisa del traje como si acabase de salir del río. Pero no solo era el calor, la gente de aquel lugar era desagradable, muy maleducada y casi salvaje.  A su vez, la ciudad mantenía el diseño urbanístico de una del Salvaje Oeste. Los ciudadanos, algunos nativos y otros colonos procedentes de distintos planetas, vestían ropa de aquella época (finales del siglo XIX- principios del XX).

Al fin llegó a su destino: un bar destartalado, que al igual que el resto de la ciudad, no tenía nada que envidiarle al decorado de un western del Hollywood clásico. Entro, reticente en un principio por el griterío y el excesivo volumen de la música (ambos se oían desde el exterior).

Por dentro, sus sospechas se confirmaron: era un antro de mala muerte. Un cuchitril en donde la escoria criminal y los desechos sociales de la ciudad se juntaban a beber y a jugar a las cartas como hermanos. Unos clientes fumaban como auténticas chimeneas humanas, otros trataban de meter mano a prosti-androides… El hombrecillo trajeado incluso contempló a dos pegándose en el suelo. El asfixiante aroma  del tabaco y el suelo, pegajoso por el alcohol derramado, le estaban dando ganas de vomitar. Kamaitachi observó en el escenario (al otro extremo de la sala) a una mujer rubia con un vestido blanco. Cantaba la canción “Sooner or Later”. Le dió la impresión de que era una joven Madonna, pero eso era imposible… Lo cierto es que la dulce melodía le hizo olvidarse por un instante del estercolero en el que se acababa de meter.

Se acercó a la barra.  Había un hombre con la piel de color rojo (debía ser un marciano local), corpulento, maloliente y con barba blanca. Estaba sentado en un taburete que apenas podía aguantar su peso. En un intento de cortesía, el contable de CRONOS trató de saludarlo en el idioma local, pero el sujeto estaba tan borracho que apenas podía enunciar monosílabos. Se sentó y esperó a ser atendido por el camarero.

Para su sorpresa, el barman era humano e iba bien vestido: con un elegante chaleco negro, camisa blanca y pañuelo verde (para complementar a la camisa). Le llamó la atención que llevase puestas  gafas de sol, aún estando dentro del local.

-¿Qué le pongo caballero?-preguntó mientras pasaba una bayeta por la húmeda barra.

-Un vaso de su mejor vino.

-No tengo pijadas de esas aquí, amigo.

-Em, bueno…Pues una caipiriña.

-Ah sí, creo que esa bebida la preparé una vez- El camarero se ausentó por un momento. El marciano ebrio trató de decirle algo a Kamaitachi, pero este no lo entendió. El nativo comenzó a reír y acabó cayéndose de la silla, quedando inconsciente. Tras ese incómodo suceso, llegó el mesero con una polvorienta botella

-¿Ve, amigo? -dijo mientras soplaba y revelaba la etiqueta. Tengo zumo de limón.

-Déjelo-comentaba en un tono frustrado el contable. No he venido aquí para beber precisamente.

-¿Entonces por qué está aquí, caballero?-tiró la botella de zumo al suelo.

-Vengo buscando al “hijo puta” más peligroso de toda la galaxia. Me dijeron que frecuentaba este bar. Se hacía llamar Ace Winchester.

-Je-el camarero sonrió mientras limpiaba una jarra de cerveza. Me temo que en eso no puedo ayudarle, caballero. Se marchó de Nuevo Austin tiempo  atrás, para no volver. Pero-se ajustó las gafas de sol- quizás alguno de estos señores pueda ayudarle. Kamaitachi miró a su alrededor y decidió gritar, justo cuando el número musical terminó:

-¡Estoy buscando al “hijo puta” más peligroso de la galaxia! Aquellas palabras se oyeron en todo el tugurio. Todos los allí presentes lo miraron extrañados. Un insectoide (una especie de mosquito gigante y antropomórfico) se levantó de en medio de la multitud y se acercó a la barra.

-Encanto, ese soy yo-anunciaba el monstruo mientras miraba a la callada multitud.

-Em, pues encantado. Tengo una proposición de negocios para usted- comentó mientras sacaba su talonario electrónico.

-No, no, no- comentaba la horrenda criatura mientras posaba una de sus alargadas patas sobre su hombro y le agujereaba la chaqueta. Creo que no lo has entendido, pijito. Si yo soy el “hijo puta” más peligroso de toda la galaxia, significa que nadie  se puede meter conmigo. Ni mucho menos darme órdenes  ¿Crees que no te he visto entrar? Llegas a mi antro favorito de esta asquerosa ciudad, con ese aire de superioridad que solo un terrícola estirado podría tener. Crees que por tener pasta puedes mirar a cualquiera de nosotros por encima del hombro; mandar sobre nosotros. Bien, que nos mires con ese desprecio solo puedo tomármelo como un insulto. Y ya sabes soy…

-¿El “hi-hi-hijo puta” m-m-más pe-peligroso de…?

-De toda la galaxia. Bien eres listo, ricachón-le dió unas ligeras cachetadas con otra de sus patas. Ahora, dame todo lo que lleves encima y ya después vemos si te chupo el cerebro hasta dejarte el coco hueco, o si simplemente te pego un tiro… A Kamaitachi le empezaron a temblar tanto las piernas que tuvo que poner sus manos sobre las rodillas para disimular un poco. Iba a morir en una pocilga, lejos de su familia y por culpa de una organización con aires megalómanos. Era en momentos como ese cuando se arrepentía de no haber aceptado aquel trabajo como profesor; su vida hubiera sido mucho menos lujosa, pero más fácil…

Sin embargo, un ángel salvador apareció. Un brutal y certero disparo hizo saltar por los aires la cabeza del insectoide. Sangre y unos cuantos sesos de color verde salpicaron al traje del contable.

-Nada de asesinatos en mi bar-anunció el barman mientras disipaba el humo (de un soplo) de su fusil Winchester.

-Pero si tú acabas de…-comentó un amigo del insectoide justo antes de ser acribillado por el camarero.

-Vincent-comentó otro mesero-¿Vacío el local?

-No, Rufus. Diles que se queden a tomarse algo en una de las mesas llenas de sangre y agujeros de bala…

-Vale, no hace falta ponerse así de condescendiente. Capullo- comentó Rufus mientras echaba a la clientela.

Kamaitachi contemplaba la escena sentado e impasible. Se había quedado paralizado por el shock.

-Amigo, yo soy su hombre-comentaba el tal Vincent mientras le quitaba los trozos de cerebro de la ropa y el pelo.

-¿U-u-usted es Ace Winchester?

-Un poco obvio ¿no? Por el arma que uso y tal. Hace tiempo que no oía ese nombre, pero sí. Lo cierto es que mi verdadero nombre es Vincent. Vincent Wyles. Por cierto, ¿Su nombre?

-Kamaitachi…

-¿Ese es su nombre, de verdad?

-No. Mi nombre real es confidencial.

-Bueno, como usted vea-le dio un trapo humedo para quitarse la sangre azul de la cara. Pasemos a mi despacho a hablar de esa proposición, Don…Kamaitachi.

Subieron a la planta de arriba, a la estancia privada de Ace Winchester. Se sentaron en torno a una enorme mesa de póker.

-Bueno, coménteme ese negocio-puso sus pies encima de la mesa.

-Trabajo para gente muy muy importante.

-Pero ¿Cómo de importantes? ¿Importantes tipo multinacional o farmacéutica? ¿O importantes tipo sindicato del crimen?

-Más bien lo segundo…

-Bien, supongo que no puedo saber  el nombre de esta organización, ¿Verdad?-comentó Ace mientras encendía una cerilla para fumarse un puro.

-Efectivamente.

-Bien, entonces la mierda de siempre ¿A quién hay que matar?

-A una mujer. Una kathosiana llamada Eyla. Eyla Wox.

-¿Y qué ha hecho la tal Eyla?-preguntaba Winchester mientras la llama del puro se reflejaba en sus gafas de sol.

-Traicionarnos. Con eso es suficiente.

-Ya veo. Pues lamento informarle de que yo no mato ni a mujeres ni a niños-tiró el puro a una jarra con cerveza, mientras se levantaba. Políticas de empresa. A no ser que…

-¿Se le pague el doble de lo habitual?

-Vaya, que hombrecillo tan listo es usted, sr. Kamaitachi.

-Me pagan por serlo. Hablaré con los jefes. Veremos qué se puede hacer respecto a su tarifa-le dijo mientras sacaba su agenda holográfica. Voy a  enviarle todos los archivos relativos a la señorita en cuestión. Datos personales, habilidades, rasgos físicos, perfil psicológico, cuentas bancarias…

-Lo importante es que me diga dónde puedo encontrarla. Una vez aprietas el gatillo te da igual si es el camello de la esquina o el Presidente de la ODI.

-Por suerte, tenemos gente en todos los rincones. Y en su momento, le pusimos un localizador en el lugar más insospechado.

-No me interesan tantos detalles…

-No sea mal pensado. No se lo pusimos en su cuerpo-la agenda emitió una proyección holográfica en el techo de la habitación. Era un mapa, con un punto rojo parpadeante, que señalaba la posición de Eyla en ese momento. Lo hacemos con todos nuestros agentes. No tendrá problema en seguirle la pista en todo momento…

-Estupendo, entonces tenemos un trato- se remangó y le estrechó la mano. El contable notó que su apretón de manos era inusualmente fuerte, pero rápidamente olvidó eso al observar los tatuajes de cartas  que tenía por los brazos.

-Veo que le gusta mucho el póker.

-Sí bueno, todo lo que sea apostar me gusta. Me hace sentir vivo ¿Sabe? El azar implica riesgo. El riesgo implica aferrarse a la vida. De alguna forma, te hace apreciarla más. O al menos, yo lo veo así.

-Muy interesante la charla filosófica, pero ¿Cuándo piensa ir a cazarla?

-En media hora parto hacia el puerto espacial. Descuide, soy un profesional- comenzó a manosear su poblado y rubio bigote. Y no he perdido práctica al disparar, como ha podido ver.

-No, eso no lo pongo en duda…

-De aquí a 36 horas estará criando malvas. Y ahora, si me disculpa, voy a preparar la vestimenta para la ocasión…Se dirigió a un compartimento dentro de la propia habitación, tapado por una cortina. Era su vestidor.

-Magnífico.

-¿Le importa que ponga algo de música mientras me cambio?-comentaba mientras cerraba la cortina. Las viejas costumbres son difíciles de dejar…

-No hay problema. Es su casa-confirmaba Kamaitachi mientras apagaba su agenda. En aquel mismo instante, alzó la vista y antes sus ojos estaba la cantante Blondie, con su banda. Comenzó a cantar la canción “Don’t leave me hanging on the telephone”. Por curiosidad, intentó tocar a aquel icono del pop. Su mano atravesó el rostro de la cantante.

-¿Hologramas?-en ese momento comprendió por qué Madonna había dado aquel espectáculo en el salón.

-Premio para el caballero-se oía la voz de  Winchester desde el vestidor. Descargué un montón ilegalmente, de conciertos de esos “In memoriam”. Ya sabe…

-Pues me parece poco ético.

-Dice el tipo que acaba de contratar a un asesino a sueldo-respondió el cazarrecompensas, cerrando su pico de hipócrita.

En cuestión de minutos, Ace salió del vestidor. Se había soltado su dorado y largo pelo. Seguía con las mismas gafas de sol. Vestía un chaleco de color gris, complementado con una camisa roja y un largo guardapolvo del mismo color que el chaleco. De su cinturón de cuero colgaba la munición de su fusil. Sus botas de cowboy tenían inscripciones de cartas (el as y el diamante rojo).

-¿Y bien? ¿Qué tal estoy?-preguntó mientras se ponía su sombrero (gris) de vaquero.

-Creo que tengo ante mí al “hijo puta” más peligroso de toda la galaxia- comentaba Kamaitachi con los brazos cruzados y una siniestra sonrisa.

 

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