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El aficionado fanático y su rayo de esperanza

¿Qué siente un aficionado cuando su personaje o equipo preferido vive contra las cuerdas? ¿Y el propio personaje o equipo? ¿Es comprensible todo lo que un aficionado puede llegar a sentir y expresar por una devoción popular? Ni suele serlo, ni es necesario que lo sea

Según la web oficial de la RAE, ‘afición’ alude al conjunto de personas vivamente interesadas o partidarias de una figura o grupo participante de un espectáculo o al cariño, afecto o simpatía que se siente hacia alguien, entre otras definiciones.

El deporte es una actividad competitiva que, hoy en día, es recogida como un importante componente de cultural de la sociedad. Toda actividad cultural genera diversos efectos en la sociedad, como por ejemplo las diferencias históricas y geográficas han generado distintas lenguas en todo el mundo; el deporte tiene sus propios efectos y uno de ellos es el definido antes: la afición.

Todo efecto cultural influye de mayor o menor fuerza en la sociedad, teniendo en cuenta la definición de afición… ¿podríamos considerar que la afición como grupo y sentimiento influye notablemente en nuestra sociedad? La respuesta es sí y además rotundo.

Fuente: www.sportyou.com

Las aficiones por las cosas son sentimientos que suelen introducirse en nuestra personalidad desde la misma infancia. Todos hemos tenido series, animaciones, juguetes y comidas favoritas ¿Qué ocurre exactamente entonces con las aficiones deportivas? Exactamente lo mismo. Ya sea por voluntad de nuestros padres o por nuestra capacidad innata de aprender y observar lo que los demás hacen, la afición deportiva es algo que siempre capta nuestra atención desde pequeños.

Esto solo es la base y explicación de por qué la afición deportiva es un hecho cultural tan importante. La respuesta a dicho por qué es evidente, la afición deportiva suele ser inmanente al proceso de crecimiento físico y psicológico del ser humano. Igual que podemos bautizarnos y acudir a catequesis desde pequeños, podemos contagiarnos de la afición deportiva de los demás, hasta desarrollar la nuestra propia.

Es por esto y no por otra cosa por lo que el ser humano, actualmente, no participa en la afición a un deporte, sino que vive y siente por la misma. Muchas han sido las imágenes emotivas que los deportes han dejado: gente llorando por diversos resultados, muchedumbres enormes congregadas por una misma afición deportiva, felicidad y placeres provocados por un fin deportivo o, incluso, fusiones de hechos vitales con el propio deporte, como son las pedidas de matrimonio con temática deportiva, cada vez más comunes.

Esto nos lleva a analizar y comentar un comportamiento humano muy interesante, el sufrimiento fanático. El aficionado fanático es aquel que dentro de su afición a un deporte, crea otra mucho más fuerte hacia un icono. Existen muchas variedades dentro de esta sección fanática, pero me limitaré a comentar la más generalizada y respetada, el sufridor fanático imparcial (al final de este mismo artículo comprenderéis el por qué de mi defensa hacia este tipo de fanático).

Fuente: espndeportes.espn.go.com

Para explicar este fenómeno usaré un ejemplo muy comentado este año, la situación de un conocido y laureado deportista español, Fernando Alonso Díaz. El asturiano ha sido el único y primer campeón de la historia de la Fórmula 1. Su carrera es indiscutible y sus logros lo demuestran, sin embargo, el español lleva ya 9 años sin revalidar su título. Sus resultados se han ido manteniendo regularmente en las cinco primeras posiciones del campeonato durante los últimos años… hasta el año pasado. Debido a los pobres resultados cosechados en su anterior equipo (Scuderia Ferrari), el año pasado, Alonso decidió dar un cambió radical a sus expectativas y se mudó al conocido equipo inglés Mclaren Honda. El proyecto resultaba prometedor debido a que el proveedor de motores llevaba bastante tiempo estudiando y trabajando en un motor verdaderamente competitivo y a que el equipo había conseguido fichar a uno de los mejores ingenieros del Paddock.

Sin embargo, como muchos sabréis, las cosas han sido muy diferentes. Alonso solo ha podido terminar 9 de sus carreras disputadas y cosechar solamente 11 míseros puntos. El coche está muy lejos de ser lo competitivo que prometía, ni siquiera consigue llegar a meta y esto muestra la impotencia de todo el mundo, piloto equipo y, por supuesto, AFICIONADOS.

La afición Alonsista ha podido disfrutar durante varios años de los éxitos de su icono, sin embargo, corren tiempos difíciles para la moral de sus integrantes. La costumbre de poder celebrar podios, victorias e incluso Poles de su piloto se borró de repente, la afición ha pasado a celebrar puntos logrados e incluso carreras finalizadas y por mucho que se niegue, escuece y mucho. Desde mi propia experiencia, como alonsista orgulloso, he terminado carreras llorando de la impotencia de ver frustrado a mi icono. Un ídolo, un ejemplo a seguir, un referente. Todo eso sentimos los aficionados más entregados. Y como somos sufridores, sufrimos. La afición y fanatismo deportivo es un sentimiento, un movimiento inmanente a nuestra cultura… Pero, ¿cómo sobrevive frente al sufrimiento que genera?

Fácil, el propio dicho lo responde: “Por amor al arte”. Por amor al deporte, por afición al espectáculo, el aficionado fanático imparcial sufre por su icono, pero guarda un RAYO DE ESPERANZA. El aficionado fanático imparcial conoce y respeta su deporte y vive por su amor al mismo y de su esperanza por la cual su icono, vuelva donde merece, al lugar que ocupa el ganador de cualquier espectáculo. Porque los que conocen a deporte y a icono saben y sienten que es bueno y confían en que, pronto, volverá a demostrarlo. Es un ciclo continuo, es la AFICIÓN FANÁTICA DEPORTIVA.

Fuente: www.eurosport.com

Un comentario

  1. Ojalá se cumplan todos tus deseos de ser comentarista deportivo y alguien se fije en ti porque todo lo que comentas tiene mucho sentimiento y mucha realidad, sigue luchando por lo que deseas.

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