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El hambre no se olvida: Knut Hamsun, el escritor proscrito

José Gay | Parece que Occidente ha olvidado el Hambre. Hace diez años, cuando nos hallábamos inmersos en la sociedad del crédito fácil y el gasto tonto, la cartera llena y la deuda prorrogada, nadie imaginaba que volvería a vérselas crudas para llenar su estómago. Hoy existen numerosos comedores sociales, partidas religiosas y asociaciones solidarias que proporcionan un sustento básico -aunque a menudo insuficiente- a familias hambrientas y desprovistas de todo ingreso. Familias azotadas sin clemencia por el tenaz látigo de la crisis; familias que esperan con resignación la solución por llegar, mientras se consumen sus fuerzas y se agudiza el ingenio. Porque el hambre dota al necesitado de ingenio para buscárselas. Puro instinto, supongo.

El protagonista es un despojo deambulante que debe sobrevivir en la selva urbana, donde se ha instalado el egoísmo y la repulsa en detrimento de los valores

hambreEl escritor noruego Knut Hamsun (1859-1952) plasmó la angustia del hambriento en un retrato único que provoca la náusea y la compasión del lector. Apenas doscientas páginas, con Hambre por título, en las que un protagonista anónimo y desconocido, sin nombre ni edad ni familia, recorre las calles de la ciudad sin un sitio donde caerse muerto ni un mendrugo que llevarse a la boca. Un despojo deambulante que debe sobrevivir en la selva urbana, donde se ha instalado el egoísmo y la repulsa en detrimento de los valores. El narrador es, no obstante, un persaje atípico. Vive sin un céntimo y su única obsesión es elaborar una serie de artículos periodísticos que vender en el noticiero local; siempre en busca de la inspiración y ávido de letras, aunque abatido por la sociedad en que se desenvuelve. Su conducta, pese a su situación, es intachable y digna, propia de cualquier persona conocedora del protocolo de actuación social, lo que dista años luz de la impudicia y decadendia moral que lo rodea. Uno de los aspectos más interesantes de la obra cumbre de Hamsun es el conflicto que mantiene el desdichado con su dignidad, decoroso en las formas pero desesperado por comer, tanto que mastica astillas para impregnar su saliva del sabor a madera. Un libro donde el lector está inevitablemente conectado al protagonista y se siente roído por el hambre, que colapsa su mente y siembra la desidia. Y ahora que hay comida se olvida el hambre, igual que se ha olvidado a Knut Hamsun.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra cumbre de Hamsun es el conflicto que mantiene el desdichado con su dignidad

El escritor, ganador del Nobel en 1920, ha inspirado a grandes literatos del siglo pasado como Heminway, Kafka, Henry Miller, Herman Hesse o Thomas Mann, y se ha consolidado como precursor de una importante generación. Gozó de un gran prestigio y fue considerado un ídolo, aunque el éxito se le terminó pronto y acabó sus días tachado de loco, su palabra deslegitimada y su obra proscrita. La causa de su declive fue la férrea apología del nazismo que hizo cuando Hitler invadió Noruega. Knut Hamsun alentó a sus compatriotas para apoyar al Führer y reprimir a sus enemigos, se sintió muy atraído por su ideología y se valió de su firma para ganar simpatizantes.

El noruego ha servido de inspiración a grandes escritores como Hemingway, Kafka, Henry Miller, Herman Hesse o Thomas Mann

Tras la guerra, se organizaron diversas quemas de sus libros en las plazas del país escandinavo, el escritor fue multado, ingresado en un psiquiátrico y repudiado por su pueblo. Pero Hambre es ajeno a sus inclinaciones políticas y lo que refulge de sus páginas es auténtica literatura, su desafortunado posicionamiento no condiciona la calidad del discurso y la brillantez con que evoca sensaciones no debe pasar inadvertida. Un reflejo de la miseria que le valió la gloria y lo erigió como orgullo nórdico, un símbolo de la cultura que posteriormente fue quemado, una palabra rechazada por un país que antaño lo amó. Un ejemplo de la volatilidad humana que, como el hambre, nunca debe ser olvidado.

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