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El viejo y el mar

El viejo y el mar. Título  erróneo pues sería sin duda más acertado que fuese: el viejo y la mar. Pues según el propio Hemingway:

Decía siempre la mar. Así es como le dicen en español cuando la quieren

Ante nosotros nos encontramos una historia fascinante. Un pescador anciano y muy pobre vive en la orilla de Cuba. Hace tiempo dejó de salir de pesca con su joven aprendiz que sentía una gran admiración por él. Pero cuando han pasado ochenta y cinco días desde que no cogió su bote, el viejo se decide a echarse a la mar, puesto que ochenta y cinco es un número que da suerte.

Tras esto, el lector se vuelve un compañero del viejo en todos los aspectos. A lo largo de las páginas sentimos el cansancio, la sed, el sol quemando nuestro cuello y las manos ensangrentadas. A través de una narración exasperante vivimos como el viejo se encuentra con el mayor reto de su vida. Un pez tan monstruosamente grande que le lleva a su límite. Con esto, se produce un duelo entre caballeros con las máximas reglas del honor. Dos bestias incansables se enfrentan para determinar quien es superior. Dos voluntades guerrean sin perder nunca el respeto hacia el contrincante. Se trata de una lucha deportiva, pero la derrota tiene un alto coste. La muerte.

No existen vías fáciles, trucos o trampas. Solo la inventiva y el ingenio del viejo pueden ayudarlo a derrotarlo. Sin embargo ese propio intelecto suyo es un arma de doble filo, pues es consciente de sus dolencias y muchas veces se produce un monologo interno que a su vez, es un dialogo con el mismo. Una conversación con su propio ser. Puesto que no tiene a nadie con quien hablar. Y él necesita hablar.

Hemingway nos presenta una obra simple pero ni mucho menos simplista. Una obra magna de la pesca. Donde la paciencia es herramienta imprescindible. A diferencia de otras pruebas heroicas, no se trata de una muestra de fuerza, habilidad o agilidad momentánea.  Sino de cuanto se puede conservar estos atributos pasadas las horas y los días. Cuando el cuerpo y la mente fallan. Cuando la voluntad de continuar y de ganar es el único combustible.

La novela trata la victoria y la derrota como dos farsantes. Percepciones dentro de la mente del individuo que bailan en una danza macabra. Puesto que al final, cuando el viejo Santiago gana el interminable pulso, él masculla entre sueños: He sido derrotado.

Una obra que entona una oda a la sencillez de las acciones y de la narración. Ambas van de la mano alejándonos de los grandes mitos o leyendas del héroe que vence al mal en una gran batalla épica y nos traslada al solitario mar Caribe para mostrarnos el lado totalmente opuesto. Y es a través de lo pequeño, de lo minúsculo, de lo aparentemente sin importancia…de donde nace la más grande historia. La del viejo y la mar.

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