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Mimo/Foto: Laura Campos

Entre petardos, pinturas y llamas

Nada más con el despertar de Sol, los niños corretean por las calles valencianas entusiasmados con sus petardos, levantando a los vecinos para anunciar con ellos, el comienzo de las conocidas fiestas de Valencia: las Fallas.
El origen de este arte expuesto en las calles de tantos días de esfuerzo, sudor y creatividad, procede de la Edad Media, época de trabajos realizados a mano y juglares cantores. Concretamente, en el día de San José, los antiguos gremios de carpintero de esta sociedad, hacían limpieza en los almacenes de sus talleres, creando una hoguera donde quemaban todo lo inservible, incluyendo los “parots”, que eran preciosas reliquias de muñecos que colgaban de los candiles para iluminar en las noches de invierno. A partir de estas hogueras, los “parots” fueron los protagonistas de estas quemadas, dándoles por medio de la imaginación y maestría, espectaculares formas hasta convertirse en lo que hoy día, se puede considerar sensacionales monumentos artísticos, con una pizca de tonalidad crítica.

Los antiguos gremios de carpintero hacían limpiezas de sus talleres quemando todo lo inservible, incluyendo en ello los “parots”

Antes de la famosa plantà donde las fallas se exponen públicamente por las calles, se celebra el día de la Crida o Pregón. En éste, la Fallera Mayor reúne a todas las comisiones falleras en las Torres de Serranos, el último domingo de febrero, donde la alcaldesa le otorga las llaves de la ciudad como invitación para adornar Valencia de talento y animación. Fiesta en la que la comunidad se viste de luces, música e inspiración para todos los admiradores falleros.
En la actualidad, pase por donde se pase, por las calles de Valencia en estas fiestas, que abarcan del 15 al 19 de marzo, se respira solo creatividad por doquier. Tras el primer día de inauguración, donde se da lugar la plantà, en el que las fallas infantiles y mayores se exhiben al fin en su totalidad, con grandeza y orgullo por todas las plazas de esta comunidad. Después de un duro año de trabajo se muestran estas obras de incluso 30 metros de longitud. Arte que de forma satírica y burlesca representa la realidad del mundo en la que nos encontramos, y los medios no son capaces de gritar. Estatuas en las que cada pincelada se aprecia el clamor de la libertad de expresión.
En ellas, se contempla en cada rincón un famoso político, a nuestra familia real, o una montaña inmensa de bancos. En cambio, las fallas infantiles brillan con un aire de dulce inocencia, con temas más fantasiosos de cuentos de hada, o coloridos payasos jugando en un circo. Aun así, cada una con su temática son dignas de admiración.
Al mediodía, donde el aire embriaga el olfato con las paellas, las personas se acercan a la plaza del Ayuntamiento para el mayor suceso de sinfonía de petardos, con su ritmo y peculiaridad conocido como la mascleta. Acontecimiento original de banda sonora incapaz de expresarse con las palabras.

Estatuas en las que cada pincelada se aprecia el clamor de la libertad de expresión

Por cada plaza, cada calle y cada rincón, se siente el espíritu fallero, donde los bares ofrecen por las calles todo tipo de paella, ofertando con ella una refrescante cerveza para el caluroso día. Los niños revoltosos juegan con los petardos. Los turistas hacen fotos a las magníficas fallas, observando con detenimiento para no perder ni un solo detalle de su belleza y crítica.
En estas fiestas, no solo es la ciudad la única protagonista, sino también la población, que se visten de sus galas tradicionales para festejar tal evento. Las mujeres y niñas se arreglan con sus voluminosos vestidos de tejidos inimaginables, donde las inmensas melenas son recogidas en un elegante juego de tres moños. Con timidez y acompañada de sus madres se dirigen con su ramo de claveles rojos o blancos a la Virgen de los Desamparados, situada en la Plaza de la Virgen. Las pequeñas con delicadeza se aproximan a ésta colocándole entre las madera las flores, tejiendo entre clavel y clavel el manto que la viste.
A la medianoche, tanto valencianos como turistas, van corriendo por toda la ciudad, para coger el mejor sitio junto al antiguo cauce del río Turia para presenciar el mejor espectáculo de pirotecnia jamás realizado. El manto nocturno se enciende con un juego de colores de fuegos artificiales, llenando de fascinación la cara del público.
La quemada de la noche del 19 de marzo, todas las calles, se alumbran con intensidad, compuesta de puestos de artesanos con infinitud de objetos para llevar de recuerdos acompañado de música ambiente, para animar el lugar y las ganas de bailar. Llegada la hora, todos se dirigen a las fallas despidiéndose para siempre de ellas, antes de que el fuego lo consuma todo con su enérgica viveza.
Otra falla más es muerta por el fuego del 19, pero la cara de estos artistas se ilumina por un nuevo proyecto que inunda sus mentes. La creatividad es un retorno sin fin.

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