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El rugido de la pantera

Desde que tengo memoria leía cómics (o «tebeos» para los más nostálgicos). El mundo de los superhéroes siempre me ha fascinado: Spiderman, Los Vengadores, Batman…Aún a día de hoy, disfruto con momentáneos viajes al mundo de las viñetas y las capas. Sin embargo, ahora (como adulto) reeleo esas historias (o descubro otras nuevas) y veo a esos personajes con otros ojos. Es sorprendente cuánto se puede sacar de unas premisas aparantemente tan sencillas e inocentes. Estos héroes no han sido concebidos solo como entretenimiento, son también un reflejo de la época en la que fueron creados, así como de la que vivimos ahora… Podríamos considerarlos los héroes mitológicos de  nuestro tiempo.

Así, tras esta larga introducción y ante el inminente estreno de la nueva cinta de Marvel Studios, he decidido reflexionar sobre un héroe creciente en popularidad pero que nunca ha sido de mis particulares favoritos. Sin embargo, tras investigar sobre el personaje en cuestión, he descubierto que (al igual que los mejores héroes de la factoría  Marvel) oculta algo más profundo y relevante tras esa aparente capa de inocencia y puro escapismo de sus aventuras. Efectivamente, hablo de Pantera Negra.

En las páginas del número 52 de «Los 4 Fantásticos» (julio de 1966) se nos presentó a este  audaz y felino aventurero, así como a su fascinante reino: Wakanda. Aun a día de hoy, si lees ese número, por supuesto que encontrarás aspectos cursis e infantiles, incluso tópicos desfasados (característicos de un tebeo de los años 60). Pero si se ignoran esos clichés propios del género  y se va más allá del propio planteamiento de la historia, uno descubrirá «detallitos» que dan que pensar: como un país africano considerado como el más tecnológicamente avanzado del planeta (dentro del mundo ficticio marvelita) o un hombre de piel negra en una posición de enorme poder (Pantera Negra no es ni más ni menos que T’Challa, el rey legítimo de Wakanda).

No hay que olvidar el contexto histórico en el que nació este héroe: la conservadora sociedad estadounidense de los años 60, con el Ku Klux Klan asesinando a afroamericanos sin siquiera pestañear, mientras estos últimos luchaban por el Acta de  Derechos Civiles. Presentar ante el público ( principalmente niños y adolescentes) un personaje así en tiempos tan hostiles y oscuros demostraba que la Casa de las Ideas no solo quería entretener a su público con las viñetas, quería hacerlo reflexionar de lo que ocurría a su alrededor. La llegada de T’Challa denotó un claro y valiente posicionamiento político por parte de sus creadores (Stan Lee y Jack Kirby) con respecto a la cuestión racial e inspiró a cientos de jóvenes, en especial (y lógicamente) a afroamericanos como el fallecido Dwayne McDuffie ( creador de «Static Shock» y productor de  la serie animada de «Liga de  la Justicia»).

El rey de Wakanda enfrentándose al KKK.

Pantera Negra es, históricamente, el primer superhéroe/protagonista de descendencia africana en la historia de los cómics. Su creación abrió las puertas a otros héroes como Luke Cage, el Halcón o Cyborg de los Teen Titans, demostrando que los negros también podían ser los héroes principales y no meros secundarios.

Un vistazo a Wakanda, pionero tecnológico del Universo Marvel.

Pero el personaje no solo es genial por lo que supone (ese rey valiente, sabio y de enorme poder concebido en una época y un país donde el racismo parecía estar a la orden del día) sino por otras muchas joyitas que lo rodean… Personajes como las Dora Milaje, una élite de mujeres guerreras que sirven al rey (empoderando no solo a la raza negra, sino a la figura femenina) así como historias clásicas («Panther vs The Klan», en donde el héroe se enfrenta al infame KKK) y otras más recientes («A nation under our feet», en la que se exploran temas tan vigentes como los golpes de estado y la corrupción del poder).

T’Challa acompañado por dos de sus guardaespaldas (las Dora Milaje)

Y mi ejemplo favorito: el hecho de que uno de sus principales enemigos, Ulysses Klaw, sea un traficante de armas blanco que llega a Wakanda para explotar sus recursos naturales ( el preciado mineral conocido como «vibranium») sin importar cuantos nativos puedan caer en su camino ¿Os suena? La codicia y la brutalidad de Klaw no están tan alejadas de aquella «preciosidad» que fue el colonialismo del siglo XIX . Es más, aun a día de hoy, el continente africano sufre las consecuencias de aquella tragedia histórica a través de la avaricia corporativa (no me malinterpreten ni piensen que generalizo, los datos circulan por ahí) enmascarada por términos como «socios económicos».

Ulysses Klaw, junto sus mercenarios, en su obsesiva búsqueda por vibranium.

¿Quién iba a decir que los temas explorados por un tebeo del siglo pasado aun serían relevantes en la actualidad? En el fondo, todo se debe a un proceso de reinterpretación, de adaptación a los tiempos que corren. Aunque también, muy a nuestro pesar, hay ciertas cuestiones que parece que no abandonaremos jamás. Los malos pueden ir y venir, pero el racismo es un tema que, por desgracia, no va a desaparecer tal cual. No solo los controversiales intervenciones policiales en Estados Unidos, hay mil y una formas de racismo y algunas más indirectas de lo que parecen. Por ello, lo que simboliza este personaje sigue siendo de crucial importancia. Es un recordatorio de que, hasta en los tiempos más dicíciles, unos autores pueden llenarse de valor. También es un claro ejemplo de cómo hacer comentario social que cale en la juventud (sin ser un tipo de comentario insufrible, de esos que te restriegan la moraleja por la cara).

Nunca ha sido de mis favoritos, pero ahora aprecio mucho más lo que significa el rey T’Challa. Por todo lo que representa, pienso que debemos situarlo entre el colosal y amplio panteón superheroico, sin ningún tipo de duda. Os recomiendo que le echéis un vistazo a alguna de sus historias.

Muchos dicen que los cómics son «cosas de niños» pero ¿Acaso no se aprenden grandes lecciones de las fábulas y los cuentos más sencillos? Pensad en ello la próxima vez que oigáis algún tipo de comentario como ese.

 

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