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Amistad.
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Amor y otras cosas que pensar

Os prometo que no quería hablar de esto. Soy de ese tipo de personas que odia hablar de los tópicos. Tópicos que hemos creado nosotros, los personas. Sin ir más lejos, el otro día mi profesor de antropología dijo en clase que el amor era una invención humana. Fue algo que me llamó la atención. Solemos decir mucho eso de que “el amor no existe” cada vez que nos indignamos por cualquier situación desagradable que este “invento” nos ha provocado. Las ciencias empíricas dicen que el amor es una reacción química, seguramente sea la respuesta acertada, excepto por el hecho de que a la mayoría de nosotros nos cuesta demasiado creer que nos enamoramos por algo tan poco poético como el olor.

Seguro que más de uno ahora mismo está pensando: el amor lo inventó esa famosa compañía cuyo logo es un triángulo isósceles verde que parece una banderita (ya sé que soy pésima intentando explicar símbolos). Bueno, pues no voy a hacer una pregunta que, a mi modo de ver, no tiene una sola respuesta correcta. El caso es que el amor está ahí, es algo que flota en nuestra realidad, algo que sabemos que existe porque nuestra cultura lo reconoce como tal, y lo acepta, integrándolo como algo intrínseco a todo ser humano.

Y sé que hasta ahora mismo todos estábais pensando que me refería al amor romántico, y sí, no os lo niego, hablaba de ese, pero no absolutamente todo en esta vida se basa en el amor de corazones, flores y bombones (¡vivan los tópicos de nuevo!).

Imaginad por un momento que conocéis a un grupo de personas en vuestra adolescencia, pongámosle a los quince años. Esas personas son encantadoras con vosotros y vuestra relación se va fortaleciendo y poco a poco se crea lo que en este mundo conocemos como amistad. Durante un par de años todo es estupendo: salís juntos, reís juntos, lloráis juntos, bailáis juntos y todos los verbos de este tipo que se os ocurran seguido de “juntos”. Entonces un día, os miráis al espejo y veis que no es que solo haya cambiado un par de cosas, sino que todo ha cambiado. Habéis crecido y ya no sois esa persona de quince años que llegaba a un lugar nuevo. De hecho, casi todo en vosotros es distinto, os gusta como sois, habéis conseguido el fantástico logro de aceptar vuestra forma de ser, por raros que, según los demás, podáis ser, sois conscientes de vuestros fallos, os habéis descubierto como persona y eso es algo más difícil de aceptar de lo que realmente creemos. El problema llega cuando dejáiss ese espejo atrás y os situáis frente a ese grupo de personas. También veis cambios, cambios por todos sitios. Cosas que antes os podían parecer estupendas ahora las detestáis, cosas que antes llegabáis a comprender ahora son algo que sobrepasa vuestra forma de ser, gestos que os parecían graciosos o divertidos, ahora os parecen infantiles o extraños, palabras que antes no os molestaban, ahora sí lo hacen. Os preguntáis a vosotros mismos qué es lo que pasa, hay momentos que os inunda un sentimiento poco reconocible en alguien tan joven, la nostalgia, la nostalgia de lo que fuimos y ya no somos o de lo que nunca volveremos a ser, al menos en el mismo sentido. No os pongáis serios. Porque la cosa no acaba aquí. La verdad con mayúsculas es algo muy doloroso , pero es algo que tarde o temprano debemos aceptar: el cambio existe.

Las personas somos seres cambiantes, seres que se desarrollan, que, normalmente, evolucionan, aunque alguna que otra vez haya personas que se despisten y sea para mal, pero bueno, este no es el caso. Ahora es cuando os toca ser adultos, mostrar a los demás todo eso que habéis aprendido y en lo que creéis, tenéis que tomar una decisión: ¿vais a seguir siendo cercanos a alguien, que, bajo otras circunstancias, en otro momento de vuestra vida, no hubiera sido vuestro amigo? Mi respuesta es sí, y creedme que está más que pensada. Soy consciente de que hay muchos aspectos en los que es inconcebible ponerse de acuerdo: política, religión, niños sí o niños no, si las humanidades son útiles para nuestro día a día (sé que no es el tema más universal pero os puedo prometer que acabas cuestionándote hasta eso). El caso es, que os acaba dando igual, no os llega a importar los gustos, la forma de pensar, si les gusta o no el rosa, y sonreís, sonreís por saber que cada una de las personas que integran ese grupo tiene un universo privado indescifrable, más allá del resto de la humanidad, sabéis que, a pesar de pasar más horas con esas personas que con tu familia casi, habéis sido capaz de desarrollar vuestra personalidad, algo tan, pero que tan importante en una sociedad como la nuestra. Todas las personas, con sus más y sus menos, se quieren entre ellas, se valoran, se aprecian, se admiran, de vez en cuando se odian un poco y sobre todo, son fieles, están ahí.

Y ahora diréis, ¿y por qué ha empezado hablando del amor? Muy fácil. Si lo que os acabo de explicar no es el amor adolescente, el amor que crece, cambia y se transforma, el amor que ocurre mientras no sabemos quiénes somos, ni quiénes queremos ser, el amor que te apoya, que te odia por momentos pero te quiere al mismo tiempo, el amor que te acepta, si todo eso no es amor. ¿Qué lo es?

 

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