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Cuando abro la cortina

Quizá no sepa orientarme,

pero no me pierda.

Quizá me guste la oscuridad y no me dé miedo el silencio.

Quizá pueda entender el jet lag de los búhos o notar simpatía en las hienas.

O quizá no.

Quizá me esté buscando en lugares deshabitados,

pero llenos de magia.

La brujería que necesito para encontrarme,

a ratos.

Porque quizá llegue lejos,

o quizá me quede tan cerca de la realidad que me sea imposible avanzar, vencer, soñar.

Es probable que salga con mucha prisa a por un recado,

o que vaya con lentitud a verte.

Incluso que me sepa el viento a mar,

estando en pleno centro de una ciudad sin costa.

En ocasiones veré color en lo gris,

y también grafitis en alguna pared de un edificio caro.

Y puede que el tiempo me pare,

o que alguien sepa parar mi tiempo.

Porque las cosas no deben seguir un guion.

Ilusionarnos sin implantar una idea exacta de lo que sucederá resulta más satisfactorio.

Y eso es lo bonito,

dejar que las situaciones fluyan de forma natural,

aunque resulten completamente surrealistas.

Así que te diré que disfrutes de los pequeños e inesperados detalles:

de que ese conductor de autobús te ha dado los buenos días,

de que han puesto tu canción favorita en la radio,

de que una niña en bicicleta te ha sonreído,

de que el capuchino de la tarde estaba verdaderamente rico

y tu madre te acaba de llamar para preguntarte cómo te va…

De que la luna hoy brilla más que nunca.

No todo el mundo es capaz de apreciar la esencia de lo singular.

Percibe y siente.

2 comentarios

  1. Bonita reflexión de la vida, no te imaginaba asi. Me alegro

  2. Las cosas más importantes de la vida son pequeñas y pasan deprisa. Tu Reflexión/poesía es bonita hasta decir basta, y más acertada de lo se puede apreciar a simple vista.
    Vivir es no perderse las oportunidades que se nos brinda, aunque el momento no sea el idoneo, aunque no estén en el programa.

    Muchos besos Pili, me ha encantado. 🙂

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