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Café.
Café.

Hambre a la taza

Somos capaces de echar los cereales en el bol mientras oímos una escalofriante noticia sobre víctimas en pleno mar. No podemos oír nuestros placeres y echar las desgracias ajenas en el bol para comerlas porque el egoísmo es quien se alimenta de nosotros.

Esta mañana no me he despertado en la cama. Abrí los ojos en una barca. Ya no tenía mi piel perfumada, mis dedos no tenían las uñas pintadas, mi pelo no estaba limpio.

¿Sabéis que he sentido? Vacío.

Mientras te echabas los cereales y veías imágenes de mi hermana muerta yo me retorcía de hambre. Mientras embobado metías la cuchara en la boca, yo me agarraba a la balsa.

Mientras llenas el recipiente de más leche yo me aprieto el vientre porque no quiero acabar hoy. Mientras a ti no se te pasa la gula insaciable yo grito en silencio. No por mí, por mi vida. Una vida que me robas cada vez que me miras como si no estuviéramos hechos de lo mismo.

Mientras bajas el volumen de mi existencia yo me inmovilizo para no gastar energías. Pienso en mi madre, pienso en mi padre, pienso en mi familia, en mis amigos, pienso en el mundo enfermo.

Pero tú… quieres pensar que somos diferentes, tienes miedo de que te duela el estómago tanto como a mí. ¿Por qué?

Ahora eres tú. Eres tú el que, en lugar de ir a la biblioteca, vas a pactar con la parca mientras yo elijo un disfraz para ser menos humano. Yo voy a hacer como que tu muerte es inevitable mientras reptas por tu existencia. Yo voy a obviar tu realidad mientras te asesino con mi conformidad.

Pero no…

Hoy me he levantado en mi cama. Un día más.

Y tú también.

Un comentario

  1. Pocas veces me emociono lo suficiente con los relatos cortos. Siempre se me quedan a un segundo del éxtasis, siempre un segundo antes de que consigan dejarme con la miel en los labios…
    Es algo más que simplemente el hecho de que sean cortos, es la falta de profundidad, son las dos dimensiones del papel que no acaban de trascender; que no se me acaban de abrir como una ventana hacia un mundo nuevo.
    Hoy has conseguido que sienta de nuevo esa sensación que pocas veces siento: la de algo tan simple, tan visceral, que no necesita casi ni de palabras para ser expresado.

    No sé como decir lo mucho que me ha gustado… y lo doloroso que ha sido leerlo. Genial.

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