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Ávalon. / Beatriz Zazo Luengo
Ávalon. / Beatriz Zazo Luengo

Los caballeros de la mesa dentada I

MORGANA

Morgana vivía lejos de la ciudad, lejos de la polución de los caballos de vapor y de las armaduras a presión.

No le gustaba el rumbo que estaba tomando Ávalon, su tierra, tras la llegada de aquel viejo loco, de aquel inventor nefasto llamado Merlín… pero no podía hacer nada para remediarlo, ella no era nada más que una simple campesina, una simple niña que había vivido y siempre viviría fuera de los muros chirriantes, plagados de engranajes, de la gran ciudad. Era algo que no le afectaba.

Además: fuera de las murallas se podía respirar sin necesidad de máscaras… ¿Aún podía ser peor, no? El progreso exigía sacrificios…

Andaba por el prado de camelias, últimamente cada vez más mustias, con su cesta lista para recoger las hierbas que su madre, Ingraine, la curandera, le enviaba a recolectar según la necesidad. Era un trabajo sencillo, divertido, digno de una chica de campo feliz como era ella, que le permitía soñar y mantenerse viva.

Su pueblecito, una aglomeración de cabañas sin mucho orden, se encontraba en las lindes del bosque de Brocelianda, lejos de cualquier ciudad motorizada, lejos del progreso… y aún así, para su gusto, mucho mejor lugar para vivir que las ciudades amuralladas de la nobleza. Aquel día, no obstante, aquel día nefasto las cosas cambiaron.

Aún de madrugada su madre la sacó de la cama con el terror dibujado en la mirada. Su rostro, habitualmente serio, nunca feliz, ahora estaba empapado en lágrimas. Por la ventana podía verse la luz vacilante, anaranjada y aterradora que solo un gran incendio es capaz de producir.

-Tienes que salir de aquí Morgana -fue lo primero que le dijo su madre cuando las brumas del sueño la abandonaron lo suficiente como para dar paso a otro tipo de confusión, una teñida de miedo- los soldados saben quién eres.

Balbució algo, ni siquiera pudo saber el qué, y recibió una fuerte bofetada como respuesta. Morgana solo pudo llevarse una mano a la mejilla, caliente y dolorida, sin comprender nada, sin atinar a llorar siquiera.

-¡No es el momento! -le gritó su madre, luego rompió repentinamente a llorar y la abrazó. Sus siguientes palabras las susurró en su oído, su respiración cálida levantando los pelos de la nuca, su voz ronca por el miedo y la pena- sin preguntas, sal por la puerta de atrás, aún hay esperanzas para ti.

La niña poco a poco fue siendo consciente de la situación, de los gritos en el exterior, de los sonidos de las armaduras, de las armas a vapor, del crepitar del fuego, del olor a humo… el terror se fue apoderando poco a poco de ella, pero su madre no le dejó tiempo a que arraigara.

La sacó de la cama de un fuerte tirón, su mano como una tenaza de acero le hacía daño al sujetar su pequeña manita de niña pero decidió no decirle nada. Corrieron por la casa, ella aún en pijama, mientras se oía el sonido de golpes de acero contra la puerta principal. Morgana, en su confusión, se alegró internamente de que siempre cerraran con aquella pesada viga de madera que normalmente pretendía protegerlas de posibles ladrones, que pensaran en dos mujeres solas, como en un blanco fácil pero que hoy las protegía de un horror al que ella no acababa de ponerle nombre.

La casa era pequeña por lo que llegaron enseguida a la puerta trasera, la que daba al corral de los cerdos, junto al bosque; su madre, histérica, solo era capaz de repetir un no hay tiempo, ronco, que la asustaba. Su madre abrió de par en par aquella hoja de madera, mucho menos protegida pues el bosque ocultaba el pequeño cobertizo tras la casa, justo cuando el sonido de las acuciantes llamadas enguantadas en hierro y los gritos de los hombres dio paso al sonido de las armas a vapor haciendo astillas la entrada principal.

-No puedo acompañarte, Morgana, nos perseguirían a las dos -dijo su madre, arrodillándose junto a ella- necesito que corras, hija. Que corras hacia el bosque y que no mires atrás. Que no vuelvas, oigas lo que oigas y pase lo que pase, ¿lo entiendes?

El sonido de las hachas con sus hojas al rojo vivo, alimentadas por las calderas que llevaban los caballeros a sus espaldas, se había intensificado. Morgana sabía que aquellos soldados estaban intentando matarlas, que los caballeros de la mesa dentada estaban atacando su pueblo… pero ¿por qué? La confusión, el sueño, el miedo, la ira por ver a su madre en el estado tan deplorable en el que se encontraba (arruinado el cabello sobre los hombros, aterrorizada, llorando…) se mezclaban en un maremágnum que no le dejaba pensar con claridad.

-¿Lo entiendes? -volvió a preguntar su madre, desesperada, mientras la zarandeaba por los hombros.

Por toda respuesta Morgana se echó a llorar.

Su madre la observó llorar unos segundos, pena infinita en sus ojos, resolución inquebrantable en su rostro. Se levantó despacio, el terror parecía haberla abandonado completamente, y recitó un par de palabras en una lengua que solo ella y su hija compartían <<palabras prohibidas>>, pensó la niña, estupefacta, mientras sentía como sus pies perdían el apego al suelo.

Una grieta se abrió en la puerta, tras ella fuego, armaduras plateadas, calderas de vapor, armas de dientes serrados, al rojo, y viseras de yelmos tras los cuales solo se adivinaba oscuridad. Estaban a punto de entrar.

-Hija mía, Uther Pendragón es tu padre, el rey, el hombre al que le debemos tener que vivir escondidas -comentó su madre, encarándose a lo que en otro tiempo había sido una puerta y ahora ya tan solo era un agujero a los infiernos que se iba abriendo más y más con cada nuevo golpe de los caballeros. Morgana estaba levitando en el aire- me violó hace años, y de mi vientre salisteis tú y Arturo, gemelos, pero tu padre no quería niñas… así que ordenó tu muerte -su voz pausada, su postura tranquila, le daba la espalda a la niña que ya solo podía suplicar con voz lastimera- no sabía que era bruja claro, si no se lo hubiera ordenado a semejante chapucero -parecía divertida- pero ahora nos ha encontrado y me temo que no va a ser tan sencillo.

Su madre se giró hacia ella una última vez, Morgana lloraba a moco tendido, le suplicaba que la dejara quedarse, que la acompañase al menos, que no la dejase sola… una sonrisa, probablemente la primera que vio de ella en años, tiñó de cariño el rostro de aquella mujer tan bella.

-Busca el prado de las hadas, diles lo que ha pasado, ellas te acogerán. No salgas del bosque, vive feliz y crece. Eres una chica fuerte, sé que podrás hacerlo sin mí, tan solo sé feliz, ¿de acuerdo? -su madre hizo un gesto con la mano, como de despedida, y Morgana salió corriendo por la puerta abierta, atravesó el corral de los cerdos volando, levitando, y salió dando tumbos por una de las ventanas del pequeño cobertizo, chocando con ramas de árboles y adentrándose en el bosque a una velocidad que le arrancó el aire de los pulmones. La última imagen que vio, una que nunca conseguiría sacarse de la cabeza y que forjaría su sed de venganza durante los años en el prado de las hadas, fue la de los caballeros del rey arramblando, finalmente dentro de su casa, con todo a su paso. Su frágil madre era lo único que había en su camino, vuelta de espaldas a ellos, despidiéndose con la mano de Morgana con una sonrisa triste en los labios.

Dibujo: Beatriz Zazo Luengo

15 comentarios

  1. Me ha encantado el cuento necesito ver mas partes estoy con la intriga jooo 😍 Buen cuento, buena imaginación, sin palabras… ¡¡¡¡Eres el mejor!!!!. 😝

  2. Me encanta tu forma de describir y narrar… Gracias por hacernos disfrutar!!

    • Gracias a ti por tomarte el tiempo de leerlo y me alegra infinito que lo hayas disfrutado, creo que no me merezco tantos halagos… pero te agradezco los ánimos, ayudan y mucho.

  3. Triste y bello…¿habrá segunda parte?

    • Sí, la habrá, o al menos algo parecido jejejeje

      PD: dile a Urko que deje un comentario si quiere que continúe la historia, que es un sieso!

  4. Vaya! Está super la historia y me eh quedado con ganas de mas.

    • Espero que te guste tanto el siguiente como este, creo que continuaré un poco la historia ^.O
      PD: me ha alegrado muchísimo tu comentario, no se como has llegado hasta aquí pero me alegra muchisimo que te hayas tomado el tiempo de comentar.

  5. Se me abre el corazón cuando veo que sigues escribiendo tus historias, tienes un talento indiscutable y espero leer algun día una novela tuya ~ I miss you.

    • 7 años sin vernos y aún buscas mi nombre de vez en cuando en google. Casandra, de verdad, eres una persona maravillosa. Espero que nos veamos pronto de nuevo.

  6. Felicidades Cipri! Sabes como mantener los ojos del lector prisioneros de las palabras y deseando una continuación a cada relato…

  7. Fernando Montes Vázquez

    Muy buena la vuelta de tuerca a la historia Cipri 🙂

  8. Estremece y cautiva. Las puertas a la imaginación se abren a la par que el relato se va desarrollando. Bello y sensorial

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