No te pierdas:
Inicio / Miscelánea / Palabras que son vaho en multitud de ventanas
Vida.
Vida.

Palabras que son vaho en multitud de ventanas

Me encontraba frente al espejo de mi habitación, allí había colocado una pequeña mesa de escritorio y una silla sin respaldo. Sobre la mesa una libreta en envidiable estado en comparación con el bolígrafo que reposaba encima de sus páginas. La mesa estaba allí con un propósito, escribir sobre quién soy, conocerme mediante la observación y la reflexión, aprender a querer mi imagen y lo que representa para mí.

Tres horas me quedé sentado con la mirada clavada en la mirada de alguien que no conocía y al que había visto tantas veces de pasada al lavarme los dientes o viajar en el asiento del copiloto. No entendía bien la finalidad de ensimismarme (quizá no sea correcto el término, tal vez debiera usar “enmimismarme”), lo único que sabía es que me era imposible ante mi reflejo. Si la imagen casi exacta de mi persona no me aproximaba a conocerme, ¿qué lo haría? Tres largas horas repasando cada pelo de mis cejas, cada lunar, cada curva y cada recta, cada tono y brillo de mi piel sin ser capaz de tener un solo pensamiento a favor o en contra, de agrado o desagrado. Tres horas centrado para ver lo mismo que de pasada, y aún hoy sostengo que yo no estaba allí, ese no era yo.

Frustrado por la incapacidad de hacerme a la idea de mí y con cierto dolor de espalda por la endiablada silla cerré el cuaderno y me levanté a estirar las piernas. Mi reflejo hizo lo mismo pero con cierta falta de sentimiento en ello, a mí realmente me hacía falta estirarme. Entonces empecé a jugar con el movimiento. Contemplaba como esa “falta de yo” podía verse en el espejo cuando se trataba de imitar mis expresiones faciales o mis movimientos impulsivos. Mi reflejo carecía de experiencias y eso era lo que nos diferenciaba, tanto que no podía conocerme mediante su estudio.

¿Quién soy? ¿Qué soy? Si quería responder a eso tenía que saber qué había vivido y quién había sido. Al principio probé con repasar mi vida siguiéndome la pista a través de fotografías y anuarios, incluso encontré algún diario y trabajos escolares titulados “Mi verano” en los que databa algunas experiencias. Esto me sirvió para añorar paisajes, personas y hasta olores; pero seguía sin reconocerme en todos esos documentos, tal vez un poco en la forma de escribirlos o en el recuerdo de las experiencias. Algún anuario cayó intencionadamente al suelo de forma brusca y algunas fotos quedaron arrugadas por encima del escritorio. Algo de rabia me erizaba la piel, era un sentimiento reconfortante la escasa, pero palpable obsesión por saberme.

Registrando algunas cajas con papeles y carpetas topé con una que llevaba escrito “Obras” en uno de los laterales de cartón. En su interior descansaban numerosas libretas tan maltratadas como las fotos y el bolígrafo. Tres horas pasé leyéndome. Tres largas horas analizando cada personaje que había nombrado y cada concepto sobre el que había escrito. En tres horas no pude leerme del todo, pero noté que empezaba a encontrarme. Yo no había sido solo aquel chico de las fotos y los diarios; yo había vivido mil vidas y en cada una había dicho mil cosas, sentido cien y experimentado otras mil. Cada personaje con sus conflictos y sus hazañas era yo, con mis conflictos y mis hazañas. Había sido un profesor, un soldado, un niño que va a la escuela… Un escritor.

Había posado mi pluma en un solo papel pero dejado mis palabras en multitud de realidades (y multitud de realidades en mis palabras). Tantos nombres, tantos hogares, tantos y tan diversos caminos. He sido tanto, quizá también esté siendo esto. Quizá no exista espejo, ni silla, ni dolores de espalda, ni siquiera una caja. Pero si existe este personaje, existen sus palabras y reflexiones, es una experiencia, unas conclusiones. Y poco a poco cada una me permite conocerme mejor.

Por eso no puedo dejar de escribir. Estoy en una conversación conmigo mismo.

Un saludo.

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

x

Te puede interesar

Vidas y muertes

Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir: allí van los señoríos, ...

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Ir a la barra de herramientas