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Imagen de John Blow.

¿Qué es musa y qué arena?

Trataba yo de evadirme de mis problemas dando un largo paseo por el jardín de las musas. Hoy las encontraba especialmente ausentes, quizá mosqueadas por mi manía de recurrir a ellas cada vez que me siento solo, atrapado o perdido.

El jardín es un lugar lleno de vegetación, perfecto para inspirarse y dejar fluir sobre blanco todo lo que uno lleva dentro, pero quizá porque mis penas me nublaban los ojos, hoy no fui capaz de ver más que un paisaje de arena. Nada se alzaba sobre mi cabeza, solo un sol abrasador y un cielo gris, despejado pero gris.

Cansado de andar con caminares pesados de enterrar y desenterrar los pies a cada paso decidí sentarme a reparar en mis particularidades emocionales. ¡Viajar a un mundo de musas para acabar en soliloquio conmigo mismo! Tras largo tiempo buscando, mirando los entresijos de mi ser acabé por darme cuenta de que estaba estancado, “¡última parada!” gritaban las voces de mi cabeza como tratando de hacer notoria mi incapacidad de avanzar. Todo era tan frustrante.

Nunca había llegado al “final de trayecto”, las veces que me excedía en pensamientos siempre eran interrumpidas por una voz dulce y suave, “perdón por la tardanza”, seguida de manos que me acariciaban cuello y hombros y desanudaban a la par que desnudaban mi mente. Ahora sabía que las musas no iban a interrumpir, que tenía que salir con mis propios pies de esa situación. Tenía que tratarme esas voces y los escalofríos en la nuca. Cesar el ardor en los ojos y el atasco en la garganta.

Hoy estuve en el desierto de las musas, una verdadera dosis de realidad, tomar conciencia de mis errores, hacer visibles mis inseguridades y manías. Hoy estuve, hoy estoy, mañana estaré. Es una especie de cuarentena que a veces se escoge, pero que a mí (quizá por ego) me sorprendió de obligado cumplimiento, bajo el juramento de que si durante mi enclaustro escucho una voz dulce o noto finas manos en mi cuello, me retiraré disculpándome, sin dejar que me hagan creer que se han sanado mis horrores.

Un comentario

  1. ¿Reflexión? ¿Poesía? ¡Los dos! No sé donde termina la metáfora y donde empieza la lírica, creo que era la intención, pero me has dejado pensando en muchas cosas…
    Supongo que nadie está libre de sus horrore.

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