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Trenes de paso y sin regreso

Quién lo diría…..
11 de Noviembre, día muy esperado para ella. Andaba nerviosa de un lado hacia otro con sus manos temblorosas, aunque no se sabía si era por puros nervios o por el frío que se empezaba a entrever. Hoy era el gran día, el día en el que se iban a volver a ver después de casi ocho meses manteniendo el contacto sólo por teléfono y la verdad es que ella tenía ganas de sentirlo cerca, de abrazarlo, revolverle el pelo como siempre hacía, observar su sonrisa, mirar sus ojos… Fascinación sentía por ellos ya que era mirarlos y parecía que su mundo de alrededor dejaba de existir; era como entrar en un mundo paralelo en la que no existía el miedo, sólo las ganas de vivir.
¡Las once y cuarto ya! Corrió a la ducha, bueno si eso se puede llamar una ducha…estuvo cinco minutos bajo el agua enjabonándose y salió a vestirse lo más ligera que podía. No podía llegar tarde, no podía hacerlo esperar ni a él, ni a este gran momento que puede que no volviera a repetir en mucho tiempo, quién sabe… por ello lo aprovecharía. Cuando se había puesto sus botas de tacón y tenia el maquillaje impecable se aseguró de que tenía todo lo necesario en su bolso, no faltándole de nada. Así que ya estaba lista para coger el tren y preparada con una sonrisa que iluminaba su rostro ¡hoy sería un gran día!
Dos horas y media de tren, vaya trayecto…. después de tanto tiempo sin recorrerlo ya no se acordaba de cuántos acantilados y vibraciones del tren tenía que soportar para ir a Málaga, pero valía la pena hacerlo un millón de veces si sabía que al llegar, él la estaría esperando. Y sí, era cierto allí estaba él, con su jersey de lana y esos pantalones vaqueros que tanto le gustaban; era increíble cómo ya empezaba a conocer hasta su ropa…
¿Y ahora, qué debía hacer? La pregunta que se había echo durante todos estos días, pero sabía que el momento lo merecía así que ella hizo lo que quiso sin importar lo que pensara la gente. Se abalanzó dándole un gran abrazo porque sí, porque por fin lo volvía a tener cerca, por fin.
¿Y cómo no? Todo salió como esperaba, un día perfecto entre risas y paseos por la ciudad desde esa misma tarde cuando ella llegó a Málaga hasta las tres y media de la mañana, hora en la que sus pies le pedían auxilio obligándola a andar descalza el trayecto que quedaba hasta la casa de él. Y…¡Madre qué cama! Al acostarse parecía estar surcando el cielo por medio de las nubes blanditas y blancas, por no decir también lo calentitas que eran las sábanas de terciopelo…Puf y mañana ya tendría que marcharse de nuevo a su hogar con las pocas ganas que tenía de volver a su vida monótona dedicada al trabajo ¡Qué rápido pasaba el tiempo! Y sólo pensaba en que ojalá tuviera unos días más o una vida entera… ojalá así, sin más pretensiones, sólo él, ella y la tranquilidad de saber que todo va bien.

El día siguiente amaneció soleado acompañado del sol que caldeaba el ambiente junto con unas pocas nubes blancas decorando el cielo, nada comparado con el día de ayer. Ella se levantó de la cama para ir a buscarle ya que no estaba donde lo había dejado durmiendo ayer. Ella entró en la cocina donde olía a café recién hecho mezclado con el olor de unas magdalenas horneadas; se miraron, se sonrieron pero entonces él agachó la cabeza…algo iba mal. A pesar de que intentaba mostrarse como el día anterior, estaba diferente…frío, decaído; él sonreía pero su mirada estaba perdida y decía “No estoy Bien”. Desayunaron y ambos se vistieron, eran las doce de la mañana y el tren salía a las dos de la tarde, así que ella debía prepararse y llegar a la estación con tiempo. Durante el trayecto en coche estaban más pendiente de la carretera que de aprovechar el poco tiempo que les quedaba juntos, hablaban pero eran pequeños comentarios monosilábicos, comentarios sin sentido. Al llegar a la estación, él aparcó el coche y al bajarse ella cogió el billete para enseñárselo al de seguridad, entonces apareció de nuevo la pregunta ¿Y ahora, qué debía hacer?
Esta vez sólo se abrazaron, un abrazo sin más como si de dos desconocidos se tratase, dejando atrás todas las risas, las noches juntos, los momentos vividos, los trayectos en tren…. Así sin mirar atrás cogió el tren sabiendo que ya no serían los mismos, que ya no habría más despertares juntos, más amaneceres compartidos.
Sí, quién lo diría…

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