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Así muere la democracia Gallardón, con un aplauso

Comienzo parafraseando a la princesa Amidala porque no se podría describir mejor: lo que ha ocurrido con la propuesta del PSOE de retirar la ley del aborto es lamentable. Aunque el voto ha sido secreto, el Partido Popular ha votado en masa rechazar la propuesta de los socialistas. Y ocurre después de que algunas personas del PP mostraran públicamente su disconformidad con la reforma de Gallardón. Yo me pregunto: ¿vale más apoyar al partido y seguir la disciplina de voto que tus propias convicciones, máxime en un tema tan trascendental? Pues parece que sí, y es bastante triste. En cualquier otro tema, en nuestro sistema parece lógico que se siga una disciplina de voto recia para que el partido de turno pueda sacar adelante sus proposiciones o tumbarlas. Puede ser discutible esta dinámica, con la que no termino de estar de acuerdo. Pero en asuntos tan graves y que afectan a los derechos y a las convicciones más profundas de la persona, se debería prescindir de la disciplina de voto.

¿Vale más apoyar al partido y seguir la disciplina de voto que tus propias convicciones, máxime en un tema tan trascendental?

Señoras diputadas del PP que habéis manifestado públicamente vuestra oposición a la reforma: ¿dónde quedan vuestros principios al apoyar a Gallardón, a una ley que  no queréis? Cuando hacéis eso lo que demostráis es que vuestros principios los dejáis en la puerta del Congreso de los Diputados, junto a vuestra legitimidad. Demostráis también al conjunto de la ciudadanía que sois sólo una mano robótica que presiona un botón, un títere cuyos hilos terminan en vuestro dedo y comienzan en la cúpula del partido. Los principios, ese concepto tan anticuado. Es mejor no diferenciarse del resto de compañeros, apoyar a la mayoría y enterrar nuestras ideas al fondo de un cajón. Y para taparlos, la nómina de varios miles de euros de congresista. Es un buen dinero, y aunque renunciemos a los principios, reconforta. Así muere la democracia, porque los principios no valen nada.

Por otro lado, eso de que se legisle desde el Gobierno para una minoría, cansa. Entraron a gobernar con el apoyo de asociaciones religiosas, la Conferencia Episcopal, el Opus Dei y los «pro-vida» (término que me hace mucha gracia, porque son «pro-vida» sólo para el aborto, y los desahucios: la pobreza extrema y los suicidios no les interesan). Se deben a sus votantes, pero tampoco me creo que el grueso de los votantes del PP tengan las mismas ideas, cuando es un partido que engloba a toda la derecha, desde el centro hasta la extrema derecha. Y que se dediquen a cumplir, punto por punto, los deseos y reclamaciones de la Conferencia Episcopal y del Opus Dei, de tapadillo, porque éstos no hacen declaraciones, quema mucho. Porque ellos tendrán su ideología y sus creencias, que me parecen muy respetables aunque no las comparta, pero ni están en posesión de la verdad absoluta ni tienen por qué imponer su ideología al resto de mortales. Aspiran a convertirnos a todos en feligreses sumisos, pero el Gobierno no debería convertirse en el «brazo legislativo» de los obispos.

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