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Máquina de escribir.
Máquina de escribir.

Así no puede ser

Por Ramón Reig.

Bolonia es un fracaso desde que empezó y el fracaso sigue en aumento. Debo ser un mal profesor pero, en mi caso, me es imposible formar a futuros comunicadores integrales o a futuros periodistas en las condiciones deplorables a las que una mala copia del sistema estadounidense nos ha llevado. En docencia se imita a Estados Unidos y en investigación también, se suele reducir la investigación en periodismo a una serie de textos cuantitativos, a base de tartas y cuadros, sobre cuántas veces se repite la idea carne con patatas en la sección de un periódico desde una fecha hasta otra. Con esos temas y similares se van logrando sexenios, si tuviera que enterarme de lo que está ocurriendo en los entresijos del periodismo por las revistas de investigación llamadas fuentes, sería un analfabeto funcional absoluto y mis alumnos también.

Esos entresijos del periodismo la licenciatura me permitía impartirlos en un curso completo, en nueve créditos, ahora debo hacerlo en cuatro meses con seis créditos. Sobre el papel, cada uno de esos seis créditos equivale a unas veinticinco horas de trabajo frente a las diez horas de los créditos de licenciatura pero todo el mundo sabe que es falso, que los profesores no podemos tutorizar a casi trescientos alumnos con los que cuenta la Universidad de Sevilla sólo en el cuarto y último curso del Grado en Periodismo. Hace poco hablaba con el profesor Tristán Mattelart y me decía que en la Universidad París 8, en la que imparte clases, tenían en total novecientos alumnos de periodismo en todo el grado.

En la licenciatura se impartían todas las horas y a pesar de ello era imposible abarcar la explicación de las estructuras de poder en el mundo y su conexión con lo mediático que de eso va mi materia. En el grado te dicen: “tiene usted que impartir eso en seis créditos”, que, de facto, no son veinticinco horas por crédito sino diez, como antes, y encima añádale al estudio de las estructuras de poder el de las políticas de comunicación. Advertí a quienes deseaban eso que era una barbaridad –se trata en realidad de tres-cuatro materias en una- pero no me hicieron caso, tal vez pensaban en ellos, no en los alumnos, de sobra es conocido que cuando se elaboran nuevos planes de estudios se suele pensar más en otros asuntos antes que en los intereses de quienes pagan una matrícula y el estado les otorga el derecho a ser formados en lo que desean ejercer en la vida.

A su vez, los alumnos, en cuarto de grado, están agobiados no sólo por lo que se les viene encima al salir de la facultad sino por las asignaturas, el TFG, las prácticas en empresas… ¿Cómo aplicar así Bolonia? Los discentes aparecen y desaparecen de las aulas, te plantean múltiples avatares, unos para intentar aprobar con facilidad, otros exponen asuntos de peso que hay que tener en cuenta. ¿Cómo separar la paja del grano, es decir, a esos alumnos acomodaticios que nunca debieron entrar en la universidad y menos en periodismo, de esos otros a los que se les nota que van a aprender en lugar de a aprobar calentando el banco?

La situación es muy grave, a la falta de puestos de trabajo por la crisis y por la desidia empresarial se une esta impotencia para preparar a los profesionales de la información del mañana, una profesión imprescindible para la democracia. El alumno consciente del último año de una titulación termina “quemado” y el profesor piensa cada vez en mayor medida en jubilarse. De toda esta dinámica se aprovechará la universidad privada, el dinero matará al talento como casi siempre, es una especie de retorno a los orígenes de la universidad.

En este contexto, los rectores españoles se reúnen, los alumnos desarrollan asambleas y los departamentos siguen su curso pero, ¿se están planteando de verdad plantarle cara al problema? ¿Qué es eso del 3+2? ¿Qué es eso de dar unas cuantas nociones y dejar el resto para los másteres? Artículo 9, Real Decreto 1393/2007, de 29 de octubre, por el que se establece la ordenación de las enseñanzas universitarias oficiales: “Las enseñanzas de Grado tienen como finalidad la obtención por parte del estudiante de una formación general, en una o varias disciplinas, orientada a la preparación para el ejercicio de actividades de carácter profesional”.

Por tanto, mi obligación es que el alumno salga ya apto de la universidad para empezar a ejercer su profesión, lo del máster es otra cuestión complementaria pero en periodismo es común que el “máster” se desarrolle con el ejercicio de la profesión. Lo que habrá que plantearse ahora es si las facultades de comunicación y periodismo preparan realmente para ejercer esa profesión o hay obstáculos claros y esenciales que lo impiden o pueden impedirlo.

Afrontar estos problemas claves es, a mi juicio, la mejor manera de defender la universidad pública, mucho mejor que el jaleo de las camisetas, las manifestaciones, los pitos y todo ese ritual que “venden” las supuestas fuerzas “alternativas” que, en mi opinión, deben de una vez emprender la tarea de enfrentarse a una fuerte autocrítica, algo que en la actualidad parece que se ejerce poco.


BIOGRAFÍA

 

Ramón Reig.

Ramón Reig.

Ramón Reig es catedrático de Estructura de la Información de la Universidad de Sevilla. Desde 1975 hasta 1991 ejerció el periodismo (El Correo de Andalucía, Mundo Diario, El Imparcial, Mundo Obrero, La Vanguardia, La Voz del Guadalquivir, Radio 80-Antena 3 Radio, Federación de Empresarios del Metal, Oficina del Portavoz del Gobierno de la Junta de Andalucía…) y desde 1991 a la actualidad es profesor en la Universidad de Sevilla. Ha publicado más de treinta libros sobre comunicación, entre los que se encuentran: Medios de comunicación y poder en España, El éxtasis cibernético, Dioses y diablos mediáticos, El periodista en la telaraña, La telaraña mediática, Los dueños del periodismo, Todo Mercado, Crisis del sistema, crisis del periodismo. Fundó el Laboratorio de Estudios en Comunicación (Ladecom) y dirige el Grupo de Investigación en Estructura, Historia y Contenidos de la Comunicación (Grehcco).

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