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Camino hacia la distopía

Hace unas semanas me encontraba con mi familia viendo la televisión y, cambiando de canal, vi en laSexta un reportaje que me hizo replantearme, una vez más, a qué modelo de sociedad vamos encaminados. En él, se hacía hincapié en el papel actual de gigantes tecnológicos como Apple o Google a nivel mundial. Todos nosotros, usuarios de este tipo de empresas de una forma u otra, estamos acostumbrados a ser testigos de las numerosas ventajas que acarrean sus productos y servicios en nuestra vida cotidiana. Pero ¿qué hay detrás de toda esta imagen de marcas? Encontré relevante este reportaje precisamente por esto, por hacernos ver lo que verdaderamente se esconde detrás de iconos como el de la manzana o de las simpáticas letras que conforman el logotipo de Google. Empecemos con un ejemplo claro: nadie, o al menos la mayoría de nosotros, para a leerse los términos de uso de aplicaciones usadas tan asiduamente como WhatsApp, propiedad de Facebook. Entendemos que no suponen ningún tipo de perjuicio contra nuestra persona, confiamos en la empresa y cedemos ante ella. No nos paramos a pensar que todas estas aplicaciones requieren de nuestros datos para su uso, datos que son mucho más valiosos de lo que creemos. Son estos datos los que suponen la mina de oro de estas empresas para conocer de la manera más fidedigna posible a sus consumidores potenciales de cara a otras para la compra de sus productos. Por supuesto, esto conlleva una maximización de sus beneficios. Estos datos conforman la conocida actualmente como Big Data. “Cuando un servicio es gratuito, nosotros somos el producto”, es una de las premisas de las que se partía en el reportaje.

Estas empresas, haciendo honor a lo que son, han mostrado un incesante afán de crecer a cualquier precio. No ya solo por las numerosas desavenencias con los distintos gobiernos, como el estadounidense, y sus conocidas evasiones fiscales, sino por sus últimas acciones por las que están demostrando que no se van a contentar con controlar los mercados a los que en un principio iban destinadas: simplemente lo quieren todo. Ahí tienen a Google haciendo sus primeros pinitos para convertirse no solo en el buscador más utilizado a nivel mundial, sino también en un banco, o Apple, queriendo comprar la marca automovilística McLaren.

Por otro lado, son estas están impulsando un nuevo modelo de mercado laboral que, debido a la suma implantación de tecnología en todo lo que nos rodea, promete acabar con millones de empleos en los años venideros. Y es que en este modelo, vayan haciéndose la idea, no cabremos todos. No son pocas las voces que, preconizando el futuro de una situación que ya desde sus inicios promete ser insostenible, empiezan a hacer un llamamiento a los distintos gobiernos mundiales para la implantación de una renta básica universal que mantenga un nivel de vida digno para el resto de personas que no puedan verse beneficiadas de este nuevo marco laboral. Ejemplo de ello es Amazon y su apuesta por modernizar los supermercados con Amazon Go, en un intento de implantar diversos dispositivos tecnológicos que tienen como objetivo la reducción de costes de la empresa al carecer de trabajadores a los que remunerar por su labor.

Atrás comienza a quedar esa imagen de buenismo tecnológico progresista por el que se las catalogaba. Recordemos que incluso Google llegó a ser condecorada con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2008 por su innovación en el campo de los navegadores de búsqueda y por la labor filantrópica de su filial Goolge.org.

No debemos olvidar que hablamos de empresas, no de ONG´s, y que por tanto buscan un beneficio individual. Sería injusto, por otra parte, no reconocerles sus méritos. Nosotros, los periodistas, nos hemos visto impulsados a adoptar las nuevas tecnologías que estas grandes empresas han facilitado para el desarrollo de una nueva forma de entender la información y que esta llegue a prácticamente todo rincón del mundo. Móviles, compras online, redes sociales y demás han supuesto una verdadera revolución a inicios del siglo XXI en numerosos aspectos. Pero hemos de saber ante qué nos encontramos, y sería conveniente que nos diéramos cuenta de que la misma tecnología de la que nos beneficiamos puede llegar a resultar perjudicial para el desarrollo de las sociedades futuras si no establecemos un equilibrio entre nosotros y esta más pronto que tarde.

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