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Charlie Hebdo. Libertad de expresión, xenofobia y otras cuestiones

Para ser sincero, no tengo demasiada experiencia en el género de la opinión (este es el primero) así que espero me disculpéis si no me adecuo a la plantilla convencional, si es que la hay, para este tipo de escritos.

Vengo a hablar acerca de algo sobre lo que, en esta última semana, parece ser que todo el mundo ha dado ya su opinión (así que me disculparéis también si llego con algo de retraso). Vengo a hablar de la libertad de expresión. Un asunto que parece haber cobrado una inusual relevancia a raíz del ataque terrorista contra Charlie Hebdo. Con este artículo no pretendo darle más mecha a este terrible atentado sobre el que han corrido ya ríos de tinta. Se trata de un asalto intolerable contra la vida y la libertad, y no tengo más que decir a ese respecto. Mi objetivo es ir un poco más allá y, si me permitís el atrevimiento, invitaros a reflexionar sobre algunos aspectos de esta tragedia que no han tenido, para mi gusto, la relevancia que se merecen.

Para empezar, imagino que a día de hoy la mayoría de vosotros conocéis en qué consiste el yihadismo. Si no es el caso, basta con saber que se trata de una facción extremadamente radical y violenta de la religión islámica, que no duda en utilizar cualquier medio a su disposición para reprimir otras ideologías distintas a la suya. Una vez aclarado esto, creo que no conlleva demasiado tiempo percatarse de la diferencia entre yihadista y musulmán. Simplifiquemoslo con una metáfora: todos los atunes son peces pero no todos los peces son atunes (regla que, dicho sea de paso, también puede aprovechar usted para “independentistas” y “catalanes”, señor Rajoy). Muchos tendréis muy claro esto pero me gustaría hacer notar que en ciertos sectores de la sociedad, el movimiento de apoyo hacia Charlie Hebdo ha derivado en algo más oscuro y peligroso: la xenofobia. Porque, además de los alentadores mensajes en defensa del semanario, no han escaseado en la calle y en las redes sociales los mensajes de violencia y rechazo contra el pueblo musulmán. No voy a entrar a discernir si el Corán incita o no a la violencia. Lo que vengo a decir es que, además de la libertad de expresión, existe un derecho llamado libertad de culto, y si queremos que se respete nuXenofobiaestra libertad para expresarnos, debemos hacer lo propio con ese derecho. Y esto vale para cristianos, judíos, ateos o personas de cualquier otra ideología. Las publicaciones de Charlie Hebdo no amenazaban esa libertad de culto, simplemente se trataba de críticas humorísticas, a diferencia de mensajes como estos, que sí suponen un ataque contra la libertad de creencia.

 

Los límites de un derecho acaban donde empiezan los de otro

Una vez cerrado ese punto, quiero recordar un asunto muy simple y que muchas veces pasamos por alto. Si bien las muertes de los periodistas, la policía y los rehenes son sucesos sumamente trágicos y lamentables, no son los únicos. Cada día Estado Islámico, Al-Qaeda y muchas otras organizaciones terroristas violan brutalmente, tanto el derecho de expresión, como el derecho de culto y el derecho a la vida y la dignidad, con el asesinato de miles de personas al año. Un hecho que se ha vuelto tan habitual que, o bien pasa desapercibido en los medios, o directamente no nos llega noticia de ello. Así que os invito a tener siempre en cuenta y a denunciar el daño que están haciendo estas organizaciones, no sólo en occidente sino también en el tercer mundo.

Antes de terminar, fijemos la vista un momento en España. Me gustaría llamar la atención sobre lo que en mi opinión es otro tipo de asalto a la libertad de expresión. Un asalto “legal”, por llamarlo de alguna manera. Para  quienes no sepáis de qué estoy hablando, os pongo en contexto: el pasado miércoles, un humorista español fue imputado por la Audiencia Nacional por un supuesto delito de humillación a las víctimas el terrorismo, a raíz de un sketch que os facilito aquí. En este sketch simulaba anunciar la “desarticulación” del Partido Popular como si de ETA se tratase. Lo cierto es que yo, lejos de ver ridiculizada a ninguna víctima, sólo encuentro una crítica muy bien merecida (y muy acertada, si me apuráis) a un gobierno que aprueba leyes de seguridad civil por cuenta propia, echa a familias a la calle y es incapaz de enfrentarse a la corrupción y al paro. Así que mientras clamamos “Je suis Charlie” y nuestro presidente se va a darle la mano al señor Hollande, aquí en España nos roban la libertad de expresión por la puerta de atrás.

¿Conclusión? A día de hoy, la crítica humorística de la religión se paga con la vida y la del gobierno con la cárcel.

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