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El gran showman (The greatest showman)

El título no engaña: Hugh Jackman desprende un enorme talento y un carisma magnético en esta película. Su interpretación, durante el transcurso de la cinta, pasa de dramática y frágil a enérgica y jovial con una agilidad pasmosa.

Aquí retratan a P.T. Barnum como un soñador, un hombre frustrado que quiere lo mejor para su familia y  que ansía ser aceptado en la alta sociedad del siglo XIX. Se trata de una historia edulcorada, y  ese quizás sea el mayor problema del filme (sobre todo para aquellos que conozcan la vida de la controvertida figura que nos ocupa). Sin embargo, yo recomiendo olvidar dicho aspecto y juzgar a la película por sí misma. Prefiero verla como lo que realmente es: un proyecto que el famoso australiano lleva queriendo realizar desde hace casi 8 años…

Y vaya si se notan la pasión y la dedicación en este largometraje: grandes coreografías, vestimentas coloridas y pintorescas, escenarios  detallados… Y todo ello mostrado en todo su esplendor por la más que competente dirección de Michael Gracey. La puesta en escena es digna de aplaudir.

No podemos olvidar la música, con canciones originales del dúo que nos trajo “La La Land” (Benj Pasek y Justin Paul). Al igual que en la cinta de Damien Chazelle, cada pieza musical no es solo tremendamente pegadiza sino que ayuda a avanzar la historia y a comprender mejor a los personajes (lo que todo buen musical debería hacer). A pesar del maravilloso trabajo de los compositores, habría que aclarar que la mezcla de pop-rock puede resultar anacrónica y no del agrado de todo el público. Algo similar pasaba con “Moulin Rouge”, aunque creo que esta está mucho mejor  resuelta como película que aquel  viaje ácido y sobrecargado que nos trajo Baz Luhrman, allá por el 2001.

Aunque la estrella de la función sea el antaño Lobezno, tiene un reparto de secundarios digno de mención (Rebecca Ferguson y Michelle Williams, a destacar) e incluso los ex  “niños  Disney” ( Zac Efron y Zendaya) cumplen, con interpretaciones sólidas y creíbles.

En  resumen, estamos ante una conmovedora (aunque inevitablemente cursi, en ciertos  momentos)  historia de superación y aceptación personal, que se pasa en un suspiro y que cuenta con un despliegue técnico y visual de infarto. Por supuesto que tiene numerosas licencias poéticas, pero eso no la hace ni peor  ni menos disfrutable que cintas como “Ed Wood”, una de las mejores de Tim Burton (en mi opinión). Hugh Jackman está “en su salsa”. Canta, baila y se convierte en un personaje simpático y fácilmente identificable para el espectador.

Así que,  sin más dilación  ¡Siéntense en sus butacas y disfruten de  la función!

 

 

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