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Ready Player One: clichés y referencias…Con corazón

No tenía interés alguno en visionar la nueva cinta del legendario “artesano” Steven Spielberg. Tampoco había leído el libro homónimo del autor Ernest Cline (he recibido opiniones mixtas del mismo). Sin embargo, una cuestión tan simple como el póster de la película me llevó a finalmente verla.

¿El póster, Pablo?¿En serio? Querido lector, deja que me explique. Al contemplar el cartel, noté un intento por replicar el trabajo de ese brillante artista e ilustrador que es Drew Struzan. En su momento (cuando se cuidaba hasta el mínimo detalle de la industria) fue uno de los ilustradores más reclamados en Hollywood, famoso por diseñar los pósters de la trilogía de Indiana Jones, Regreso al Futuro o las precuelas de Star Wars. Me recordó a la magia que autores como Spielberg, Robert Zemeckis o George Lucas plasmaron en sus obras a lo largo de los 70 y 80.

Póster de “Indiana Jones y la última cruzada”. El arte es reminiscente al cartel de “Ready Player One”.

Por establecer algún tipo de paralelo, mi maravillada y nostálgica sensación al contemplar el cartel se mantuvo durante la mayor parte del visionado. Temía que el filme consistiera en un festín de abrumadores y caóticos efectos visuales y referencias vacías y “baratas”(eso pintaba por el trailer). Por suerte, me equivoqué, aunque con esta afirmación no pretendo  eximir a la cinta de errores. Es más, como dice cierta canción de moda ( ya más repetida que el ajo) comencemos hablando de “lo malo”.

No se puede negar la maestría de los efectos visuales. Detrás de ellos, hay todo un equipo de profesionales que han procurado que hasta el más mínimo detalle luzca de forma “cartoon” pero a la vez palpable, tangible, pseudo realista (como prueba, me remito al colorido diseño de personajes). Sin embargo , en torno al desenlace, el deleite visual (apreciable en alucinantes secuencias como la del club nocturno) se diluye y es sustituido por un montón de personajes CGI luchando en un páramo estéril y gris; rodeados por explosiones, tropecientos personajes de la cultura pop y demás “ruido” visual. No sé si es así cómo acaba el libro, pero dada la creatividad de secuencias como la de la segunda llave, esperaba un clímax un poco distinto al de la previsible batalla final promedia.

El Gigante de Hierro, una de las muchas referencias del filme. Juega un papel considerable durante la batalla final por OASIS.

Por otra parte, el diálogo aunque en ciertas ocasiones tiene un encanto ingenioso y una inocencia contagiosa, por momentos resulta demasiado explicativo y tedioso . Un ejemplo claro son los primeros 10-15 minutos, puro diálogo de exposición que nos introduce al mundo virtual de OASIS. Una presentación así es comprensible en un libro, donde el único soporte que existe es el texto escrito; sin embargo, el cine cuenta con la ventaja de que es un medio visual…

Como último aspecto negativo, creo que el personaje principal (Wade Watts/Parzival) es soso y genérico, y no solo porque el guión decide arrebatarle cualquier atisbo de personalidad (en pos de mostrar más escenas visualmente apabullantes, todo sea dicho) sino porque creo que también hay un problema de cásting. Tye Sheridan no aporta mucho al personaje con su interpretación (que no pasa de aceptable). Lo curioso es que este actor ha demostrado ser un intérprete más que capaz en trabajos anteriores (como en la película Joe, con Nicolas Cage).

En mi opinión, un actor joven como, por ejemplo, Tom Holland (el nuevo Spiderman) hubiera funcionado mucho mejor. Para adentrarse completamente en el mundo, el espectador necesita  un protagonista con el que identificarse y que resulte simpático (algo que Holland ha demostrado de sobra en las recientes cintas de Marvel). Un actor capaz de transmitir carisma a la par que timidez hubiera venido que ni pintado para este tipo de protagonista.

Wade Watts/Parzival, protagonista de la cinta (interpretado por Tye Sheridan)

Sin embargo, el protagonista palidece frente a un reparto de secundarios más que interesante, destacando sobre todo a Mark Rylance (el nuevo actor fetiche de Spielberg) como el inadaptado y soñador creador de OASIS, y Olivia Cooke (Yo, él y Raquel) como un interés romántico con una personalidad decidida y un pasado trágico (para mí, estas cualidades la convierten en una propuesta protagónica mucho más interesante que el plano Wade Watts).

El villano, interpretado por el siempre carismático Ben Mendelsohn, resulta estereotípico en un principio (¿otra vez el empresario sin escrúpulos?). No obstante, el (por momentos) lúcido  guión de Zack Penn (guionista de Thor y Los Vengadores) y la sólida interpretación de Mendelsohn dan lugar a una subversión del papel cliché y lo convierten en un antagonista casi autoconsciente de su propia condición de estereotipo . Esto vuelve al malvado Sorrento no solo interesante de ver en acción, sino hasta divertido por cómo se regocija en su maldad.

Nolan Sorrento (Ben Mendelsohn), jefe de la empresa IOI y antagonista de la cinta.

Antes he comentado que película tiene un guión con una  brillantez intermitente. Esto se debe a que parte del diálogo y las distintas aventuras de los personajes  encapsulan muy bien la magia del cine ochentero, pero además, se abordan temas con una vigencia actual considerable: la realidad virtual, Internet y las relaciones sociales en las que desemboca o la avaricia corporativa en la industria del videojuego.

Por otra parte, la estética sugiere un aire retro total (desde la BSO con grupos como Van Halen, hasta los distintos mundos por los que viajan los protagonistas).

Las 3 llaves mágicas que permiten superar el desafío de Halliday (creador de OASIS) y heredar su fortuna.

En cuanto a las referencias, si bien hay algunos objetos o personajes que aparecen y se desvanecen como el humo, otros guiños cumplen una función argumental dentro del largometraje. La ya citada  búsqueda de la segunda llave y el consiguiente homenaje a cierta película de Stanley Kubrick no pueden evitar sacarme más de una sonrisa cuanto más la recuerdo. Ese aprovechamiento de los guiños demuestra, de nuevo, que el guión se sostiene sobre unos cimientos sólidos y bien pensados.

La recreación del mundo, tanto la distópica realidad como el paraíso virtual de OASIS, son un despliegue visual tremendo, que demuestra la atención al detalle por parte de quienes están detrás de las cámaras. En particular, la experiencia en OASIS me remite a la misma sensación que James Cameron quiso transmitir con Pandora en Avatar (un mundo claramente falso, digital, pero que trata de envolverte con sus texturas, colores, luces y demás elementos ambientales).

Parzival y Art3mis, la pareja romántica de la película, en una de sus  aventuras por OASIS.

Por último, no podemos olvidar lo que hace tan característico al director de En busca del arca perdida y Munich: su capacidad para aportar “corazón” y  transmitir humanidad a cada relato que nos presenta. La revelación del complejo físico de Art3mis/ Samantha o la conversación final con el creador de OASIS son dos escenas que dejaron a este particular espectador al borde del llanto. Y eso es lo que para mí hace a Steven Spielberg un director único, aún a día de hoy: sabe cómo “tocarte la patata”.

En resumen, sí, es una cinta plagada de lugares comunes (grupo de niños multirracial, corporación malvada, historia de amor poco probable, rebelión contra el sistema), con una duración un tanto excesiva (casi 2 horas y media) y un protagonista sosainas. Aún así, ciertos temas abordados por el guión, el reparto de pintorescos personajes, el despliegue visual, la banda sonora y sobre todo, la virtuosa manipulación emocional de Spielberg son suficientes alicientes como para poder recomendarte esta cinta y asegurarte que pasarás un rato más que divertido y conmovedor.

Así que, no esperes más: coge tus gafas de Realidad Virtual, ponte una canción de Duran Duran, súbete al DeLorean y adéntrate en ese mundo de fantasía y nostalgia que es OASIS.

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