Home / Cultura / Cine / Cuando las películas decepcionan…

Cuando las películas decepcionan…

¿Alguna vez os han decepcionado? Bueno, qué tontería preguntar, todos hemos experimentado  de una forma u otra tal desilusión. Las decepciones en la vida son como el pan nuestro de cada día (igual que las sorpresas y las alegrías, no pretendo que nadie se corte las venas tras leer este artículo…). Con la ficción, al ser un espejo de la realidad, ocurre algo parecido . Y por ello, desde la literatura hasta el arte (pasando por, incluso, los videojuegos) uno se topa con desilusiones a diestra y siniestra. Pero, zapatero a tus zapatos: hablemos de cine.

Las películas tienen una magia maravillosa, pero a la vez peligrosa. Nos emocionamos con ellas, las esperamos con ansias…Pero a menudo, esas expectativas creadas no se corresponden con lo que visionamos posteriormente. A veces, es porque la película en sí no pudo sostenerse sobre las expectativas que creó. Y al igual que Sansón, el templo de “hype” se colapsa sobre nuestras cabezas . Pero en ciertas ocasiones, con películas de las que uno había oído hablar bien, o que incluso le habían recomendado, también ocurre. Y es entonces cuando uno no puede evitar preguntarse “¿Es culpa mía? ¿Quizás esperaba demasiado?”. Mi propia experiencia como espectador tiene un listado de decepciones más largo que imputados en una trama de corrupción: Dunkerque, La Gran Estafa Americana, Tarde para la ira, Regresión, Rocknrolla, la tercera entrega de Iron Man (por poner ejemplos relativamente recientes).

No opino que sea mala, pero cuando te la pintan como la mejor de la filmografía de Nolan es difícil verla con ojos objetivos

Es más, mi decisión para elaborar este artículo/reflexión se debe a que recientemente vi El Autor. No quiero desilusionar a nadie, ni tampoco convencer a alguien de que deje de disfrutarla. Pero, bajo mi punto de vista, la trama aspiró a mucho (partiendo de unos cimientos más que sólidos) y culminó en un final anticlimático. En definitva, esperaba otra cosa.

Es curioso cómo se construyen las expectativas en torno a una película. Previo al estreno de una cinta, y más teniendo en cuenta el escaparate digital del que disponemos hoy en día, acabamos empapándonos de información e ilusión. Trailers, spots, carteles, anuncios… Así, consciente o inconscientemente, nos creamos una idea preconcebida de lo que vamos a presenciar en unos meses. Pero dejando a un lado las estrategias de marketing y publicidad, nosotros mismo también tenemos culpa. El bombardeo mediático es casi inevitable (en algún punto , te cruzarás con un anuncio en TV, o con un cartel en una marquesina). Sin embargo, puede ser ignorado. El problema, en parte, viene de nuestra propia naturaleza curiosa. Y al igual que Pandora, una vez abrimos la caja, ya no hay vuelta atrás. De alguna forma, hemos asimilado algo de la película y por ende,  hemos establecido una expectativa de lo que va a pasar.

Es difícil no emocionarse con este reparto y tantas nominaciones y premios…

Incluso las opiniones de los demás pueden convertirse en un poderoso condicionante. ¿Cuántas veces habremos visto una película por pura recomendación? ¿Y por haber oído que tenía buenas críticas? Inevitablemente, el efecto mental se produce de una u otra manera. Con esto no quiero decir que uno deba actuar de forma grosera y mandar callar a quien da su opinión (si este no lo hace con mala opinión). Lo que creo que se debe hacer es permanecer en el siguiente estado mental: “es su opinión, hasta que yo no la vea no puedo juzgar”. Parece una tarea relativamente fácil, pero puedo asegurar que es más complicado de lo que parece.

A aquellas personas que son capaces de disfrutar 100% de una obra sin importar los factores condicionantes, no sabéis lo mucho que os odio y os admiro a la vez.

Otro ejemplo de no tener ninguna expectativa y con el que acabé sorpendido.

Personalmente, recomiendo evitar (en la medida de lo posible) cualquier tipo de información hasta el visionado pertinente. La prueba está en que no me informé de qué iban Westworld, Interstellar o Un monstruo viene a verme (de nuevo, ejemplos recientes) y las sorpresas fueron más que gratas. Y con esto no pretendo asegurar que “cero información” equivale a “buena película”. La relación de causalidad es otra: “cero información” equivale a “posibles sorpresas” (salvando las distancias con películas plagadas de clichés y tropos argumentales). Y esa es parte la magia de cualquier obra, sea audiovisual o no: sorprendernos, maravillarnos, sobresaltarnos…Todo ello implica un bagaje emocional que (en mi opinión) solo se logra a través de nulas expectativas/datos.

Con esta reflexión final me quedo, y espero que tú (lector/a) también saques algo de toda esta parrafada. Y no, no pienso ver ni oír nada más de Infinity War por mucho que la espere con ansias…O eso espero.

 

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

x

Check Also

El gran showman (The greatest showman)

El título no engaña: Hugh Jackman desprende un enorme talento y un carisma magnético en esta película. Su interpretación, durante ...

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies