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¿Desarrollo personal o egoísmo moral?

Comenzar a pesquirir es la clave para encontrarse a uno mismo, pero, ¿es tan moral como creemos? En primer lugar, he de decir que la cita de Erich Fromm (1900, 1980) en su libro “¿Tener o ser?” me ha inspirado bastante para iniciar un debate entre el egoísmo moral, el humanismo y el existencialismo;  “los poderes de la razón, del amor, de la creación artística e intelectual, todos los poderes esenciales aumentan mediante el proceso de expresarlos”. Tal afirmación transmite que, al exteriorizar las reflexiones de sí mismo, el ser humano se convierte en un soberano, consciente de su realidad moral y personal. La realidad entonces, sería la de su propia existencia y se vincula a un subjetivismo radical, llamándose esto así como un “egoísmo moral”. Citas como “lo personal es lo real” de Soren Kierkegaard (1813, 1855) o “mi causa es lo mío” de Max Stirner (1806, 1865) reflejan este discernimiento.

El humanismo y el existencialismo conducen, indefectiblemente, al egoísmo moral. Este se trata de realizar una autoedificación, es decir, contribuir al desarrollo personal realizando acciones que ayuden a otros, pero que esta ayuda sea un medio para lograr algo provechoso para uno mismo. Es increíble cómo descubrimos el egoísmo en cada rincón del conocimiento. ¿Cuántas veces al día hablamos a los demás para aprender algo?, ¿somos todos unos egoístas morales?, ¿existe el altruismo puro?

El egoísmo moral afirma que “la validez de una teoría o praxis se encuentra en su aportación directa a la edificación positiva y responsable del yo o desarrollo personal”, por lo tanto, todas las teorías de la psicología que enuncian que adquirimos mejor, recordamos y entendemos todo lo que es coherente con nuestras actitudes, tienen un valor ínfimo ante esta teoría filosófica. Ambas ratifican que el aprendizaje reside en el interior, pero una alude al egoísmo, y otra a las actitudes adquiridas y formadas a través de la socialización. Estamos pues, ante una evidencia del egoísmo humano en todos sus ámbitos.  Evidentemente, podemos ser altruistas y compartir valores como los de “justicia, humildad y respeto”, y expandir la benevolencia entre toda la comunidad humana, pero, ¿hasta qué punto nos implicamos en ello? Los comportamientos altruistas y egoístas son comunes en todo el reino animal, en particular en las especies con las estructuras sociales complejas.

Cultivando entonces mi “egoísmo moral”, mi “egoísmo sociocentrista”, o “egoísmo ético”, me dispongo a hablar de existencialismo positivamente, pues si este nos hace cultivar nuestro “desarrollo personal”, también nos hace ser escépticos, cualidad de oro para ser intelectual. El existencialismo es aquello que hace referencia a la consciencia del ser humano sobre sus actos, de forma independiente y responsable, alejado de los roles, estereotipos, conceptos, religiones u otras clasificaciones establecidas que se encuentran en la mundanidad. Entonces, lo que nos hace escépticos es el existencialismo, y se debería hacer un gran hincapié, pues la filosofía tradicional es académica, y siempre me ha incomodado lo académico y sistemático. Es un proceso de creación de una ética de la responsabilidad individual apartada de cualquier ámbito de las creencias. En contra de la tradición filosófica, que sostiene que el bien ético más alto es el mismo para todos, Kierkegaard afirmaba que el bien más alto para el individuo es encontrar su propia vocación. Él decía: “Debo encontrar una verdad que sea verdadera para mí… la idea por la que pueda vivir o morir”. ¿El existencialista cree en la libertad total? Uno de los apotegmas de Sartre (1905, 1980) dice lo siguiente;  “nunca se es más libre que cuando se está privado de la libertad, porque es cuando se tiene consciencia de la necesidad de la libertad”.

Espero que con este debate cargado de preguntas retóricas, haya auspiciado la curiosidad del interesado en el halo del conocimiento, la filosofía y los misterios más incógnitos de la vida; humanismo de la mano de Erich Fromm, existencialismo en Sartre y Kierkegaard, entre otros, y todos ellos llevan implícito el egoísmo moral. Actualmente, Borja Vilaseca (prolífico periodista), reivindica que “…Para evolucionar es necesario contrastar la información con nuestra propia experiencia”, una vez más, otro escritor que hace referencia a la crisis existencial del momento y a ese existencialismo imperante que, no sabemos por qué, o sí (ya presentado el debate en este texto), se manifiesta en nosotros. Este también habla de cambio, al igual que ya lo venía haciendo Erich Fromm (¿ambos egoístamente?): “Vivir correctamente ya no es una demanda ética o religiosa. Por primera vez en la historia, la supervivencia física de la especie humana depende de un cambio radical del corazón humano”.

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