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El desagüe español

Voy al baño y pienso en el bidé. Qué extraños son. De la “Marca España”, aunque de etimología francesa, le bidet existe para limpiarse la vulva, el pene y el ano. Para el resto de europeos pero, este accesorio de baño es curioso porque, “para ello”, ya cuentan con el propio inodoro y el papel higiénico.

Según Slavoj Zizek, existen tres tipos de retretes en Europa que conjugan con una idiosincrasia popular. El pionero lavabo francés cuenta con un agujero trasero donde las heces desaparecen en el acto a modo de guillotina borbónica. A golpe de revolución, se corta lo sobrante; sutil y directo, el resultado no es en vano. Mientras, el modelo inglés contiene unas prestaciones más liberales y pragmáticas para sus consumidores habituales. El agua acompaña el desecho flotante a la espera de ser engullido por la corriente. Finalmente, el modelo alemán, presenta una variante poética y metafísica, un inodoro robusto con agujero delantero y bandeja central, muy completo, donde “eso”, totalmente visible, queda sujeto a análisis e inspección personal.

También hay un modelo español
La mierda cae, quedando en el fondo del pozo, amontonándose formando una torre ascendente. Acostumbrados al bidé, nuestro derroche en papel higiénico es superior que en otros países europeos. Como apunte, el mercado del papel higiénico mueve en España más de 363 millones de euros anuales, lo que representa el 46% del negocio de la celulosa del hogar. Finalmente, el inodoro español acaba obstruyéndose, siendo incapaz de tragar tal cuantía, y se emboza. Y no sólo eso, la casa entera sigue sin limpiarse como es debido. La mopa sigue barriendo hacia bajo la alfombra, el polvo empieza a sobresalir como los charcos que se forman en el lavabo y las humedades aparecen en las paredes. Y aún así, seguimos recurriendo al bidé de nuevo, prolongando un modelo acabado.

Según Sigmund Freud, soñar que analizamos excrementos es presagio de orgullo, de buenaventura en el dinero y de control del poder económico.

En Europa, quiénes actualmente tienen el dominio del dinero son los curiosos y analistas alemanes. Por ende, el primer paso hacia la recuperación económica de este país debería pasar por una llamada de Estado a un fontanero cualificado capaz de exportar el stock alemán y cambiar los váteres del Congreso de los Diputados y los hábitos de higiene íntima, para que más de uno analice lo que eche. No obstante, los Pilares de Hegel -la idea de nación, la idea de política y la idea de sociedad- sí deberían primar en ese camino del que los partidos hablan para la regeneración de España: el reconocimiento de las singularidades y las competencias de los territorios, la reformulación de la Ley D’Hondt, de los partidos y la transparencia política y el restablecimiento de la igualdad de género y de los derechos y libertades individuales. Sólo así lograríamos desatascar el desagüe español.

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