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Máquina de escribir.
Máquina de escribir.

El gran desafío

Por Ángeles Lucas.

Sugerencias aleatorias para recordar que el periodismo es una profesión fundamental:

1. Todos los seres humanos tenemos los mismos derechos e igual valor.

2. Todos los seres humanos somos diferentes, como individuos y en comunidad, con culturas diversas y principios distintos a respetar hasta entrar en colisión con los derechos fundamentales.

3. Considerar el planeta como sujeto y objeto sobre el que informar.

4. Renegociar la historia.

5. Redimensionar los ejes geoestratégicos de la información.

6. Valorar el medioambiente.

7. Fiscalizar a los poderes públicos.

8. Dar voz a los silenciados.

9. Contextualizar y conectar vidas.

10. Utilizar la tecnología disponible para difundir el mensaje.

Uniendo estas premisas surgiría un fenómeno mundial de necesidad infinita del periodismo en la sociedad. Se redefinirían nuevos puestos de trabajo como periodistas de posguerra, periodistas poscapitalistas, posimperialistas, poscolonialistas, posglobalización, proambientalistas, prohumanos, prosociales… decenas de categorías ampliadas a las existentes que abrirían una posibilidad inmensa de reportajes y noticias sobre las que existe un importante vacío.

Sería un periodismo de trabajo en equipo, que incluyera a toda la transversalidad de las cuestiones vinculadas con lo que debe cubrir la profesión, que en definitiva es la sociedad y su entorno en toda su complejidad. Consistiría en que los comunicadores contaran con el asesoramiento permanente de historiadores, antropólogos, urbanistas, agricultoras, médicos, investigadoras, economistas, profesionales que participaran en construir una nueva lectura de la historia de la humanidad que replanteara la mirada occidental sobre la que se percibe esta realidad y que fomentara el espíritu crítico, libre, participativo y democrático.

El futuro no parece perfilarse como un ente de países obligados a existir diseñados con escuadras por el hombre blanco, es quizás más como zonas de personas ricas y pobres económicamente, de acumulación de unos para explotación de otros, en cualquier coordenada del mundo. Es aquí donde aparece la responsabilidad del periodista para informar de los hechos y donde se propone…

El gran desafío: transformar la inercia.

Conseguir que los ciudadanos de distintas latitudes y de diferentes estatus empaticen entre ellos, requieran y soliciten información elaborada que les haga sentirse iguales en derechos.

Hacer ver que la cuestión cotidiana es de responsabilidad mundial. Vincular macropolítica y la macroeconomía con la política y el consumo local como un lazo inexorablemente unido.

Que los políticos respondieran también a la agenda mediática, no solo los medios a la agenda política.

Reestructurar los criterios de valoración de la información por la creación de nuevas dinámicas de solicitud de temas universales y cotidianos.

Que las corporaciones mediáticas encuentren rentable, económica, social y medioambientalmente, esta perspectiva por la demanda social de información y que surjan nuevas plataformas alternativas para competir.

Así, en apenas un instante, cualquiera podría pensar dónde haría falta que hubiese más periodistas. Por supuesto, allí donde las macropolíticas afectan a miles de personas en el mundo, allí donde se lucha en una guerra que solo servirá para beneficiar los intereses de los acumuladores que no están en el campo de batalla… pero también hacen falta altavoces en cualquier piso de cualquier barrio sin agua, donde a un adolescente le duelan las muelas y no tenga remedios, allí donde se contaminan ríos y plantas, donde se escondan restos arqueológicos que interpreten el pasado, donde los animales estén amenazados, donde se rechace investigar en medicinas para enfermedades que no dan beneficios económicos, donde sea necesario fiscalizar todo lo que se vende como políticamente sostenible y lo que directamente arrasa para crecer, donde se cometan abusos, represión, donde haya sufrimiento…

Aunque es interesante y fundamental viajar y contar, tampoco hay que irse lejos para encontrar estas cuestiones: en el Polígono Sur de Sevilla hay mujeres que no saben leer como herencia de la marginación histórica o la gestión de los latifundios; tras cualquier ventana cerrada hay ancianos que sufren por no haber dado sepultura digna a sus familiares; en los invernaderos de Almería hay víctimas de trata obligadas a prostituirse por las mafias; a la costa andaluza llegan menores absolutamente solos que requieren familias de acogida… pero sobre todo necesitan que se resuelvan los conflictos en sus lugares de origen, generados, entre otras cuestiones y probablemente, por el hombre blanco hace un par de siglos…

Ahora llega la gran pregunta. ¿Quién paga esta información? La respuesta se encontrará cuando se transformen las inercias. Un punto de partida sería asumir el gran desafío desde la corresponsabilidad del periodismo. Venga, vamos.


Ángeles Lucas.

Ángeles Lucas.

BIOGRAFÍA

Ángeles Lucas (Sevilla, 1983) es periodista desde 2001. Colaboradora del diario El País durante cinco años, ha publicado reportajes y fotogalerías desde países como Perú, Filipinas, Níger, Gaza, Cisjordania o Marruecos. También ha colaborado para BBC Mundo durante tres años desde Turquía y España. Cursó el Máster del periódico El País y actualmente estudia el Máster en Antropología: Gestión de la diversidad cultural, el patrimonio y el desarrollo de la Universidad de Sevilla. Licenciada en Periodismo por la misma institución. Autora de la exposición fotográfica La tierra es un solo país y de la publicación Miradas, donde narra la historia vital de los residentes en Perú.

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