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El Plan Bolonia: ¿avance o retroceso?

El otro día salí a la calle con mi paraguas y mi chubasquero. Iba a la universidad con mucha prisa ya que había recibido un mail diciendo que tenía que entregar un trabajo antes de lo esperado, pero que aún así, iba a seguir constituyendo un 10% de la nota final ya que lo que contaba era el examen (pero que el trabajo era muy importante eso sí).

Con tanto aire se me rompió el paraguas y solo quedaba la penosa estructura metálica; penosa como nuestro “maravilloso” Plan Bolonia. Si lo pensaba bien, mi asqueroso paraguas seguía llamándose así, y por lo tanto, si me lo pusiera encima de la cabeza, no me caería lluvia ¿no? Pues no, me seguía cayendo. El Plan Bolonia nos encanta pero solo en cuanto a su denominación nominal y no práctica ( por lo menos en muchas de las universidades españolas) ya que no se cumple los requisitos más importantes (y los menos, tampoco).

No somos veinte por clase (ni siquiera cuarenta), ni la formación y evaluación es continua y práctica. El trato personalizado da mucho que desear y en la materia sigue teniendo mucho peso la memorización masiva de conocimientos.

La solución es, por lo tanto, que el alumno trabaje más y tenga menos tiempo para él y para su formación personal, creativa y complementaria, además de la ingeniosa idea de cambiar algunos nombres de carreras y “europeizar el sistema”. “Bombardeémoslos de trabajos que solo constituirán una pequeña parte y, encima, que estudien como locos como en nuestro antiguo sistema” – Así supongo que serán las conversaciones entre rectores o profesores.

El hombre contemporáneo a nivel de conocimiento muestra una gran herida. En él se encuentra la separación entre conocimiento e información. Podemos acceder a mucha cantidad de información; información que no queda estructurada, que se queda en nada y, por lo tanto, mientras más información tenemos menos conocimientos adquirimos. Ya los Sofistas en la Antigua Grecia temían de los libros, los cuales educarían a falsos sabios. ¿A qué teme el hombre moderno?

Todo esto me recuerda a lo que expuso Christopher Lasch sobre el hombre moderno, el cual es incapaz de construir una identidad. Por ejemplo, aquel hombre que es panadero de 6:00 AM a 5:00 PM y repartidor de 6:00 PM a 12:00 AM ¿Quién es verdaderamente?

El problema del Plan Bolonia es el de querer dar mucha información, en poco tiempo, de forma que ni se adquieren los conocimientos apropiados y el alumno queda cohibido por el sistema, sin tiempo para la formación personal y creativa del mismo.

A la vez, los profesores sufren presión por parte delsistema, que les exige (aún sin los medios necesarios) que apliquen una evaluación continua, de forma que, sin más remedio, la aplicarán mal y recibirán presión por parte del alumnado. El Plan Bolonia sino se aplica bien se convierte en lo contrario para lo que fue creado, aunque también se han conseguido muchas mejoras como la excelente movilidad entre universidades europeas y muchos profesores, a pesar de no tener los medios, han aplicado un sistema de evaluación continúa y práctica esforzándose el doble de lo exigido en su contrato.

Llegué al despacho con un paraguas roto, un trabajo mojado y una pequeña reflexión sobre el sistema.

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