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En busca de la verdad

El mes pasado un acontecimiento causó furor entre la comunidad periodística, un acontecimiento que tuvo como protagonista al secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. El escenario en el que se desarrolló este, fue en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, en la presentación del nuevo libro de Carlos Fernández Liria, En defensa del populismo. Durante su intervención, Iglesias citó a Álvaro Carvajal, periodista del diario EL MUNDO, al que reprochó una falta de objetividad informativa y hostilidad hacia su formación. En base a dicho ejemplo, traspasó su ataque al conjunto de la profesión periodística, lo que supuso el abandono de numerosos periodistas que se encontraban en la sala mostrando su apoyo a Álvaro Carvajal. Si bien dichas acusaciones han sido utilizadas por el entorno periodístico y político en general para recriminar a Iglesias un ataque contra la libertad de prensa, el debate que se nos abre es muy escabroso.

Como es bien sabido, todos los medios de comunicación esconden una ideología tras de sí, ya sean públicos o privados, y es por ello que consumimos información de aquellos que se muestran afines a nuestra forma de pensar. La actitud del líder de Podemos no fue afortunada, radicando su error en la personificación de dicho fenómeno sobre la figura de Álvaro Carvajal. Sin embargo, el trasfondo de sus palabras hace alusión a una realidad constatada, por la que la libertad de prensa se está viendo afectada por una enorme precariedad en el sector periodístico, en el que el hacer saber aquellas noticias que afectan a posturas partidistas e ideológicas suponen numerosas dificultades para llevar a cabo la labor informativa e incluso el cese inmediato de la profesión. Paradójicamente, casi una semana después de estos acontecimientos, era despedido el director de eldiario.es Ignacio Escolar de la Cadena SER, perteneciente al grupo PRISA. Todo ello al hacerse pública la vinculación del presidente de dicho grupo, Juan Luis Cebrián, en los Papeles de Panamá junto con su ex-mujer Teresa Aranda y de su socio y amigo Massoud Farshad Zandi, empresario español de origen iraní, con quien comparte acciones de la petrolera luxemburguesa Star Petroleum, que habría usado el despacho de Mossack Fonseca para ocultar la titularidad de sus accionistas, según han informado los medios demandados por Cebrián. Como medida adicional, Cebrián no ha dudado en restringir la presencia de los periodistas pertenecientes a su grupo en La Sexta, cadena que junto con eldiario.es y El Confidencial han realizado una especial cobertura sobre los papeles de Panamá.

Visto lo visto, es seguro que la libertad de prensa no pasa por su mejor momento, y es que nuestra labor periodística está supeditada a numerosos intereses políticos y económicos. Pero he ahí la razón de ser del buen periodista: su capacidad objetiva a la hora de informar y de denunciar todo tipo de injusticias, aquel capaz de hacer frente al control de las oligarquías en el ámbito de la información, el que no teme a decir la verdad cueste lo que cueste.

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