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Esperpéntica realidad

Hagamos un ejercicio de imaginación. Situémonos en un pueblo cualquiera de España, no muy grande, en el que el consistorio decide cambiar el nombre de las calles. Tengamos en cuenta que el partido en el gobierno tendría un marcado carácter de derechas. Muy de derechas. Y, en pleno ejercicio de imaginación, pensemos que a una de las calles le ponen el nombre de Adolf, de Adolf Hitler. El revuelo, a Dios gracias, posiblemente sería inmediato y monumental. Medios de todo el país se trasladarían inmediatamente al pueblo en cuestión y la ciudadanía rápidamente se mostraría en contra de tan deleznableble medida.

Volvamos a la vida real. Nos situamos en Badolatosa, un pueblecito de Sevilla. Hace unos días fue noticia que el actual gobierno cambiara el nombre de varias calles para “despolitizar” el pueblo, entre las que figuraba la calle Lenin, ante las protestas del grupo municipal de Izquierda Unida, que durante uno de sus mandatos renombró esta calle con este nombre. Ante este “atentado” contra la memoria histórica de los trabajadores del mundo entero como afirmaba el secretario provincial del PCA, IU-CA ha decidido poner una placa con el nombre del líder de la Unión Soviética en la fachada de su sede.

¡Olé! Pocas veces había leído más tonterías en menos tiempo. Tal vez a estos buenos señores habría que regalarles algún libro como Koba el temible de Martin Amis para que vieran alguna de las cosas que el “bueno” de Lenin hizo, como inducir una de las peores hambrunas del siglo XX con fines políticos que dejó la friolera cifra de cinco millones de muertos, ser uno de los principales directores del conocido “Terror Rojo”, durante el cual fueron asesinadas más de un millón de personas o acabar con el incipiente régimen democrático que se estaba conformando en Rusia para instaurar un régimen totalitario.

Lo peor de la situación no es solo que algunas personas muestren una ignorancia absoluta de la Historia. Lo peor, y con diferencia, es la nula respuesta de la ciudadanía ante el hecho de que se exalte de esta manera la figura de uno de los peores asesinos de la Historia. Ni un comunicado de ninguna asociación ni institución, ni ninguna manifestación ni nada.

Por desgracia, esto no es más que el reflejo de uno de los grandes males que hoy padece la sociedad española, una sociedad civil dormida y atolondrada cuyas actuaciones muchas veces parecen sacadas de una novela de Valle-Inclán.

Si no me creen vuelvan la vista atrás, a la crisis del ébola. La que se formó cuando anunciaron la repatriación a España al padre Miguel Pajares, perteneciente a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, que quedó infectado con el virus mientras ayudaba en Liberia a personas enfermas con el mismo, fue mayúscula. No pocos fueron los que se posicionaron en contra, desde médicos hasta gente de a pie que decía que la culpa había sido suya por ir a esos países. Y sin embargo, cuando se sacrificó al perro de la enfermera Teresa Romero porque había posibilidades de que portara el virus y no había forma de tratar al animal en España… decenas de personas se apostaban a las puertas de la casa de la enfermera madrileña para esperar al camión que debía trasladar al perro con pancartas en las que ponía Excalibur, el mundo está contigo. El colmo del esperpento

Y por seguir poniendo ejemplos, podemos seguir por esta Andalucía nuestra. Unos cinco mil millones de euros, cinco mil millones de los trabajadores y las trabajadoras, robados sin escrúpulos ni remordimientos por señores del PSOE, de IU, de CCOO, de la UGT… Y ni una triste manifestación. Aquí no se rodea el parlamento ni se espera a nadie en la puerta de su casa al grito de ¡chorizo, cabrón! ni nada por el estilo. Y de propina los mismos que se han hartado de robarnos y que se han gastado nuestro dinero en chalets, coches, drogas, prostitutas y un largo etcétera vuelven a salir elegidos en las elecciones. ¡Tracatrá!

Y para acabar podemos citar, por ejemplo, el caso de Andrés Bódalo, concejal de Podemos en Jaén, que cuenta en su historial con agresiones varias, entre ellas el destrozo de una heladería durante la huelga general de 2002 porque el dueño de la heladería se negó a cerrarla o emprenderla a patadas con unos policía que lo intentaban desalojar de la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía. La última de este buen señor ha sido la agresión a un concejal socialista por lo que ha sido condenado a tres años y medio de prisión. Hasta aquí todo puede ser considerado “normal”. Lo increíble de la historia es el revuelo que se ha formado por su ingreso en prisión, ya que se ha iniciado una campaña para pedir su indulto con una amplia aceptación de la misma por parte de la ciudadanía. Incluso algunos de sus compañeros lo han llegado a comparar con Miguel Hernández. Desde luego que si el pobre Miguel levantara la cabeza y vieran con quien lo están comparando…

Podría seguir poniendo casos, pero la lista sería interminable. Será solo cuando la ciudadanía española madure políticamente y despierte de este letargo inducido cuando dejemos de ver hechos como estos. Mientras preparémonos para ver quienes serán los siguientes iluminados que dan la campanada.

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