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Esto es la Universidad

Se acerca el final de este curso académico, y como primer año de experiencia en la universidad, hay una cosa que me ha llamado especialmente la atención: el profesorado. Si bien este toma de contacto con la carrera ha sido de mi agrado, me es inevitable achacar a ciertos profesores y profesoras su docencia. Como en todo, siempre habrá quien realice su trabajo de mejor o peor manera, pero hemos de recordar una cosa: esto es la universidad. De aquí saldrán los próximos médicos, ingenieros, abogados, periodistas… y demás personas que ayuden a construir una sociedad mejor a la actual. Lo triste es ver como ciertos docentes olvidan en un rincón la pasión por la materia que enseñan a los que aún tenemos un mundo por descubrir. Es triste ver como personas que se encuentran ancladas a algo tan excepcional como es el ambiente universitario, y cobrando lo que cobran, se dediquen rutinariamente a impartir clases como si de humanoides se tratara. Es triste el estar costeando una carrera, algo que supone ya casi un capricho a día de hoy dada la situación económica de nuestro país, y tener la sensación de perder el tiempo y el dinero gracias a estas personas, que se les presupone veteranas en su materia y capacitadas plenamente para impartirla ante jóvenes como nosotros, y que se dedican a ponerte una pantalla con diapositivas y a realizar clases de lectura comprensiva. No han sido pocas las charlas mantenidas entre compañeros en las que mostrábamos nuestro descontento por ciertas asignaturas, que en sí son apasionantes, y que se convertían en aquello a evitar durante las horas invertidas en la facultad por este tipo de cosas. Es comprensible que en ocasiones los maestros y maestras achacan la falta de fuerzas por invertir tantas horas de trabajo, pero resulta que esta holgazanería se ha convertido en el día a día de algunos. Personalmente, si fuera profesor, desearía hacer mi trabajo lo mejor posible, intentaría encender la mecha de la curiosidad en mis alumnos, pues al fin y al cabo va a ser el buen docente el recordado por estos. De hecho ha habido asignaturas que, gracias a la profesionalidad y el amor hacia esta de los que la desempeñaban, han llegado a convertirse en indispensables.

Mis expectativas eran altas antes de llegar a esta gran facultad, que nos brinda todo un mundo de posibilidades, y lo siguen siendo. Porque, en mi caso, la carrera de periodismo la encuentro apasionante, y estoy convencido de que lo es sin lugar a dudas. De nosotros dependerá el informar de las injusticias que se dan alrededor del mundo, de aquello que los poderes no desean que la ciudadanía sepa y opine, de movilizar a la gente corriente para hacer de este planeta algo mejor. La universidad está hecha para gente con pasión por lo que quiere hacer, con gente que desea descubrir lo que mucha otra, por desgracia, no podrá hacerlo. Aprovechemos lo que tenemos, no lo desperdiciemos de esta manera. Este es un compromiso tanto del alumnado como del profesorado, pues sólo juntos podemos hacer de ello algo aún más grande.

Puede que todo lo dicho sea dado porque es el primer año, pero no hemos de olvidar que este es crucial, es en el que se comienza el periodo de adaptación a lo que nos queremos dedicar, ya sea parcial o plenamente, en nuestra vida. Aun así, recorre en mí un aire de satisfacción, y es que esto no ha hecho nada más que empezar.

Un comentario

  1. Titular demasiado categórico, máxime para ser un artículo de opinión. Dicho esto, entiendo la sensación de muchas de las preocupaciones aqui expresadas pero conviene contextualizar al menos dos aspectos fundamentales.
    1. Las desmotivaciones del profesorado no vienen caídas del cielo. Vienen de unas condiciones laborales precarias en un alto porcentaje del profesorado, (hay profesores en la FCom que llegan a cobrar 300€ y 600€) de un desprecio institucional a nuestra rama de investigación, y también del propio estudiantado.
    2. El estudiantado. No podemos tener una actitud pasiva ni paternalista, ni en la docencia ni en la gestión universitaria. Hay demasiados compañeros que acuden a clase con el mismo afán que al instituto, que se le de todo hecho, todos los conceptos machacaditos y que aprobar no sea muy dificil. No son todos, pero suficientes. Esta pasividad se extrapola a la gestión, de manera que las quejas quedan en los pasillos pero nunca van a la proposición, bien sea a través de la Delegación o del diálogo directo.
    Lo dicho, la universidad es de todos (y esto sí que es una máxima innegable) y todos debemos hacernos responsables de ella, no sentirla como un mero servicio.
    Un abrazo!

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