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Globalización, la supuesta buena vida

El término globalización o mundialización está presente en nuestro día a día de forma mutable y se entiende, previamente, como proceso económico en el que se integran todas las economías nacionales en un único mercado capitalista. Mas este se define como el proceso resolutivo de transformación económica, tecnológica, cultural, social y ecológica a nivel mundial. Tiene lugar en las colectividades regidas por un capitalismo democrático o una democracia liberal, produciéndose así una interdependencia global en cuanto a la tecnología, economía, cultura y sociedad. Con ello se dejan excluidas a ciertas sociedades que escasean de medios económicos, políticos y científico-tecnológicos, a las que no se dota de estos, manteniendo de esta forma la pobreza en buena parte del planeta.

Este es el caso de Tanzania; tras el visionado del documental “La pesadilla de Darwin” de Hubert Sauper, podemos observar cómo está presente la heterogeneidad y no la homogeneidad. Aunque el objetivo de la globalización es el mantenimiento del equilibrio e igualdad, en este largometraje predomina la pobreza extrema, considerada como un desastre natural, humano y social, claro ejemplo de la desigualdad económica y social; hombres, mujeres y niños consumiendo el resto de pescado que comercializan las potencias desarrolladas, niños abandonados que se drogan, además de la transmisión de enfermedades en el medio.

Esto no es más que un destello de esclavitud o servidumbre contemporánea y se esconde bajo el concepto de globalización. Además, tiene otros impactos negativos; existencia de la primacía monopolística que evita la internacionalización, la diferenciación entre países desarrollados y subdesarrollados, la estigmatización de la sociedad, la desatendida pluralidad cultural, la analfabetización y ausencia de cualificación laboral, la privatización, el control de la generalidad bajo parámetros globales… También destaca el comercio ilegal de armas, drogas o mercancías de valor, como petróleo o diamantes. Esto no quiere decir que no existan huellas eficaces por parte de la globalización, así como la revolución tecnológica en el campo de la información, la actuación inmediata, la mejora de equipamiento tecnológico para la investigación y desarrollo (donde los ordenadores, chips y satélites han revolucionado todo), el creciente papel de los ciudadanos en la sociedad internacional de la posguerra fría y, entre otras, la diversificación y aceptación de culturas.

Son muchos los factores, además de los explicados anteriormente, los que conllevan a la disparidad social y económica en el mundo actual y, en concreto, países como el situado en el lago Victoria, Tanzania. Si bien es el control de los Estados soberanos sobre el comercio uno de ellos, se muestra la máxima agonía por parte del poder. La coexistencia del conflicto hoy día, el manejo egoísta de la economía y la infravaloración de lo social y humano están dañando la imagen de aquellos procesos revolucionarios que supusieron un gran avance intelectual entre la multitud. Esta manipulación puede y debe, corregirse a través de la historia.

En conclusión, en el capitalismo, es la incertidumbre la que caracteriza a la sociedad internacional de la era de la globalización, además de la presencia de la anarquía, fragmentación, heterogeneidad, complejidad e interdependencia. Metafóricamente, el mundo es un sistema internacional que experimenta una mutable metamorfosis, cargado de contradicciones. Existe pues la paradoja de desigualdad frente a la aparente globalidad y homegeneidad por las que relacionamos a la globalización. Yace así la idea de una buena imagen de cara al público, siendo los factores que la crean los principales destructores de esta misma; la dependencia interestatal, la ebullición del Estado, y el apogeo del término transnacionalización, pues se provoca una deslocalización de la producción y la información que, a su vez, provoca efectos no deseables, tales como la pobreza extrema ya citada. Qué más decir, si al fin y al cabo, no existe un término general para definir lo que está sucediendo en el mundo a favor del crecimiento, ya que la competitividad, la avaricia, el poder y el conflicto,  predominarán lo que las élites poderosas quieran.

Será tarea difícil establecer una solución eficaz a tal pluralidad. Será difícil controlar el poder de la situación y el comportamiento de las masas sociales subordinadas a la obediencia ciega, esas masas compuestas por “fascistas” en miniatura. Esas guiadas por el error de atribución y cuyos raciocinios se han convertido en vulnerables objetos, manejados por los sistemas estatales. Todos tan individualistas abandonando así, la humanidad. ¿Acaso créeis que nuestras familias no optan por llevar una vida buena, frente a la buena vida? Hemos de replantear la cuestión si queremos un planeta para el futuro, tanto terrenal como ontológicamente. Tras un análisis desde la plutocracia, vemos que existen discordancias de las que vamos siendo cada vez más conscientes, mas lo principal es refutar este sistema, pues es este el sistema de manipulación que preocupa, no solo a una gran ente interdisciplinar (antropólogos, sociólogos, periodistas, psicólogos, docentes, políticos….), sino al elemento más poderoso; el corazón.

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