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La ambigüedad mixtificada

Ya retrata Bryan Nash Gill en esta obra de arte, tal ambigüedad en el individuo: su condición humana, mas no hablamos de esto, sino de algo mucho más complejo. Sería muestra de ignorancia pasar por alto la ambigüedad que nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos en el siglo XXI. Es nuestra compañera de viaje inseparable; se cuela en la historia, en el conocimiento, en la ciencia, en las relaciones personales, en los conceptos, en uno mismo, etc (por ello siempre utilizamos un etcétera). Nunca podremos saber con precisión por más cognoscentes de la posibilidad de ser eruditos en la Sociedad de la Información. Si algo somos es seres emocionales y también racionales, mas la mezcla de ambas se fusiona en la unicidad del individuo y sus formaciones.

No hablamos de una ambigüedad característica de una estructura primitiva de la personalidad, denominada simbiótica, sino de una ambigüedad propia de la capitalización flexible, globalización o mundialización, que ha llevado a la atentación contra la independencia del ser humano para pensar racionalmente, produciendo a su vez una pérdida de desconfianza en él mismo y en el exterior. Con la Sociedad de las TIC, damos bienvenida a una crisis económica, ecológica, de devaluación del pasado y una infravaloración al ser humano. Con personalidad ambigua me refiero al ser policrónico que trabaja en sociedad. Hemos pasado de una cultura monocrónica a una policrónica, por lo tanto, nuestro cerebro está en constante adaptación, mas también en riesgo. Este individuo es un tipo de camaleón social que nunca alcanza una identidad pues existe la necesidad de cumplir diferentes roles ante las distintas situaciones sociales. Así, el yo es indeterminado y no sabe cómo comportarse ante la apertura económica local  a inversiones internacionales, empleos temporarios, evaluaciones de empleo que fomentan la competitividad, creando una incertidumbre que atisba contra su supervivencia y se convierte en un ser marketinizado. Además, el rol del joven actual es alguien que controla la información inmediata, cuyo compañero es un ente corpóreo tecnológico (el móvil, la tableta o cualquier dispositivo electrónico portátil), convirtiéndose en alguien  vacío en valores como la cooperación, que es lo que nos caracteriza por ser seres con estructuras sociales complejas. Estamos entre la sociabilidad y el individualismo, ¿hasta cuándo vamos a aguantar esa dualidad? Hasta que la educación prospere. De forma natural nos nace utilizar, en los argumentos sobre el mundo humano en perspectiva holística, palabras como “relación, cooperación, empatía, humanización, sociedad, comunidad, individuo…”. No sé en qué medida el individuo está perdiendo la consciencia sobre la condición humana, pero sí sé que no presta atención a las relaciones humanas, al sistema de valores, cultural, político, social y económico, al nivel de sinceridad y respeto que existe en la comunicación entre los mismos, etcétera. Lo que sí puedo afirmar es que la educación tiene gran relevancia en ello. Quiero responder a las cuestiones clásicas de la filosofía de la educación; ¿quién educa, para qué y cómo formar a las nuevas generaciones? Se trata de revitalizar esto en una reflexión que abarque, desde la tradición filosófica occidental hasta las crisis socioculturales del siglo XX. Se trata de conocer qué caracteriza a la condición humana para saber de lo que carece nuestra cultura masificada y homogeneizada por la tecnología. Ha de formarse una cultura comunicativa. El mundo actual está formado por redes cuyo control no pertenece al “Estado de bienestar” imperante en cada país. De esta forma, al no haber comunicación directa entre personas y un gobierno con cada vez menos poder social entre los individuos, comunicarse y llegar al mútuo entendimiento es casi imposible. Para ello, el arma es el desarrollo de un pensamiento crítico que permita la apertura al escepticismo, una vez más. Nacemos rodeados de mitos que hemos de ir descodificando y si no nos desarrollamos en una dimensión social, nos vamos a perder a nosotros mismos, siendo frutos de lo efímero e instantáneo que caracteriza a nuestra sociedad.  Ya varios libros nos vienen hablando de tal sociedad, así como “La Era del Vacío”, de Lipovetsky, o “La necesidad del mito: la influencia de los modelos culturales en el mundo contemporáneo”, de May, R.

Aún no me creo que el funcionamiento de la sociedad y el Derecho no sean perfeccionados y más justos aun teniendo en cuenta el recorrido histórico del ser humano. No encaja en mi lógica que, si un ser humano puede aprender de su imperfecta conducta pasada y puede ser consciente de la desigualdad de hogaño (entre otras cosas), la sociedad no respete al prójimo, proteja sus principios y funcione con un cierto nivel ético y moral en cuanto a él mismo. ¿Por qué esa ausencia de autofilia? Por la cultura y la educación. Son las bases del funcionamiento de un sistema y si el individuo tiende a destruirse en él (con drogas, excesos, banalidades…), podría decirse que hemos muerto como humanidad. Si se pierde el sentido a las cosas como humanidad consciente (gula, mecanicidad, inreflexión…), entonces, ¿somos máquinas?, ¿estamos condenados a ello o simplemente sufrimos una crisis de concienciación?

Arendt denomina a la condición humana como una unión entre labor, trabajo y acción, problematizando el sentido de la sobrevivencia, la mundanidad y la historicidad. Al mismo tiempo, se desafía a la educación de hoy pues, a juicio de la autora, esta es heredera de una modernidad construida desde la homogeneidad y la masificación, pero declara como aspiración el ideal de formar para una acción impredecible y una cultura comunicativa. Desde la reflexión sobre los orígenes del totalitarismo, hasta la tesis de la banalidad del mal, Arendt muestra cómo las concepciones de la acción humana han derivado en supuestos políticos y sociales, que redefinen concepciones antropológicas, impactando a su vez dos dimensiones fundamentales de la cultura occidental: la política y la vida social. He aquí la relevancia de esta teoría para una filosofía de la educación, puesto que los proyectos educativos dialogan con ambas dimensiones, y desde ellas buscan parte de su legitimidad.

¿Qué consideraremos mañana difícil? Ahí está la clave de la vida: nos conocemos, pero siempre hasta cierto límite, mas la duración de la ambigüedad en nuestra sociedad solo depende de nosotros. Mañana me será incompleta la reflexión de hoy, porque la inteligencia aguarda en asimilar la información que ayer procesé, para así ampliar el conocimiento de la vida misma. La experiencia se acompaña de un “atreverse a andar” constante. Un consejo es analizar bien los detalles del día a día, pues los detalles a los que prestas atención y analizas, podrían definir, en cierto modo, el nivel de consciencia que se tiene sobre la realidad. Si tu mente es abierta, captarás a interiorizarás el triple de información, que se convertirá en conocimiento, que alguien que no sigue sus principios, hace lo que el resto y tiene una visión egocéntrica y vaga del mundo. El sistema no es la consecuencia de la humanidad, sino que es la construcción de la naturaleza, la cultura y la sociedad. Por lo tanto, el ser humano es producto de esta fusión.

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