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La “China” de España

Esto no pretende ser una adivinanza de mal gusto. Y tampoco una lección de soberbia mensual. Sólo sé que nos cuentan historias distintas y que nos arrimamos al Sol que más nos calienta. No vengo para explicaros un chiste pero esto era una andaluza y un catalán en una mañana sevillana donde habían llegado a entenderse hablando de la china de España. ¿De qué? De la situación que todos quieren obviar (y diluir).

La España de los 300 años cumplirá en pocos meses su trescientos aniversario. Desde 1714 que el país vive en la negación de lo que es. Felipe V, o D’Anjou, y la restituida dinastía borbónica francesa contribuyeron a articular un pseudoestado-nación que ha persistido hasta nuestros días bajo la “marca España” y “la indisoluble unidad de la patria”. La invención de un rey caprichoso de unificar los Reinos Ibéricos para homogeneizar una sociedad extremadamente heterogénea y la instauración de una nación española de la que se sirven los políticos para agarrarse al inmovilismo reconstituyente.

En los últimos años hemos ido observando una creciente disconformidad con lo ratificado, con lo establecido. La Constitución de los treinta y cinco años nos pide a gritos una renovación 2.0. El jurista cordobés Muñoz Machado, ganador del Nacional de Ensayo, así profundiza sobre la cuestión en su Informe sobre España. Repensar el Estado o destruirlo, invitándonos al racionamiento de un nuevo escenario constitucional “para relanzar nuestras relaciones colectivas”. Pero abrir un nuevo proceso constituyente no está en boca y agenda de todos.

Si reuniéramos a un vasco, un canario, un catalán, un gallego, un manchego, un valenciano, un andaluz, un aragonés, un asturiano y un navarro en un mismo aula, al vasco no le entenderían. El catalán y el valenciano discutirían por la lengua. Al canario ya le llegaría la información. El gallego, el asturiano y el aragonés meterían cizaña en la pelea lingüística. El navarro con sus fueros (y el catalán le envidiaría). El andaluz se entendería por su propio dialecto y no se metería en follones. Y el manchego apelaría en que todos “somos españoles”. Fuera estereotipos, cada una de las regiones de este vasto país posee una manera distinta de comprender y de vivir la vida, con o sin una cultura y/o una lengua propias. Una idiosincrasia para cada una de las regiones que se desdibuja allá en la frontera con otro territorio. Y esto es lo bonito. Que todos somos diferentes. Y este es el reto. Que todos podamos entendernos.

Está claro que el Estado de las Autonomías no ha funcionado del todo, pero la solución no radica en destruirlo sino en matizarlo y reconocer la mala praxis que la clase política ha tenido de sus respectivas comunidades. La solución puede ser múltiple, pero siempre sin obviar que el pseudoestado-nación actual debería reconocerse como lo que es: un Estado Plurinacional de pleno derecho.

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