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La paz comienza en nosotros mismos

Queremos que se nos trate bien. Exigimos que se nos trate bien. Somos seres humanos y reclamamos el respeto que toda persona merece. Quizás podamos ver ahí parte del problema. El ya convertido en tópico “seres humanos no es lo mismo que personas”. Y algunos casos que uno ve por ahí me hacen pensar que, en efecto, muchos individuos no pueden ser catalogados como personas.

Queremos que se nos trate bien. Y lo demostramos tan recíprocamente que nos acordamos de toda la familia del de en frente a la mínima de cambio, no dudamos en partirle la cara a quien haga falta si no estamos de acuerdo con lo que dice o aprovechamos la aparente distancia de la tinta y el papel y cada vez más comúnmente de la pantalla del ordenador para atacar duramente a quien está sufriendo, porque nos da la gana o con la ridícula excusa de ser guardianes de la esencia y de las costumbres de nuestra sociedad. Arremetemos contra lo que no nos gusta e intentamos imponer lo que nos parece correcto. Tratamos de adoctrinar a la gente desde nuestra posición de “personaje de renombre” y aún hay gente que nos aplaude la basura (ustedes me perdonen) que publicamos en ciertos medios de comunicación.

Nos vendemos como los salvadores de la patria y en realidad somos los reyes de la xenofobia y la discriminación. Creemos (y aquí cae mucha gente) que los muros traen la libertad, cuando lo que hacen es destruirla. Caemos como moscas nada más aparece algún falso profeta que promete traernos prosperidad. Prosperidad a costa de los demás, de discursos del odio y de catalogar como el enemigo a medio planeta. ¿Dónde estamos, en los tiempos del Terror de Robespierre? Pese a la clara hipérbole, la comparación no es del todo descabellada. Como dice un personaje de una saga de cine muy, muy lejana, “Así es como muere la libertad, con un estruendoso aplauso”.

Creemos que los muros traen la libertad, cuando lo que hacen es destruirla. Caemos como moscas nada más aparece algún falso profeta que promete traernos prosperidad

Pedimos respeto. Qué digo: exigimos respeto. Y no nos damos cuenta de que con actitudes como esas no vamos a ninguna parte. Hoy se celebra el Día Escolar de la No Violencia y la Paz, y no queríamos dejar pasar la ocasión sin reflexionar mínimamente acerca de lo turbio que parece que se está poniendo el mundo, no solo a gran escala, en los casos de actualidad que a todos se nos han venido a la cabeza al leer estas líneas, sino también en nuestras ciudades, en nuestros barrios, en el día a día de unas nuevas generaciones que podrían llegar a aprender a vivir odiando, separando, tratando de conseguir las cosas por la fuerza y a golpe de puñetazo o incluso peor, engañándonos para que creamos que seguimos jugando a la democracia.

2 comentarios

  1. Silvia González Carretero

    Me ha encantado, gracias!

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