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Me duele la libertad

Me duele la opresión de los tiempos modernos en forma de apariencias y felicidad tasada en estrictas pautas, o quizás, la superposición de ideas que tanto ama a la soledad. Pero sobretodo, me rompe el alma que toda lucha acabe cobrando más importancia por la moda, que por la verdadera necesidad. Hoy he venido a hablar de feminismo, ante todo en son de paz, que aunque haya quien no lo crea no es incompatible con una visión crítica.

Antes de empezar, quiero aclarar que sé lo que es el feminismo, que sé que es un movimiento de igualdad, que sé que busca la solución de importantes problemas como son el número tan aterrador de casos de violencia machista, la cosificación de la mujer o su infravaloración en el plano material a nivel social, entre otros muchos. Es más, yo también soy parte de esta lucha, y creo que todos y todas deberíamos serlo, sin embargo, hace tiempo que empiezo a sentir que no formo parte de la nueva corriente feminista, concretamente, desde que empecé a sentirme ahogada en mi propia lucha.

No hay quien hoy en día no haya escuchado la palabra «patriarcado», nacimos y vivimos en una sociedad patriarcal y así ha sido siempre en la mayor parte del mundo, pero no creo que por ello debamos pensar que todo lo que venga de una época anterior sea malo.

Comencemos por el lenguaje: en español el género masculino es el genérico y ello se achaca a la supremacía del hombre sobre la mujer, olvidando que en otras lenguas como por ejemplo, el alemán, es el femenino el que adquiere este papel, siendo el pronombre «die» el que se utiliza para el femenino, y a la vez para el plural, que engloba femenino y masculino. Habiendo sido Alemania también una sociedad patriarcal porque en general, el mundo lo ha sido y lo es. Aun con todo, cada cual es libre de utilizar una «e» o una «x» en su lugar («todxs» o «todes»), pero considero que lo realmente importante es la connotación del lenguaje más que su literalidad, así que rogaría que no me corrigieran si desde ahora, utilizo el plural masculino para englobar a ambos.

Lo siguiente que empezó a asfixiarme fue el pack múltiple al que tienes que pertenecer: para que yo sea una buena feminista, tengo que ser también repúblicana, atea, radical de izquierdas, un poco antisistema, pro-aborto, animalista, y poliamorosa. Perdonadme, pero tengo que obligarme a dejar de sentirme avergonzada al decir que de ahí, personalmente solo cumplo lo de feminista (creo, visto lo visto, quien sabe) y lo de animalista, y no soy peor (ni mejor) persona que nadie. falsaria14568561896a011571ff676d970b01910413477f970

No, no no soy antisistema, odio los radicalismos y no soy poliamorosa ni pro-aborto, que son los siguientes puntos a los que quería entrar. A las personas monógamas nos están acribillando a exigencias de respeto hacia la poligamia, lo que no saben es que no solo ya lo hacemos, sino que además no somos correspondidos en dichas exigencias. Respetamos y toleramos que la poligamia sea la concepción de amor de quien quiera, lo que al menos yo no respetaré jamás son las imposiciones, porque quienes no lo somos, de repente nos hemos convertido en personas tóxicas, posesivas, celosas, machistas y lo peor de lo peor, porque el amor romántico «es hijo del patriarcado». Los monoamorosos, somos conscientes de que todo el mundo tiene ojos en la cara, pero pensamos que de ahí al poliamor hay un gran trecho y hay quienes nunca lo cruzamos simplemente porque no lo sentimos y sí, creedme, se puede querer pasar la vida con sólo una persona, y no por eso estamos más atrasados que nadie, ni tenemos por defecto esos atributos, cada uno es un mundo aparte. Tampoco soy pro-aborto. Estoy a favor de que esté permitido para que cada mujer decida lo que quiere hacer con su cuerpo, pero en lo que es mi ámbito personal, no estoy a favor.

Y por último y metiéndome muy levemente en el tema de la legalidad, aunque todavía queda mucho camino por hacer, fue un gran avance la Ley Orgánica 1/2004, del 28 de diciembre, de medidas de protección integral contra la violencia de género. Puede que os lo hayan preguntado mil veces, pero en serio, ¿dónde dejamos el maltrato físico o psicológico que sufren algunos hombres? ¿dónde dejamos el maltrato entre parejas homosexuales? ¡Es que esos colectivos son minoría! Vale, partamos de que eso es cierto: ¿en qué momento hemos pasado a discriminar a los grupos minoritarios? Por no hablar de la reciente declaración de constitucionalidad del artículo 153 del Código Penal, en base al que cualquier delito cometido por parte de un hombre  hacia una mujer que sea o haya sido su esposa, o que tengan o hayan tenido una análoga relación, aunque no tenga nada que ver con la violencia (por ejemplo, un hurto), se agrava por el mero hecho de que lo ha cometido el hombre. Si el feminismo es verdaderamente un movimiento de igualdad, no debería aceptar este tipo de descaradas discriminaciones innecesarias, que vulneran la igualdad (derecho fundamental, art. 14 CE).

Me duele la opresión disfrazada de «pensamientos libres» por no pertenecer al pack, y sobretodo me duele y lo siento por decirlo, que todo esto me hace sentir que el feminismo está siendo instrumentalizado por la moda, olvidándose de los problemas que mencioné en un principio y de que es un movimiento que busca la igualdad. Me aterra sentir que el nuevo feminismo está convirtiéndose en una nueva opresión para muchas mujeres como yo, y no paro de pegarme batacazos porque casi todo aquel que me dice que es de mente abierta y progresista, se olvida mencionarme que solo lo es con la gente que piensa de forma similar.

Tengo pocas personas a mi lado, y estoy encerrada en una lucha casi solitaria que hace mucho que se quedó obsoleta, pero sigo siendo fiel a mí misma, a mis sentimientos y a mis principios, la tolerancia, el respeto, y la igualdad entre ellos.

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