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Ilustración de Carmen Navarro

Él no te quiere

Tengo casi 20 años y me entristece –más de lo que me enfada– ver cómo, tanto la mía como nuevas generaciones que la siguen, aceptan como normales cosas que no lo son en absoluto, cosas intolerables que no sólo no ayudan a avanzar como seres humanos, sino que nos frenan y nos hacen retroceder a pasos agigantados. Me preocupa mi hermana de 16 años y chicas como ella que ven a diario relaciones tóxicas, MALentendidas como “amor verdadero” cada vez a edades más tempranas. Me preocupa mi prima, que en el instituto consuela a su compañera, una niña que llora porque su novio se ha enfadado al verla con unos pantalones demasiado cortos, o una camiseta demasiado ceñida. Me preocupa que esa chica acabe viéndolo lógico, asumiendo su supuesta culpa. Me preocupa que crean eso de “los que se pelean, se desean” y que son los que más veces se separan y vuelven, los que más se quieren. Me preocupa enormemente que algún día vivan algo así y acaten absurdas normas impuestas por cualquier imbécil que se crea con derecho a exigirles una forma de vestir –o de vivir–. Y me preocupa aún más que lo hagan porque crean que en eso consiste una relación estable.

A ver cómo te digo esto sin que duela… No, él no te quiere si te hace callar, o si sientes que su opinión vale más que la tuya. Él no te quiere si te desprecia, o si te humilla delante de la gente; si sientes que coarta tu libertad impidiéndote ser tú misma al cien por cien. Él no te quiere si te presiona o te chantajea emocionalmente (porque, aunque no quieras verlo, un “¿tú no vas a hacerme nada a mí? Si yo siempre te hago de todo…”, es chantaje emocional). Él no te quiere si te grita, o si te culpabiliza sin fundamento constantemente (“tú sabrás lo que has hecho”); si sientes que siempre le pasa algo y tienes que ‘arreglarlo’ tú (y así todos los días porque ha sido tu culpa – ¿esta vez también?–). Del mismo modo, no es sinónimo de amor el querer conocer –o mejor dicho, controlar– qué haces, dónde estás y con quién (aunque maquille el control de preocupación, justificándolo con un “sólo quiero que no te pase nada”). Él no te quiere si, al enfadarse, te insulta (“es que eres gilipollas”) y, por supuesto, él no te quiere si te pega. Muy desgraciadamente, es esto último lo único que parece grave, lo que nos hace reaccionar y sorprendernos. Y nos choca porque, todavía a estas alturas, no somos capaces de entender que esto es un proceso gradual. Gradual y tortuoso para quien lo sufre, incluso si esta persona no se da –o no quiere darse– cuenta de ello.

Él no te quiere si te desprecia, o si te humilla delante de la gente; si sientes que coarta tu libertad impidiéndote ser tú misma al cien por cien.

A lo mejor piensas que tu pareja no hace ninguna de esas cosas (aunque te diría que te fijes de nuevo, por si acaso). Pero aún no hemos terminado, falta algo bastante importante: esos celos de película camuflados de amor, los “tengo miedo de perderte y por eso…”. No son pocas las veces que he podido escuchar, incluso de amigos cercanos: “si yo confío en mi novia, de lo que no me fío es de los otros tíos” como argumento de peso –pues lo dicen abiertamente, super convencidos– para no dejarlas salir de fiesta. Igual de lamentable que, en estos tiempos dominados por las nuevas tecnologías y redes sociales, haya gente que intercambie contraseñas con su pareja, ya sea de forma voluntaria o no, con el fin de controlar conversaciones, ‘me gusta’ e incluso seguidores y amigos. ¡Despierta! Tu novio no te quiere por estar celoso y pedir –o exigir– que dejes de seguir a todos esos chicos que, según él, van detrás de ti (y da igual que tú sepas que no es así).

No eres propiedad de nadie, y es por eso que nadie puede prohibirte hablar o quedar con quien te apetezca, tanto con chicas como con chicos, cuando desees. Dejemos de asociar los celos enfermizos con amor verdadero, por favor. No aceptemos un “yo es que soy muy celoso pero es porque te quiero” como excusa cuando, en realidad, nos están privando del derecho a hacer con nuestras vidas lo que queramos. Te lo repito: no es amor cuando te pide que no salgas de fiesta, directa o indirectamente. No es amor cuando salís por ahí juntos porque no le gusta que salgas sola con tus amigos. No es amor cuando se molesta por cómo vistes diciendo que “vas enseñando mucho”, “pareces una guarra” e incluso “¿para qué te maquillas tanto si no es para mí?”. Y, como espero que comprendas, NO te quiere cuando juzga y critica a los de tu alrededor, cuando te hace elegir, cuando llega a aislarte.

Dejemos de asociar los celos enfermizos con amor verdadero, por favor. No aceptemos un “yo es que soy muy celoso pero es porque te quiero” como excusa cuando, en realidad, nos están privando del derecho a hacer con nuestras vidas lo que queramos.

Por todo lo anterior, tengas la edad que tengas, si al leer este texto te has sentido identificada con algo, espero que ese algo sea parte de tu pasado. Y si es presente, reacciona. A todos aquellos que deseen un amor sano –o ‘verdadero’ para los románticos–, mi consejo es que lo busquéis evitando todo lo que NO es. Spoiler: acertaréis.

P.D. Por supuesto que muchas de las situaciones descritas –si no todas– pueden darse al contrario, aunque en un porcentaje bastante menor. Por ello, me he centrado en lo que, personalmente, considero más necesario: ayudar a niñas y chicas jóvenes a detectar todo esto cuanto antes, dejando claro que NO es amor, sino machismo y maltrato.

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