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Gente especial: por ti y por todos tus compañeros

Callao - Madrid (Wikipedia)Ocurrió en septiembre, en Madrid. Eran algo más de las doce de la noche, y estábamos caminando de vuelta al apartamento por Callao, cuando aquella pancarta hecha en un cartel cualquiera me encandiló: “no quiero dinero, me basta con una sonrisa”. Aquella, tan simple y tan especial con una sola frase me marcó desde ese día y me hizo ver cosas que no veía antes. Soy de los que creen que estamos perdiendo los valores que nos han enseñado nuestras generaciones anteriores: estamos perdiendo la gratitud, la solidaridad e incluso la bondad. Cada vez somos menos cariñosos y más calculadores. Aún así, gente como esta nos hacen mantener la esperanza todavía. Personas con las que no te une nada, y de la nada te hacen reír cuando has tenido un mal día.

Hay dos ejemplos perfectos en los trabajadores de mi facultad: el personal de la cafetería y del comedor son siempre gente agradable hasta límites insospechados: nunca les he visto tener una mala palabra hacia alguien, más bien todo lo contrario, les he visto no perder la sonrisa cuando han recibido una mala respuesta e incluso les he visto ayudar cuando tienes algún problema. Y el otro ejemplo es el personal de la copistería: es la persona más extrovertida que trabaja en la facultad, siempre atendiéndote de forma divertida e incluso dándote consejos sobre algún profesor. Es gente de la que no sabes ni su nombre, pero pueden llegar a arrancarte la única sonrisa que muestres en todo el día.

Aunque todavía se puede ir más lejos. El año pasado compartía clases con una persona llamada Ángela, que por cierto, escribe también por estos lares. Entre nosotros podía haber tranquilamente dos décadas de diferencia. Aunque al principio no teníamos apenas relación, a lo largo del curso la amistad se afianzó hasta tal punto que siento muchísima admiración por ella ya que no creo que deba ser fácil estar en una carrera rodeada de gente joven, y aún así ella ejerce un poco como madre de todos, nos anima cuando vemos la cosa cruda, se preocupa por nosotros y nos aporta su voz de la experiencia. Este año desafortunadamente no compartimos clases, y muchas veces siento que la extraño, echo de menos su forma de ser, el optimismo que te mete en las venas.

No son héroes ya que no llevan capa ni tienen superpoderes como ellos. Y tal vez, deberían llevarla. Y como nunca les damos las gracias a esa gente especial por ese trabajo psicológico que hacen y que nadie nunca les agradece, a mí me apetecía hacerlo en estas líneas: gracias, a ti, y a cada uno de tus compañeros.

4 comentarios

  1. Mil gracias por tus palabras, no las merezco. Solo decirte que yo también te admiro a ti y que cuentes conmigo para lo que necesites. Nunca te canses de crecer aunque, eres muy grande ya. Eres un crack! Besos

  2. Es cierto que se está perdiendo la humanidad. Se está perdiendo el respeto a las personas de más edad que obviamente tienen más experiencia que nosotros. Éso no significa que a veces no llevemos razón a la hora de llevarles la contra, porque ellos también se equivocan.

    El encontrar hoy personas dispuestas a devolver sonrisas contra insultos, contra caras serias, contra el ambiente agresivo y de prisas que lleva el mundo es algo que debemos de agradecer. Sobre todo cuando esas personas están siempre que las necesitamos.

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