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Fronteras (in)humanas. / Paula Michelle Cabeytú Gómez.
Fronteras (in)humanas. / Paula Michelle Cabeytú Gómez.

¿Qué queda cuando te quitan todo, incluso la esperanza?

Todos los días me pregunto qué estamos haciendo mal, porque de alguna manera errónea estamos llevando a cabo nuestras acciones y actitudes cuando miles de personas, que nacen con los mismos derechos que nosotros, son rechazados por sus vecinos.

¿Qué es una frontera? Un obstáculo físico o artificial al que se le puso dicho nombre, pero a fin de cuentas fue algo inventado y que a raíz de ello separamos el mundo. Pero la humanidad, en término de seres vivos, no debería conocer dichas limitaciones, puesto que todos somos iguales y nacemos con los mismos privilegios.

Duele pensar que a nuestros antepasados les hubiesen cerrado las puertas cuando tuvieron que emigrar a otros territorios europeos o americanos en busca de un futuro mejor cuando España estaba en una situación mediocre. Duele pensar que a mí, siendo emigrante, me hubiesen negado la oportunidad de vivir en un país tan extraordinario como España. Duele pensar que día tras días, jóvenes y no tan jóvenes, emigran a otros países buscando lo mismo que los refugiados: un rayo de esperanza y luz al final del túnel, o lo que es lo mismo, una oportunidad de tener una vida mejor al cruzar las fronteras.

Por eso no comprendo cómo podemos quitarle todo a una persona que ya no tiene nada. ¿Se sentirá vacío, soledad, amargura…? No podemos definirlo con claridad puesto que nadie puede conocer el pensamiento de otra persona, pero sí podemos entender las miles de miradas de niños y adultos que transmiten todos esos sentimientos. Ante esto, podemos sentir empatía y ponernos en su lugar, o rechazarlos y seguir preocupándonos por si la actualización de Instagram afectará a mis ‘Me Gusta’.

Y duele pensar que estamos haciendo exactamente lo último, sin preocuparnos por lo que sucede a tan solo unos kilómetros de aquí. Comprendo la posición de muchas personas de que no podemos vivir lamentándonos sin disfrutar de nuestra propia vida, pero tampoco considero correcto, que personas ajenas decidan la vida de miles de seres humanos en un papel que tiene valor por llevar un sello.

Tenemos medios para enviar muestras de solidaridad, de empatía, de compañerismo… Así que hagamos un esfuerzo aún mayor para demostrar que tenemos un mínimo de respeto y humanidad hacia los demás, tal y como ellos eran fotografiados rezando por las víctimas de los atentados de Bruselas. Disfrutemos, respetemos, vivamos… Nunca sabemos cuándo nos puede volver a pasar a nosotros.

Sobre todo, reflexionemos…

“Que canten por esos que no cantarán”.

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