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¿Quién es quién?

No son pocas las veces que me he preguntado como un partido como Podemos, que emplea uno de los sistemas más perfeccionados de propaganda y marketing de toda Europa -con el enorme equipo de profesionales especializados que eso conlleva- ha sido capaz de financiarse y sobrevivir a base de microcréditos de sus militantes. O a estos les sobra el dinero, extraño pues se jactan de lo contrario, o ese dinero tiene otro origen. Por supuesto, no de un banco ya que no son más que, usando su propia terminología, meros “instrumentos del capitalismo”. Gracias a los últimos documentos que parecen haber salido a la luz, hemos descubierto que el gobierno de Venezuela -firma de Chávez incluida-, principalmente, desembolsó la “irrisoria” cantidad de 7 millones de euros para la expansión del chavismo por el Viejo Continente. Parece que las cuentas ahora sí cuadran.

Sin embargo, hay algo que llama más la atención. Los medios aseguran que el ya famoso triunvirato formado por Pablo Iglesias, Monedero y Verstrynge viajaron allí y asesoraron al gobierno venezolano. Ahora bien, Diego Arria, ex-presidente del Consejo General de la ONU, ha llegado a afirmar en varias ocasiones que Venezuela era, y probablemente siga siendo en estos días, un país dominado por los servicios secretos cubanos, que, por cierto, se consideran uno de los más sofisticados del planeta. Resulta complicado pensar que Iglesias, que allá por 2008 y con apenas 30 años, fuera a asesorar a un gobierno dirigido por una de las maquinarias comunistas más potentes del mundo, capaz de mantenerse en el poder durante varias décadas. Siempre en el terreno de las conjeturas pero, ¿no podría ser que fueran estos tres camaradas los que recibieron el asesoramiento? Puede que tardemos en saber la verdad sobre este tema e incluso puede que nunca podamos sacar algo en claro acerca de ello en su totalidad, pero no cabe duda de que el asunto es oscuro y muy turbio.

Pero hay algo que sí sabemos -o al menos deberíamos saber-. Sabemos a lo que nos enfrentamos, una vez más, por mucho que algunos se empeñen en mirar para otro lado. Ha costado sangre, sudor y lágrimas alcanzar un sistema de gobierno democrático que garantice las libertades individuales, y nuestro deber es mantenerlo y protegerlo a toda costa. Por mucho que no esté perfeccionado, por muy largo que sea el camino por recorrer. En estos tiempos difíciles, evitar esos cantos de sirena del populismo es indispensable porque, si algo hemos aprendido a lo largo de la historia, es que nunca para problemas complejos hubo soluciones sencillas.

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