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Juntos por la igualdad. / Paula Michelle Cabeytú Gómez

El sexo débil, o eso siempre nos han dicho

Salir a la calle se ha convertido en los últimos años en una aventura para las mujeres. Ya puedes tener diez, veinte, o cincuenta años e ir vestida de cualquier manera que seguirás siendo considerada del sexo inferior por el “miedo” o respeto que nos da ir al mundo exterior. Y hablo de sociedades del Primer Mundo del pleno siglo XXI, no de aquellas en las que, desgraciadamente, se castiga a una madre por tener un descendiente del sexo femenino.

Varias experiencias de primera mano me confirman, día a día, que nos miran y toman como muñecas de trapo fáciles de manejar a las que se les puede tratar de cualquier manera. Las mujeres nacen, se reproducen y mueren, con los mismos derechos que lo hacen los hombres. Sin embargo, generación tras generación, hemos adoptado diferentes roles en la sociedad.

Tenemos en nuestra mentalidad que las mujeres solo sirven para hacer trabajos que no requieren esfuerzo alguno para no sufrir daños, que solo vemos películas de amor cuyos héroes son los hombres, que somos menos inteligentes y por eso no podemos estudiar carreras del ámbito de científico, o que no podemos ir por la calle solas por “lo que te puedan hacer”.

Podemos trabajar y hacer tareas sin miedo a que se rompa la manicura. Vemos películas de acción o de terror, y no por ello somos menos mujeres. Estudiamos materias relacionadas con la ciencia, la tecnología o lo social porque tenemos el mismo cerebro que los hombres. Y también podemos ir solas porque somos independientes y capaces de “autodefendernos”.

El hecho de que los hombres tengan más fuerza que las mujeres está demostrado biológicamente, pero ¿por eso ya hay que aceptar que se maltraten a mujeres día tras día? Tenemos agallas suficientes para levantar la voz y parar esto. Sin embargo, el miedo a ser despreciadas nos supera, por lo que nos callamos y asumimos que nos califiquen como inferiores.

Por ello, reivindico una frase célebre de Cervantes para demostrar que nuestra sociedad puede evolucionar a mejor en todos sus ámbitos, respetando a todas las personas por igual:

Cervantes: “Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia”.

Así que mujeres de todo el mundo, niñas, jóvenes, adultas, abuelas… Salid a la calle sin miedo a poneos un vestido o falda por el qué dirán. Salid pisando fuerte, sonriendo, siendo valiente. Salid a vivir vuestra vida, ya que nacemos con los mismos derechos en el mismo planeta Tierra.

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