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CLAVES PARA EL RETO DE LA IZQUIERDA REAL

jcIncertidumbre. De cara a las próximas elecciones generales no cabe plantearse otra. Incertidumbre que se da a todos los niveles en la España de hoy: ciudadano, político, económico, europeo… Ahí están los datos ofrecidos por las encuestas que lo corroboran: el bipartidismo en mínimos históricos, la cada vez más creciente desconfianza de la ciudadanía en la clase política y unos resultados electorales que ponen de manifiesto un futuro parlamento tan variopinto como ingobernable.

Ante todo ello, la verdadera izquierda debe estar más que preparada, al igual que la ciudadanía. Nunca antes en la historia de la España posfranquista han existido unos resultados tan favorables para Izquierda Unida y el resto de partidos minoritarios del ala izquierda del Congreso. Pero la cosa no ha de quedar solo ahí, en unos resultados dulces con sabor de miel y con escasa capacidad real de influencia. Cuarenta o cincuenta escaños, por muchos que parezcan para una izquierda que tradicionalmente ha estado dividida, no son más que eso, un puñado de escaños que no conseguirán en absoluto dar el poder real ni a la izquierda verdadera ni a una ciudadanía harta de las políticas de austeridad económica. Es decir, estos supuestos resultados electorales no servirían de freno para el neoliberalismo actual ni para un cambio real del sistema que muchos vienen demandando desde hace ya tiempo.

¿Hacia dónde debe caminar la izquierda? ¿Cómo ha de hacerlo? Lo que se plantea en este artículo no son más que unas cuantas claves que, sin duda, podrían constituir un buen punto de partida para este gran reto:

1. O sorpasso al PSOE o nada. Aquí se halla el quid de la cuestión. Si Izquierda Unida se conforma con obtener unos pocos escaños de más, la crisis actual pasará más tarde que temprano y la población en general comenzará a olvidar las demandas de cambio no solo económicas sino también políticas referidas a la democracia real y participativa; viéndose el electorado de izquierdas nuevamente seducido por la falsa socialdemocracia que representa el PSOE actual. Hay que dejar claro quién es la alternativa y por qué, que allá se encuentran, en la orilla de enfrente, como bien dijo Julio Anguita, el capitalismo representado tanto por PP como por PSOE; y que en esta orilla, la de la calle, la de la mayoría, se halla la alternativa social y económica a un sistema del cual hay que dar a entender que es el causante de no únicamente la crisis económica, sino de la crisis social y de valores en la que vive toda la humanidad en su conjunto.

2. La izquierda o va unida, o no va. Otro punto igualmente interesante. No solo la Izquierda Abierta de Llamazares, el Partido Comunista, la CUT (Candidatura Unitaria de Trabajadores) y alguno que otro más deben ir unidos bajo las siglas de una misma formación. Se ha de hacer un frente de izquierdas amplio y que aglutine a todo aquel que, de una forma u otra, esté en contra de la ola neoliberal actual y del llamado “austericidio”. Esta futura coalición no ha de pelear por puestos en las listas, uno de los grandes pecados de IU años atrás en ciertos casos, sino por un programa político tal vez a ocho años y con unos puntos concretos para salir de la crisis y cambiar el sistema político español. Una vez sentadas estas bases y explicadas a la población, la coalición podría, solo entonces, si así lo desea, disolverse.

Hasta ese momento la izquierda ha de estar más unida que nunca frente al sistema. Los ecologistas de EQUO o ICV, la Chunta Aragonesista, los nacionalistas de izquierdas de ANOVA y todas las formaciones de izquierda minoritaria como Izquierda Republicana, PASOC, Izquierda Anticapitalista incluso llegando hasta partidos como Por Un Mundo Más Justo o el PACMA habrían de sumarse a esta coalición, una coalición similar a la del Frente Popular durante la Segunda República.

SYRIZA en Grecia o AGE en Galicia también serían buenos ejemplos. Aquí no cabrían las pequeñas diferencias, habría que dejarlas atrás en un primer momento, ya que el objetivo ha de ser común frente a las divergencias de orden menor: cambiar el sistema de raíz.

3. Una buena comunicación. El dejar claro que el PSOE no es un partido de izquierdas (exceptuando quizá ciertos miembros de sus bases), que hay que cambiar el sistema de raíz, pero paulatinamente, y todo lo expuesto con anterioridad no es algo nuevo, sino que es algo que la izquierda en España lleva reclamando casi desde tiempos inmemorables.

Sin embargo, ha habido momentos en los que los programas de la izquierda han sido mejor entendidos por la ciudadanía. Estamos en un momento en el que el contexto sociopolítico es el más idóneo para que los programas de izquierdas sean comprendidos por un pueblo que está empezando a madurar. Pero para que el mensaje cale en cuanta más gente posible hace falta, sin duda alguna, un buen emisor.

Es bien cierto que vivimos en la cultura de la imagen y que una nueva y bonita cara puede hacer que la población vote a un partido o a otro sin atender al programa de este en lo más mínimo. Mas aquí no se está hablando de eso, sino de alguien que sepa explicar bien el programa de las izquierdas, sea quien sea. Sin dirigentes carismáticos como Salvador Allende, por ejemplo, la población jamás habría entendido su programa, el de las izquierdas.

4. Adiós a los viejos métodos. No hay nada mejor que predicar con el ejemplo y puede que esta sea la razón por la que el pueblo no encuentre a su dirigente. El dejar atrás la elección de candidatos por medio de congresos es algo que de hacerse ya, pues no solo ha de reclamarse democracia participativa a nivel estatal, sino que ha de hacerse de igual modo a nivel interno dentro de los propios partidos, con unas primarias abiertas que elijan a ese buen comunicador y dirigente (que no líder) que sepa explicar el programa lo mejor posible a la ciudadanía.

Por otra parte, el dejar claro que se es alternativa al sistema no se hace participando directamente en sus aspectos más negativos, esto es, formando parte de las políticas de austeridad de la Junta de Andalucía, pidiendo préstamos a bancos que luego pudieran condicionar la política de un futuro gobierno de izquierdas o interviniendo en los consejos de administración de las cajas de ahorro. Es en este puto donde la izquierda, y sobre todo IU, debe hacer más autocrítica para así poder dejar claro al pueblo dónde se sitúa la izquierda y dónde la derecha.

Con todo ello, puede que la izquierda deje claro de aquí a 2015 dónde se sitúa y hasta dónde puede llegar y convertirse así en la verdadera oposición a las políticas neoliberales que asolan Europa. Pero además de todo lo expuesto, existe otra gran clave que no ha de olvidarse pese a la inmediatez que demanda la ciudadanía y el momento actual: el sosiego y la serenidad para concienciar a la población y así cambiar el sistema de la mano de esta y progresivamente. Solo de este modo la izquierda podrá llegar a ser una alternativa real.

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