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La importancia de las letras

La educación y el poder están irremediablemente unidos. Quien pueda demostrar lo contrario, que tire la primera piedra. Desde los primeros Homo sapiens-sapiens que conocemos, es sabido que con el uso de la palabra se produce un importante cambio de liderazgo, siendo más venerado el más sabio (y no el más fuerte). Con el paso del tiempo hemos desarrollado diferentes formas de gobierno, donde en algunas se deja en evidencia esta evolución.

Algo que debería ser un instrumento se convierte en un arma. Paradójicamente, recurrimos a las armas cuando no conocemos de estos instrumentos. Cuando el gobierno da más importancia a la fuerza que a la educación podemos deducir que no ha conseguido dar el paso que conseguimos dar hace unos 200.000 años. Teniendo en cuenta el uso que cada tipo de gobierno le da a la educación –si se le puede llamar educación al adoctrinamiento-, sacamos en claro que nos encontramos ante un arma realmente poderosa.

Con esto quiero llegar al hecho de que el poder decide el tipo de educación que quiere que su país reciba. Cuando dejamos que un partido político cambie por completo las leyes de educación, estas dejan de tener validez. Si el pueblo no conoce sus derechos, ¿De qué les sirven?  En España hemos hecho, en comparación con otros países, demasiados cambios en las leyes de educación en beneficio del partido que en ese momento está en el poder. Unas cuantas siglas que la mayoría no sabemos diferenciar con claridad definen nuestro pasado y futuro estudiantil: LGE (1970), LODE (1985), LOGSE (1990), LOCE (2002), LOE (2006) y ahora LOMCE (2013).

Comenzaremos por la prematura LGE (Ley General de Educación), que estableció la enseñanza obligatoria y gratuita hasta los 14 años con la famosa EGB, reformando todo el sistema educativo por la necesidad de escolarización de la población. La siguiente fue la LODE, que mantuvo los pilares básicos de la anterior añadiendo la creación de consejos escolares para que profesores y padres pudieran participar. De la LODE pasaremos a la LOGSE, que se diferencia con la anterior en que en esta los alumnos estaban obligados a seguir estudiando hasta  los 16 años, en vez de finalizar a los 14. Se cambiará el COU por Bachillerato y se reduce el número de alumnos por clase. La LOGSE es sustituida por la LOCE, que no se llegó a implantar. En 2006 se aprueba la LOE (Ley orgánica de educación), con la que nos detendremos algo más.

Su objetivo inicial era, literalmente “adecuar la regulación legal de la educación no universitaria a la realidad actual en España (…) bajo los principios de calidad de la educación para todo el alumnado”.

Y ahora os estaréis preguntando, ¿Y qué quiere decir con esto? Pues el objetivo era “reagrupar” los contenidos de algunas asignaturas para poder meter con calzador otras asignaturas en su lugar. Los cambios más polémicos de esta ley fueron la libertad de escoger una alternativa a religión (sin contar ninguna de las dos para hacer la media final de notas) y la implantación de la asignatura de educación para la ciudadanía.

Cabe destacar que las leyes de educación son socialistas, ya que la propuesta por el Partido Popular (LOCE) no llegó a implantarse.

Llegamos por fin a la LOMCE. El resentimiento llevará al Partido Popular a retomar prácticamente los mismos principios que aclamaba la LOCE, siendo esta vez aprobada. Los principales cambios a destacar son la vuelta a la contabilización de la asignatura de Religión para la nota final, cambiar la asignatura de educación para la ciudadanía (ya que, según ellos, es un modo de adoctrinamiento)  y las llamadas “reválidas”, a las que personalmente suelo llamar  trabas, ya que es lo único que son. Son trabas para que más niños se queden en el camino y dejen los estudios.  ¿Qué quieren conseguir?

Si algo está claro es que es mucho más fácil adoctrinar que educar. Pero si su objetivo es ese, que dejen de mentir. Las siglas en ese caso están mal empleadas, debería llamarse LOMCA (Ley orgánica para la mejora de la calidad del Adoctrinamiento).

Viendo que España se encuentra en el puesto 26 en desarrollo educativo está claro que el problema no está en la izquierda o la derecha, sino en que los políticos de estos partidos no dejan de mirar sus ombligos. Se toman la educación de un país como una competición en la que hay que tener más méritos para luego reprochárselos al equipo contrario. Debemos actuar antes de que sea demasiado tarde, nos despistemos y ya nos hayan quitado más derechos camuflándose en unas siglas mal empleadas.

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