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Legislatura con sabor a democracia

El Partido Popular, tras su victoria en las pasadas elecciones, volvió a consolidarse como el partido más votado del país en una situación difícil planteada por los resultados electorales, reflejo de una sociedad española en la que el pluralismo político se ha visto consolidado con la llegada de los nuevos partidos: Podemos y Ciudadanos. Espada de doble filo para una clase política que se había acomodado en un bipartidismo que no reflejaba la diversidad política e ideológica de nuestra sociedad y que comenzaba a generar un malestar grandilocuente que tuvo su manifestación máxima en el movimiento 15M allá por el año 2011. El pueblo reclamó cambio y acuerdo entre las diferentes formaciones políticas para una legislatura que no fuera gobernada a mano de decreto ley, tal y como venían haciendo PP y PSOE a raíz de sus mayorías absolutas antaño. Recordemos que tras las elecciones del 20 de diciembre del pasado año se procedió a la fallida investidura por parte del candidato socialista Pedro Sánchez a la presidencia del gobierno, en la que PSOE y Ciudadanos pactaron un acuerdo de legislatura donde la falta de apoyos a ambos bandos del hemiciclo culminó en su fracaso. Y es que, pese a la negativa por parte de Rajoy a presentarse a la investidura, entendió que su voto negativo a una alternativa en la que no fuera encasillado y donde sus políticas fueran barridas era lo correcto, desembocando ello en la celebración de unos segundos comicios en los que la teoría de “o no nosotros o el caos” del Partido Popular sirvió para un incremento de sus votos, aun así insuficientes, para la consolidación de una mayoría que trabajase independientemente del congreso y que gobernara a sus anchas sin encontrar la más mínima oposición.

Estos acontecimientos le obligaron a desarrollar una actitud de diálogo de cara al resto de formaciones y que tras varios meses de idas y venidas por parte de este y del resto de partidos, acabó con la confección de una alianza PP-Ciudadanos para la formación de un nuevo gobierno, sumando a ello el voto a favor de Coalición Canaria con un diputado. Sin embargo, la suma de diputados de dicha alianza se mostraba insuficiente para ello y era necesario el voto a favor de otro partido. Dicha alianza no dudó en acudir al PSOE para reclamar su voto a favor en un principio, a lo que los socialistas se negaron categóricamente, pero claro, seguíamos sin tener gobierno. Ni Unidos Podemos ni los nacionalistas vascos y catalanes dieron su brazo a torcer, favorecido todo ello por la más que cuestionable capacidad negociadora de los populares. Finalmente, el PSOE rectificó y al entender que una legislatura con un gobierno en minoría y condicionado por el parlamento suponía la mejor de todas las opciones viables, por lo que, evitando llevar al país a la celebración de nuevas elecciones, en las que podría haberse dado la tan ansiada mayoría absoluta que deseaban los populares, decidió resolver el conflicto con sentido de estado y acuñando una abstención que fue víctima de desavenencias y de críticas oportunistas por parte de miembros en desacuerdo del mismo y de aquellos partidos que, mirando más para sí mismos que para el propio país, no dudaron en culpar a los socialistas de dejar gobernar al partido de la Gürtel o de la ley mordaza. Sin embargo, era este el mejor camino para condicionar las políticas de un gobierno que, ahora en minoría, tanto daño han hecho a este país durante los cuatro años -mejor dicho cinco- que ha parecido legislar al margen de la realidad y se ha encasillado en su propia burbuja, sin ningún tipo de tapujos a la hora de llevar a cabo políticas que favorezcan a una mayor privatización de la sanidad y la educación, una precarización de las condiciones laborales, etc. Este mes pudimos contemplar como el parlamento, unido frente a los populares, pudo paralizar una de sus medidas “estrella”: la LOMCE.

PSOE, Ciudadanos, Unidos Podemos y el resto de formaciones nacionalistas demostraron que hay cabida para el acuerdo y que entre todos pueden hacerse las cosas de manera consensuada, sin poner en juego las diferencias ideológicas de cada partido. El Congreso se cobra su primera victoria, una victoria que será la primera de muchas y que vaticina una nueva etapa política más plural y, a su vez, más democrática.

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