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¿Renta Básica o Trabajo Garantizado?

El eterno debate de la izquierda sobre el modelo de redistribución de la riqueza

Que España tiene un problema de desigualdad es algo en lo que los distintos economistas que proponen una gran redistribución de la riqueza están de acuerdo. De hecho, el 1% de los ciudadanos españoles más ricos acumulan más riqueza que el 70% más pobre, según un informe de Intermon Oxfam. En lo que no hay consenso (y si algo sabe la izquierda de este país es discutir) es en cómo ha de llevarse a cabo esta redistribución.

Dos de las propuestas que suscitan más debate entre sus detractores y partidarios son la Renta Básica Universal y el Trabajo Garantizado. No son propuestas nuevas, pero la visibilidad que le han dado los partidos de la izquierda española, ha reabierto el debate sobre la idoneidad de ambas.

RENTA BÁSICA UNIVERSAL

Para Daniel Raventós, presidente de la Red de Renta Básica y economista, “la Renta Básica es una de las medidas más eficaces para garantizar, desde el punto de vista técnico, la existencia material de toda la población”. Se trata de un ingreso libre de impuestos que el estado asigna a todos los ciudadanos, independientemente de su situación económica. Esta asignación ha de permitir a cada individuo vivir por encima del umbral de la pobreza (en España se situaría alrededor de los 600 € mensuales).

La propuesta de autofinanciación que ha presentado Raventós, junto con otros economistas, consistiría en una gran transferencia de renta mediante un tipo único de IRPF del 49% y un ahorro de las prestaciones redundantes con la Renta Básica, como son las prestaciones por desempleo, las pensiones, las becas, las ayudas para la familia o contra la exclusión social, etc.

Las investigaciones de este grupo de economistas concluyen que se podría implementar, en el estado español, una Renta Básica Universal, que no generase déficit neto ni una excesiva presión fiscal, que supusiese un incremento de renta neta para la mayor parte de la población y que este incremento fuese progresivo.

Las consecuencias inmediatas, sostienen que serían la eliminación de la pobreza en el conjunto del estado y el incremento del poder de negociación de los empleados con los empleadores, ya que ningún trabajador se vería obligado a aceptar empleos precarios.

TRABAJO GARANTIZADO

La idea de Trabajo Garantizado parte de la premisa de que la falta de empleo no implica que no exista trabajo por hacer en nuestras comunidades. Según Eduardo Garzón, economista y miembro de ATTAC, el estado español podría garantizar un trabajo remunerado, con condiciones laborales dignas, a toda aquella persona con capacidad y voluntad de trabajar. Eso sí, la magnitud económica de la medida exige una implementación progresiva, a fin de no causar grandes alteraciones en el mercado laboral.

La propuesta, según Garzón, se financiaría mediante una reforma fiscal, que a grandes rasgos, supondría un tipo del 35% en el Impuesto de Sociedades, persecución del fraude fiscal, un impuesto a las transacciones financieras (la conocida como ‘Tasa Tobin’) y un impuesto sobre el patrimonio. Además, al igual que ocurriría con la Renta Básica, se producirían una serie de ahorros detallados anteriormente.

El programa de Trabajo Garantizado consistiría en reforzar aquellas actividades que ya se realizan, pero de manera insuficiente, relativas a la educación o sanidad públicas o a actividades culturales, crear nuevas actividades, que no se realizan en la actualidad, sobre todo ecológicas, y remunerar y visibilizar los trabajos domésticos.

Los resultados inmediatos no serían muy distintos a los de la Renta Básica. La posibilidad de acogerse al programa de empleo público acabaría con los ‘empleos basura’ al tiempo que se lograría una mayor paz y cohesión social. Además, el Trabajo Garantizado supondría una situación de pleno empleo y un aumento del PIB, al aumentar la renta y la oferta de bienes y servicios.

CONSECUENCIAS ECONÓMICAS

La Renta Básica plantea una serie de dudas en cuanto a sus consecuencias en el mercado laboral, aunque es cierto que para un individuo que no percibe ningún ingreso, esta medida es muy potente y no tiene efectos negativos.

Pero si el individuo fuese un trabajador que cobrase un salario bajo, apenas por encima de los 600 € aproximados que recibiría con la Renta Básica, la imposibilidad de los pequeños autónomos de subir los salarios a sus trabajadores hasta un punto que estos prefiriesen mantener su trabajo, se traduciría en el cierre de estos pequeños negocios en favor de las grandes empresas que sí podrían permitirse la subida de salarios.

Si, por el contrario, el trabajador no quisiese abandonar su puesto de trabajo por motivos de satisfacción, con un sueldo medio, una bajada significativa del salario no supondría una bajada en el ingreso total del trabajador gracias a la Renta Básica, incluso se darían situaciones en las que empleador y empleado ganasen con una bajada de salario. Esto supondría una transferencia de renta del estado a las empresas de manera indiscriminada.

CONSECUENCIAS SOCIALES

A pesar de que la Renta Básica sería una medida efectiva para acabar con la exclusión social, la gran movilización de recursos que conllevaría se podría utilizar para, además, mejorar los servicios sociales, satisfacer necesidades medioambientales y energéticas y formar a los trabajadores. Esto es algo que la Renta Básica no contempla y el Trabajo Garantizado sí. Más aún, la participación en trabajos que contribuyesen a mejorar la calidad de vida del conjunto, supondría una serie de beneficios sociales relativos a la satisfacción personal, la estima y la autorrealización.

Además, mientras que la ganancia de renta mediante Renta Básica podría ser servir a intereses particulares de los individuos, no siempre beneficiosos para el conjunto de la sociedad, el Trabajo Garantizado utilizaría los recursos para lograr objetivos comunes a la mayoría de la población, lo que supondría una democratización real de la economía. Esto es, el Trabajo Garantizado implicaría que las comunidades debatiesen cuáles son sus necesidades y, conjuntamente, se repartiesen los trabajos para satisfacerlas.

Sin embargo, la Renta Básica se traduciría en una emancipación a la que no responde el Trabajo Garantizado. La oportunidad de tener garantizado un ingreso permitiría, por ejemplo, que los estudiantes se pudiesen independizar a la vez que dedican el tiempo a sus estudios, y no al programa de Trabajo Garantizado. Lo mismo ocurriría con individuos que quisiesen formarse en disciplinas de su interés o emprender. En cambio el Trabajo Garantizado, podría provocar que solo aquellos que pudiesen permitirse no acogerse al programa y no recibir un ingreso, fueran quienes se formasen y tuviesen la posibilidad de trabajar en proyectos propios.

TODO UN RETO

Obviamente, cualquiera de las dos medidas no supone por sí sola la panacea. Ambas requieren un cambio en el modelo de sociedad y en el modelo productivo, incluso un cambio en la ideología del trabajo. Sería una ingenuidad pensar que apretando un botón en el Parlamento, y sin una implicación del conjunto de la sociedad, se podría acabar con toda la problemática económica y social derivada del modelo capitalista.

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