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Testimonio de un encuestador de la US

Si nos pusiéramos a contar la de veces que un par de jóvenes nos han interrumpido una clase para realizar una encuesta a los alumnos de una asignatura sobre el profesor de turno, seguramente nos faltarían dedos en la mano. A lo largo de cada cuatrimestre se realizan estas encuestas para evaluar a los profesores de las asignaturas que están impartiendo. No sabemos a dónde van a parar estos resultados, pero sí vamos a saber lo que hay detrás del sujeto encuestador.

Detrás de cada encuestador hay una previa solicitud de beca y un previo proceso de selección. J.P. recuerda que fue a mediados de octubre de 2013, al principio de este curso, cuando decidió solicitar esta beca. Era una beca remunerada y la necesidad de esa cantidad de dinero era compatible con sus obligaciones académicas.

Esta ayuda es una beca de formación para la que hay que ser alumno de la Universidad de Sevilla y estar dado de alta en la seguridad social pero en régimen de becario. Él confiesa que no es una verdadera cotización y que no sirve para prestaciones por desempleo ni para acumular pensión, pero que es algo a lo que no podía renunciar. J.P. cree que todos los alumnos de la US que recurren a ello es para sacarse un dinero.

Es complicado conseguir esta beca ya que solo seleccionan entre 70 y 80 encuestadores/as de cientos que la solicitan y los criterios para la selección son el expediente académico, el currículum, una entrevista grupal en la que responden a  un test sobre la disponibilidad de cada uno, motivaciones, habilidades etc. y otros méritos como el nivel de idiomas.

El salario es lo equivalente a 360 euros al mes; todo esto sin aplicarle deducciones IRPF y Seguridad Social, y trabajan entre 9 semanas repartidas en dos periodos del curso: diciembre-enero y abril-mayo, durante 25 horas semanales.

Hasta aquí todo parecía bonito, incluso casi un chollo, pero no es así. En la convocatoria explican que les pagan al final de cada periodo, no obstante, el primer periodo concluyó en enero y les pagaron el 30 de abril. Esto ha provocado mucha tensión e indignación por parte de estos becarios-encuestadores que han puesto a disposición de la Universidad de Sevilla muchas horas de su actividad universitaria y que no han sido repuestas con la misma confianza.

J. nos argumenta que hay que tener en cuenta que esta beca de formación es realmente un “empleo encubierto para no pagar un salario mínimo”, ya que están realizando un trabajo como otro cualquiera. Echando cuentas considera que trabajan por menos de 4 euros la hora, es decir, es una remuneración precaria. Según ha podido contrastar con una antigua becaria-encuestadora, el año pasado las becas eran casi el doble.

J.P  cuenta que por un lado ha sido una experiencia positiva en el sentido de que ha conocido a gente nueva, ha desarrollado habilidades comunicativas, aprendido a desenvolverse en diferentes situaciones, etc.  Considera que el dinero que ha ganado no es mucho pero es un pequeño respiro para su situación de vida. Sin embargo, reconoce que no le ha gustado para nada el hecho de tener que interrumpir las clases de docentes constantemente para pasar las encuestas, los retrasos en los pagos, etc,  ya que ha tenido que “mendigar” a sus padres dinero para poder pagar el autobús e ir a trabajar, y han tenido que soportar el incumplimiento de la convocatoria cuando les obligaron a pasar un nuevo modelo de encuesta que no era sobre evaluación de calidad docente, sino para evaluar el grado.

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Fuente: J.P.

Piensa que es necesario evaluar la actuación docente para mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje del aula universitaria, pero no está muy de acuerdo con las formas con la que Universidad de Sevilla y Centro Andaluz de Prospectiva han actuado con el instrumento. Cree que los resultados son completamente objetivos y se basan en la percepción del alumnado sobre su profesorado, ya que el instrumento -la encuesta-, consta de un número de ítems y es cerrada, no tiene en cuenta el contexto de cada titulación, de cada facultad, de cada asignatura, etc. En resumen afirma que es necesario evaluar la docencia, pero no (solo) de manera cuantitativa, sino cualitativa. Tiene entendido que su función es recompensar o perjudicar en función del resultado al docente con horas de investigación o de docencia.

Supuestamente recompensan si los resultados son buenos y sancionan si los resultados son malos. Con menos horas de docencia y más de investigación a docentes con mejor puntuación y viceversa. Los resultados no van orientados a mejorar la docencia, sino a recompensar la buena docencia.

“Tal y como están planteadas estas encuestas, hacer públicos estos resultados sería más perjudicial para el docente peor evaluado y beneficioso para el mejor puntuado, ya que el alumnado iría predispuesto a las clases sabiendo qué nota le han dado a los docentes”. Piensa que esto podría provocar que estos se esforzaran más por mejorar sus clases. Creo que para que los resultados fueran públicos, debería modificarse la propia evaluación y su intencionalidad. Una evaluación cualitativa para mejorar la docencia y no una evaluación cuantitativa para premiar a unos y castigar a otros.”

Lo que está claro es que si tras tanto trabajo precario y desorganizado los resultados no son directamente públicos y solo los puede ver el profesor en cuestión, no va a tener ningún resultado positivo en los propios encuestados ni en los propios encuestadores que invierten su tiempo en ello.

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